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lunes, 27 de octubre de 2014

Famas, esperanzas, cronopios e instrucciones para entender los tipos humanos en las historias de Julio Cortázar


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Famas, esperanzas, cronopios e instrucciones para entender los tipos humanos en las historias de Julio CortázarFamas, esperanzas, cronopios e instrucciones para entender los tipos humanos en las historias de Julio Cortázar

por : Ricardo Abdahllah

"Historias de cronopios y de famas" es uno de los más conocidos, extraños y admirados libros de Julio Cortázar y, aunque es en realidad bastante simple, tiene el mérito inmenso de condensar y casi explicar (por eso su simpleza, su transparencia) los elementos fundamentales de buena parte de la obra cortazariana, o al menos del primer Cortázar, el de las novelas y los cuentos hasta el libro "Todos los fuegos el fuego" antes de que, en sus propias palabras "el tema fantástico, por lo fantástico mismo, dejó de interesarme en la medida en que antes me absorbía" algo que, bien lo saben los que lo han leído, nunca logró del todo.

En "Cronopios y famas", que podría verse como un "Instrucciones para entender a Cortázar" o mejor "Instrucciones para entender los tipos humanos en las historias de Julio Cortázar", el autor plantea una división excluyente de los tipos humanos, ese carácter de excluyente hace que los personajes sean más bien inhumanos, pues así como en rigor no hay hombres tacaños, pacíficos o temperamentales, sino que cada persona tiende a reaccionar de cierta manera bajo ciertas circunstancias y de la manera opuesta en otras o en las mismas al pasar el tiempo , tampoco hay personas totalmente "cronopios", "famas" o "esperanzas", sino personas que en cierta etapa de su vida tienen más desarrollado un aspecto que el otro.

Por una vez Cortázar presenta personajes planos e inmutables como lo hacía Balzac y de cierta manera casi todos los novelistas anteriores a Proust ; pero aún en el resto de su obra, incluso en historias con personajes muy elaborados como El perseguidor y Rayuela, mantiene la relevancia de su clasificación y casi siempre establece los contrastes entre sus personajes y las actuaciones de los mismos a partir de su cercanía al cronopio, fama o esperanza en estado puro.

Los estudiosos de la literatura (esos famas eternos) han tratado de buscarle una definición exacta a los tres conceptos cortazarianos y han arriesgado cosas como "los cronopios son seres que buscan la alegría" , pero cualquier lector puede elaborar su propia definición y concepto nada más leyendo el libro. Si me preguntan, diría que los cronopios son seres alocados, imprevisibles, desordenados, bellos y vagabundos ; los famas, cuadriculados, racionales, estables y sicorrígidos y las esperanzas gente del común, de la que no se nota y uno tiende a olvidar haber conocido (pero insisto, la mejor manera de acercarse a la definición es leer el libro). Los famas desesperan a cualquiera, pero aún así Cortázar parece preferirlos a los esperanzas que no marcan la vida (el autor los comprende, pero les presta tan poca importancia que ni siquiera los incluye en el título del libro). En el capítulo que da título al libro "Historias de cronopios y de famas" o se es fama o cronopio o esperanza y esta categorización excluyente se extiende a las demás secciones; la absurda familia de la calle Humboldt que desordena una compañía de correos al regalar globos a los clientes o emprende la inútil tarea de recuperar un cabello caído por el desagüe, es una familia de cronopios. De hecho este cuento ("Pérdida y recuperación del pelo") podría encerrar una sentencia fundamental, una consigna que atraviesa toda la obra de Cortázar "luchar contra el pragmatismo y la horrible tendencia a la consecución de fines útiles" .

Porque en el resto de la obra de Cortázar tiende siempre a aparecer ese hacer o vivir en el absurdo por puro gusto, esa lucha entre el lado cronopio y el lado fama del ser humano y es precisamente la pugna entre estas dos fuerzas (tres, si contamos el lado esperanza), bien sea entre un ser y el mundo o dentro de sí mismo, da profundidad a las tramas y personajes. Si hubiera que trazar una línea general sobre la obra narrativa de Cortázar (que sería una línea forzada y con muchas excepciones) habría que decir que Cortázar cuenta la historia de la lucha humana entre la rutina plana y abrumadora (lado esperanza) la neurosis ( lado fama) y el mundo de los sueños, el juego y la felicidad (lado cronopio) que también podría ser el lado de la locura, la errancia y la derrota melancólica.

