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lunes, 14 de noviembre de 2016

Una leyenda del bajo canadá: “La chasse-galerie

Una chasse sería algo así como la versión quebecense de la santa compaña, y es una invención del diablo (sí, otra vez él!) Era una especie de canoa voladora que permitía a sus ocupantes ir al lugar de su elección salvando todos los obstáculos posibles. Por supuesto, los ocupantes debían vender su alma al diablo para usarlo.

Un día de Nochevieja, los leñadores de un campamento maderero del Gran norte, se mueren de aburrimiento, unos añoran su familia, otros su novia…
Hay que decir que aquellos tiempos los leñadores partían a los campamentos en cuanto llegaba el otoño, antes de las primeras heladas, ya te tenían que remontar los ríos en canoa. Y, como era el único medio de transporte, no podían regresar antes del deshielo primaveral.
¡No debe sorprer que los leñadores encontrasen sus noches largas y aburridas!. Cuando llegaba la Navidad, a menudo era insoportable. Estos pobres hombres solían entretenerse gracias a sus talentos de músicos, cantantes o improvisando juegos. Pero llegado este momento del año, el aburrido llegaba a su apogeo.
Bueno pues, esta Nochevieja, el cocinero del campamento, después de haber escuchado las quejas de los hombres, les sugirió llevarlos a su aldea para bailar y divertirse … “Sólo tenemos que ir en Chasse-galerie”, les dijo.
Al principio los leñadores se mostraron indignados: “¡Está prohibido! ¡Es mágia negra! ¡No tenemos derecho !…».
Sin embargo, el “cocinero” se muestra convincente: “Hay, por supuesto, condiciones: nada de juramentos, nada de bebidas, no llevar ningúbn símbolo religioso (medallas, cruces, escapularios…), evitar tocar la cruz de los campanarios de las iglesias y regresar antes del amanecer.” Fácil se dicen, después de todo, somos hombre y no niños. Para ir a ver a su “novia”, a besar a su esposa y sus hijos una noche de Nochevieja, estaban dispuestos a cualquier cosa.
Por lo tanto, se instalan en una canoa con el cocinero como una guía. Pronunciaron la fórmula mágica: “Acabri, Acabra, Acabragne, canoa volador, haznos viajar poe encima de las montañas”.
Viajaron a la velocidad del rayo, pasando más allá de las montañas, saltando por encima de las aldeas, los bosques, los ríos. Pronto comenzaron a ver el claro, y a continuación, las pequeñas luces en su aldea. En menos que nada llegaron a la casa del tendero, donde se celebraba el rebellón de Nochevieja.

La noche pasó demasiado rápido. La gente se divirtió, bailó, se tocó el violín… Sin embargo, recordando las condiciones de su viaje y antes del amanecer, volvieron a su canoa en silencio, y después de pronunciar la fórmula mágica, volvieron a tomar vuelo hacia su campamento.
Todos habían sido prudentes salvo… el cocinero, que sin hacerse mucho de rogar, se pegó un pelotazo de orujo, y otro, y otro y… Los hombres tuvieron que atarlo al fondo de la canoa, ya que amenazaba con tirase por la borda: estaba más borracho que una cuba. Pero ninguno de ellos habían pilotado un Chasse-galerie. La canoa vuela zig-agueando a toda velocidad. Y llega lo que tenía que suceder: la conoa choca de lleno contra contra un gran abeto y los hombres salen disparados en todas la direcciones.
Afortunadamente, la nieve suavizó la caída y quitando algunos rasguños, todos salieron ilesos del accidente. No estaban muy lejos del campamento, e hizieron el resto del recorrido a pie. Pero con el frío del invierno, finalmente llegaron al campamento en un estado lamentable. Juraron no volverse a meter en tales.
Y es problamente verdad porque es raro oir decir a alguien que vió pasar una canoa voladora por el cielo.