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sábado, 25 de octubre de 2014

El hombre lobo que reinventó la imaginación de Boris Vian

El hombre lobo que reinventó la imaginación de Boris Vian

por: David González Torres
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El lobo se llamaba Denis. Vivía en el bosque de los Falsos Sosiegos. Carente de ferocidad, manso y vegetariano, de pelaje negro y grandes ojos rojos, tenía la costumbre ingenua de observar a los impacientes enamorados que se internaban en la espesura del bosque.
Un día, en una de estas incursiones, el mago del Siam (siam es un juego de nueve bolos y no un país asiático) muerde a Denis mientras el mago intentaba seducir a la joven Lisette. El lobo, tras la mordedura, comienza a sufrir una extraña fatiga, hasta que la metamorfosis le convierte en un ser humano.
Así comienza el relato “El lobo- hombre”, del novelista dramaturgo y músico francés Boris Vian (1920 – 1959), quizás más conocido por sus superventas de novela negra, firmados bajo el seudónimo de Vernon Sullivan (“Escupiré sobre vuestra tumba”, por ejemplo) que por su obra cuentística.
En este cuento de “El lobo-hombre”, Vian rompe con la tradición literaria de la licantropía (personas que se transforman en lobos en noches de luna llena) y da un giro de tuerca al mito popular.
La historia de “El lobo-hombre” prosigue. Denis viaja mutado en hombre hacia un París oscuro y noctámbulo. Conoce y se acuesta con una prostituta, se enfrenta con sus proxenetas. Cansado de la ruindad de los hombres, angustiado por la inminencia de su retorno al cuerpo de lobo, se topa con un policía que le da el alto y le impide su regreso al bosque.
Ahí explota el significado que Vian le otorga al relato: el enfrentamiento de la ingenuidad con la autoridad, lucha que devine en un final abierto: Denis, de nuevo en su condición de lobo, siente la cólera, la inquietud de lo que se presume es un sentimiento de venganza del animal contra la maldad del hombre.
El relato de Vian está así construido bajo el ejercicio literario de la inversión (tomar un supuesto conocido e invertirlo, como el cazador cazado, por ejemplo). La técnica propulsa la imaginación y recrea el mismo acontecimiento desde otros puntos de vista.
No en vano, Boris Vian participó en aquella corriente post-surrealista de finales de los años 40, la escuela de la Patafísica, donde un grupo de escritores y artistas formaban parte de un meritorio clan que promulgaba la imaginación, el juego y la transgresión en lo narrativo, como contrapunto a los cánones y el formalismo literario de la Escuela de París.
El propio Vian se erigía como presidente de una de las subcomisiones del Colegio patafísico parisino, con el insigne cargo de presidente de la Subcomisión de las Soluciones Imaginarias..
Vian, por aquellos años, frecuentaba la élite de intelectuales existencialistas liderada por Albert Camus o Jean Paul Sartre en los cafés del barrio parisino de Saint German. Allí también se topó con genios jazzísticos de la época, como Duke Ellington, Miles Davis o Charlie Parker, “jazzmen” que influyeron mucho en su música.
Sin embargo, su vertiente literaria y el hecho de que su novia le abandonara por Sartre fueron excusas que también le condujeron por caminos más cercanos al surrealismo que al existencialismo.
“El lobo-hombre”, es buen ejemplo de ello. La figura del doble aparece y reaparece siempre en la obra de Vian, como un motivo narrativo (esta vez inverso) que emerge en el subtexto: lobo e ingenuidad; hombre y maldad.
Quizás sea grato recordar las revisiones que la licantropía ha tenido, y no sólo en la cinematografía, sino también en la literatura. Una de ellas, tal vez la más imaginativa, fuera la que Boris Vian trazó en la década de los años 50, con Denis como protagonista (y antagonista), sintiendo así, en los párrafos finales de “El lobo-hombre”, las secuelas de un sentimiento de venganza previo al plenilunio.

