sábado, 11 de septiembre de 2021

Los ladrones y el asno - Ciudad Seva -

 


[Minicuento - Texto completo.]

Jean de La Fontaine

Por un borrico robado dos ladrones se batían; uno deseaba guardarle, otro venderle quería. Mientras sendos puñetazos se cruzan y multiplican, y que los dos combatientes solo de vencer se cuidan, un tercer ladrón se acerca, toma el jumento, y desfila. En ocasiones el asno es una pobre provincia; son príncipes, los ladrones, de Transilvania o Turquía, tal vez húngaros (se ofrecen tres y no dos a mi vista, porque siempre fue abundante esta mala mercancía), las más veces de ninguno es la robada provincia; llega otro ladrón, y entre ellos restablece la armonía, para sí guardando el burro por derecho de conquista.

FIN


https://ciudadseva.com/texto/los-ladrones-y-el-asno/

Los ladrones y el asno. Fábulas de La Fontaine

 


Fábulas con moraleja y cuentos infantiles

Guiainfantil.com

Con las fábulas de La Fontaine podrás encontrar relatos para educar a los niños en valores. En estos populares cuentos cortos los niños encontrarán valiosas lecciones sobre la honestidad o la solidaridad.

Los cuentos infantiles contribuyen a desarrollar la imaginación y la creatividad de tus hijos Con las fábulas los niños descubrirán las moralejas, pequeñas lecciones muy interesantes en forma de divertidas historias.

Los ladrones y el asno. Fábula para niños

Fábula de La Fontaine. Los ladrones y la comadreja.

Dos hombres que habían robado un asno, no se ponían de acuerdo en el destino que querían darle al animal. Uno quería venderlo de inmediato para disfrutar del dinero y el otro quería usarlo para cargar la mercadería que robarían con posterioridad.

No llegaban a un acuerdo, la discusión cada vez se tornaba mas violenta, hasta que en un determinado momento llegaron a los golpes. Mientras ambos rodaban por el suelo en plena lucha, paso por el lugar un tercer ladrón, que por curiosidad se acerco a escuchar la discusión y ver la escena.

A éste se le ocurrió, que podía sacar partido de la situación, aprovechando que los otros dos ladrones, no se daban cuenta que sucedía a su alrededor, por estar absortos en la pelea, se apoderó del burro y escapó del lugar.

Moraleja: Has de saber que los bienes, mal habidos de la misma manera son perdidos.

https://www.guiainfantil.com/articulos/ocio/cuentos-infantiles/los-ladrones-y-el-asno-fabulas-de-la-fontaine/

Pintando música (el concierto de Kandinsky)

 


El programa del concierto de Schönberg, el 2 de enero de 1911 en Munich
El programa del concierto de Schönberg, el 2 de enero de 1911 en Munich. 
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El 2 de enero de 1911, un grupito de pintores pertenecientes al movimiento expresionista Der Blaue Reiter (El jinete azul) asistió a un concierto de cámara en el Hotel Vier Jahreszeiten de Munich. Los nombres de estos artistas eran Vassily Kandinsky, su compañera Gabriele MünterFranz MarcAlexey von Jawlensky y su novia Marianne von Werefkin. El programa del concierto estaba formado por varias piezas de Arnold Schönberg, el no va más en modernidad en ese momento (y es que los miembros de Der Blaue Reiter eran muy pero que muy trendy).

De todos ellos, el que salió más impactado fue Kandinsky. Llevaba ya algún tiempo tonteando con la abstracción, pero no acababa de lanzarse a la piscina. Su objetivo era que las líneas y los colores se liberasen para siempre de la tiranía del arte figurativo, que tuviesen un significado simbólico propio, sin necesidad de que representasen nada tangible.