Como se ha dicho, de este motivo fundamental se desprende buena parte de la obra de Cortázar y son las circunstancias y resultados de la lucha los que marcan las variaciones entre las mismas. Así, en Rayuela, Horacio Oliveira, fama por definición, intolerante y apenas tolerado por sus amigos, aparece contrastado por la encantadora Maga, una cronopio pura del que Horacio, su amante, se avergüenza precisamente por ese lado natural e ilógico que adoran el resto de sus amigos. En París, Oliveira perderá a la Maga pero descubrirá su lado cronopio en la vagabundeadera por los cafés, burdeles y decadentes salas de conciertos y ese lado explotará al final, ya en Buenos Aires, cuando Oliveira acometa el "oficio inútil" de acomodar alambres y platones en un manicomio. Esa inicio de locura será la redención de Oliveira que termina siendo un cronopio y así gana (en el último episodio) la mirada tierna del lector que lo ha detestado por cuatrocientas páginas. La misma estructura él-fama, ella-cronopio se repite en las dos parejas de Todos los fuegos el fuego. Las mujeres famas son en cambio parecen no existir o no notarse mucho.

Otros personajes comparten el destino de cronopio errante por París (marcado como cronopio precisamente por sus paseos sin sentido), el fotógrafo Michel de "Las babas del diablo", uno de los mejores cuentos de Cortázar, que termina, como Oliveira, escapándose al encerrarse ; y el narrador de "El otro cielo" que al final vuelve a ser esperanza y lo acepta (¿cómo más ?) con resignación y nostalgia. Al ingeniero del Peugeot 404 y la chica del Dauphine, esperanzas venidos a cronopio por el monumental trancón de "La autopista del sur" se los traga la realidad y así comparten la derrota, porque nada hace más daño aun cronopio que lo real, práctico y urgente, como no detener el tráfico en una autopista recién abierta.

Cronopios frustrados son los protagonistas de "Final del juego" (dejar de ser cronopio es precisamente dejar de jugar), el amante de Dg en "Estación de la mano" (la duda en la inocencia de su amante mano echa por tierra la fantasía), la narradora de "Lejana", presa también por siempre al cumplir su fantasía y por supuesto, Johnny Carter de "El perseguidor", el cronopio derrotado por excelencia que ante la imposibilidad de sobrevivir en tierra de esperanzas reacciona dejándose morir. En el otro extremo está el que, a pesar de ser bastante inseguro y apocado termina siendo quizás es el único cronopio realmente triunfador en toda la obra de Cortázar, Marini, el steward de "La isla a mediodía" que no sólo se salva al irse a vivir a la isla de Xiros sino que tiene el gusto de ver su mundo anterior, el avión donde trabajaba, hundirse en el océano con todos los esperanzas que lo habitan.

La lucha del cronopio por existir y liberarse es recurrente, pero ocurre también lo contrario, un ser normal (o real) que por alguna razón se ve enfrentado a un mundo de cronopios donde la irrealidad, al ser propiedad de la masa y no del individuo, se vuelve maligna. Y destructiva, como ocurre en "Las ménades" e "Instrucciones para John Howell" ( a la larga dos versiones de un mismo cuento) donde los protagonistas, caminando por ahí como hacen los personajes cortazarianos, terminan metidos en situaciones absurdas donde su irrupción es castigada en principio con la discriminación y luego con la agresión. John Howell logra escapar y parece que su huida ha sido definitiva, el personaje de "Las ménades", en cambio es probablemente devorado. En "El ídolo de las Cícladas", la irrupción del absurdo lleva al fama Morand al asesinato. "Cefalea" escapa a posibles explicaciones, podría ser algo así como el morboso y destructivo choque entre varios famas y cronopios de distintos subtipos encerrados en un escenario diseñado por todos ellos al tiempo para demostrar capacidad de supervivencia.

Los esperanzas, en cambio, corren mejor suerte al lidiar con mundos de cronopios, pues son resignados, no dan la pelea y por eso pierden sin ser lastimados como les pasa a los ancianos de "Casa tomada". La irrealidad invadió la casa, ahora tienen que irse. Y eso hacen. Imaginamos que se van con la cabeza baja que hace que muchos esperanzas desarrollen algo de joroba cuando llegan a viejos.

Cortázar en cambio, con lo alto que era, nunca sacó joroba. Quizás por eso todo mundo lleva veinte años que Cortázar era un cronopio. Yo no sé, creo que si hubiera sido tan simple, tan unidimensional como un cronopio puro no hubiera sabido tanto sobre famas y esperanzas (y sobre los mezclados que somos todos) como para escribir de la forma en que escribió.

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