El hombre lobo que reinventó la imaginación de Boris Vian | aviondepapel.tv

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miércoles, 22 de octubre de 2014

Antonio Skármeta gana el Premio Nacional de Literatura 2014

Antonio Skármeta gana el Premio Nacional de Literatura 2014

El autor de "Ardiente paciencia", favorito en las horas previas a la entrega del galardón, fue escogido por la mayoría del jurado, en fallo anunciado esta tarde.

SANTIAGO.- Parecía ser el favorito en las horas previas, y esta tarde ratificó esa condición: El escritor Antonio Skármeta fue anunciado hoy como nuevo Premio Nacional de Literatura, tras casi 50 años de exitosa trayectoria editorial.

Su nombre fue anunciado esta tarde por el ministro de Educación, Nicolás Eyzaguirre, tras la reunión mantenida junto a los otros cuatro integrantes del jurado que preside. Según circuló en las horas previas, entre los nombres que el triunfo de Skármeta habría dejado en el camino, estarían Pedro Lemebel, Germán Marín, Jorge Guzmán y Poli Délano.

Sin embargo, no fue ninguno de ellos el que terminaría por alargar la discusión, de acuerdo con lo señalado por el Premio Nacional 2012 e integrante del jurado, Óscar Hahn. El poeta planteó la voz disidente y reconoció que "propuse a Diamela Eltit" pese a que no estaba entre las postulantes, en protesta por la nula representación femenina, tanto entre los candidatos como en la composición del jurado.

Finalmente, Skármeta resultó electo por cuatro votos a favor y una abstención, y el mismo Hahn se plegó al reconocimiento de los méritos del ganador. "Este autor se caracteriza no sólo por sus obras narrativas, sino que también por cómo llegar a otros medios", dijo el escritor, aludiendo a su cercanía con el cine y otras esferas culturales.

El ganador inició su recorrido editorial en 1967 con el volumen de cuentos "El entusiasmo". En ese género seguiría explorando en sus siguientes publicaciones, y de la mano del mismo conocería también sus primeros éxitos: En 1968 los relatos de "Desnudo en el tejado" le reportaron tempranamente su primer premio de relevancia, el Casa de las Américas.

A la par de su recorrido literario, Skármeta desarrollaría una trayectoria política. Durante los años de la Unidad Popular militó en el Mapu, por lo que tras el Golpe de Estado salió hacia Argentina en 1973, para luego radicarse definitivamente en Alemania Occidental.

Allí escribiría su primera novela, "Soñé que la nieve ardía", en 1975, diez años antes del que sería su mayor éxito a la fecha: "Ardiente paciencia". La novela se centra en la relación entre el poeta Pablo Neruda y un cartero, y su suceso se construyó progresivamente, incluso hasta el presente. Primero, con la cinta homónima que Roberto Parada dirigió en 1982; luego, con "Il postino", película italiana de 1994 que se expandió por los cines del mundo; y finalmente con la ópera del mismo nombre, estrenada en 2010 en Los Angeles, y que en 2012 pasó por Chile, protagonizada por Plácido Domingo.

La historia del cartero no sería la única de Skármeta que llegaría al cine: Su obra teatral "El Plebiscito" fue tomada en 2012 por Pablo Larraín para realizar la cinta "No", hasta hoy única producción chilena que ha sido nominada a los Premios Oscar.

Años más tarde, en 2011, volvería a situarse en 1988 y el Plebiscito que derrotó a Pinochet en la novela "Los días del arcoiris", ganadora del prestigioso Premio Planeta, que antes había ganado en 2003 con "El baile de la victoria", otra de sus obras más exitosas y que también fue llevada al cine por el director español Fernando Trueba.

Por fuera de la literatura, Skármeta se desempeñó como difusor de la literatura en televisión, con espacios como "Libro abierto" en los años sesenta, y a partir de 1992 con el recordado "El show de los libros" (TVN).

En el plano político, se desempeñó como embajador en Alemania del gobierno de Ricardo Lagos entre los años 2000 y 2003.http://www.emol.com/noticias/magazine/2014/08/22/676486/premio-nacional-de-literatura.html
Emol
Viernes, 22 de Agosto de 2014, 18:24
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Antonio Skármeta gana el Premio Nacional de Literatura 2014

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