Vassily Kandinsky, Cosacos (1910-1911), Tate Modern, Londres
Vassily KandinskyCosacos (1910-1911), Tate Modern, Londres
El lienzo Cosacos, pintado en esta época, puede parecernos abstracto a primera vista, pero en realidad todos sus elementos son reconocibles. Generalmente, los títulos de los cuadros de Kandinsky son un buen punto de partida para empezar a descifrarlos. En este caso, lo primero que tenemos que hacer es buscar a esos cosacos. ¿Los veis? Están en la parte derecha del cuadro. Aunque son bastante esquemáticos, podemos distinguir sus sombreros naranjas, y sus manos y rostros de color amarillo. Dos de ellos sostienen unas lanzas enormes de color negro y el tercero se apoya en un sable malva. Están de pie frente a una colina bordeada de azul. En su cima, vemos una fortaleza o ciudad amurallada de color blanco, con una puerta enorme en forma de arco. Está siendo sobrevolada por una bandada de pájaros, iguales que los que pintábamos de pequeños en el colegio. A la izquierda del lienzo hay otra montaña, con un borde negro más abrupto y dos rectángulos azulados. Son los cañones enemigos que están disparando (las rayitas que salen de ellos nos indican la dirección del disparo). El cañón de arriba ha dejado una llamarada roja en el cielo. Entre las dos montañas, podemos ver el sol, asomándose o escondiéndose, y el arcoiris. Posiblemente, lo más dificil de distinguir sean los dos cosacos que están luchando a caballo en la parte superior del cuadro, justo encima del arcoiris. Los dos caballos que montan, de color blanco, están encabritados y entrecruzan sus patas delanteras en el aire (las patas traseras y las colas son unas simples líneas paralelas). Los cosacos, con los sombreros naranja que ya conocemos, blanden sus sables color lila uno contra el otro.

Es una obra de un dinamismo agotador. La disposición de las líneas y los colores hace que nuestros ojos pasen constantemente de unos elementos a otros, sin dejarnos descansar en ninguno. Esto se consigue en parte, evitando utilizar líneas horizontales y verticales. La sensación de caos de la batalla está plenamente conseguida.
 
Y ahora que ya sabemos cómo leer los cuadros de Kandinsky, sigamos con la historia del concierto...

Arnold Schönberg, Autorretrato azul (1911), Arnold Schönberg Center, Viena
Arnold SchönbergAutorretrato azul (1911), Arnold Schönberg Center, Viena
Para Kandinsky, el concierto de Schönberg fue una auténtica revelación. La música atonal de Schönberg se alejaba de la armonía y las formas tradicionales de la música clásica. Kandinsky se dio cuenta de que ambos estaban recorriendo el mismo camino hacia la abstracción, cada uno en su campo respectivo. Emocionado por haber encontrado un alma gemela, se puso inmediatamente en contacto con el compositor (que además de componer, también pintaba). En la primera de las muchas cartas que intercambiaron a lo largo de su vida, Kandinsky le decía:
"Ha conseguido con su trabajo lo que llevo buscando desde hace tiempo en la música. La autosuficiencia de la música para seguir su propio camino, la vida independiente de las voces individuales. Es exactamente lo que yo estoy intentando hacer con la pintura."
Kandinsky (izda) y Schönberg (dcha) con sus respectivas, Nina y Gertrud, en 1927
Kandinsky (izda) y Schönberg (dcha) con sus respectivas, Nina y Gertrud, en 1927
La música de Schönberg le sirvió de inspiración para un famoso cuadro titulado Impresión III (Concierto), que empezó a esbozar a los pocos días de asistir a la famosa representación. Se conservan dos bocetos previos, el primero mucho más figurativo que el segundo, que nos permiten ver el proceso que seguía Kandinsky para simplificar los elementos de la escena. En ambos casos, la figura central es el piano y la mujer que lo tocaba en el concierto, Etta Wendorff.

Vassily Kandinsky, 1º boceto para Impresión III (Concierto) (1911), Centro Pompidou, París
Vassily Kandinsky, 1º boceto para Impresión III (Concierto) (1911), Centro Pompidou, París
Vassily Kandinsky, 2º boceto para Impresión III (Concierto) (1911), Centro Pompidou, París
Vassily Kandinsky, 2º boceto para Impresión III (Concierto) (1911), Centro Pompidou, París
En el segundo boceto, muy próximo al lienzo definitivo, Kandinsky ha anotado algunos de los colores que tendrá la pintura: Schw[arz] (negro, sobre la tapa del piano), W[eiß] (blanco, para dos grandes columnas que atraviesan el lienzo de arriba abajo) y Gelb (amarillo, para representar la música). El piano y la intérprete se distinguen bastante bien. Alrededor podemos ver las cabecitas del público, que se han convertido en pequeños arcos convexos. En la parte superior, dos lámparas (en la versión final solo será visible la de la izquierda).

Vassily Kandinsky, Impresión III (Concierto) (1911), Städtische Galerie im Lenbachhaus, Munich
Vassily KandinskyImpresión III (Concierto) (1911), Städtische Galerie im Lenbachhaus, Munich
Aquí tenéis el resultado final. La música amarilla lo inunda todo y rodea al público, que se inclina extasiado hacia el piano. En realidad, la velada no fue tan idílica, puesto que parte del público protestó airadamente ante la incomprensible música de Schönberg. El piano se ha convertido en un manchurrón negro y la intérprete, en una forma azul pálido inclinada sobre el instrumento. ¿A qué ahora ya no parece tan abstracto?
"El color es un medio que ejerce una influencia directa sobre el alma. El color es el teclado. Los ojos son los martillos. El alma es el piano, con sus muchas cuerdas. La mano del artista toca una tecla detrás de otra para causar vibraciones en el alma." (Vassily Kandinsky, De lo espiritual en el arte, 1911)
Y por supuesto acabamos con la banda sonora. En este vídeo de YouTube, tenéis las Tres piezas para piano opus 11 de Schönberg que inspiraron el cuadro de Kandinsky, interpretadas por Di Wu (os dejo también enlaces por si alguien prefiere escuchar la versión de Glenn Gould en Spotify).


Glenn Gould – Drei Klavierstücke Op. 11: I. Mässig
Glenn Gould – Drei Klavierstücke Op. 11: II. Mässige
Glenn Gould – Drei Klavierstücke Op. 11: III. Bewegt

Arnold Schönberg, primer borrador de Tres piezas para piano, op.11 nº3 (1909)
Arnold Schönberg, primer borrador de Tres piezas para piano, op.11 nº3 (1909)

https://www.harteconhache.com/2014/03/pintando-musica.html

Boronali, pintor excesivista y burro en sus horas libres

 


El burro Lolo, alias Joachim-Raphaël Boronali, pintor excesivista
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Os presento a Joachim-Raphaël Boronali, pintor futurista genovés, impulsor y único representante del Excesivismo, un breve y polémico movimiento artístico de vanguardia que se desarrolló en París durante 1910. ¿Qué cara se os ha quedado? Supongo que parecida a la que se les quedó a los franceses en aquella época.

Pero empecemos la historia por el principio, en uno de los cabarets más antiguos de Montmartre, situado en el número 22 de la Rue des Saules: Au Lapin Agile. La historia del nombre de este cabaret no deja de ser curiosa. Hacia 1880, el propietario del Cabaret des Assassins, que así era como se llamaba entonces, le encargó al caricaturista André Gill un emblema para la fachada de su local. El artista pintó un divertido conejo escapandose de una cazuela. La imagen era tan llamativa que la gente empezó a llamar al cabaret Le Lapin à Gill (el conejo de Gill), que con el tiempo derivaría en Le Lapin Agile (el conejo ágil).

Copia del conejo de André Gill
(el auténtico se conserva en el Museo de Montmartre)
Le Lapin Agile hacia 1872. En esos años, se llamaba À ma campagne
y era propiedad de Adèle, una antigua bailarina de cancan

A principios del siglo XX, el cabaret pasó a manos de una pintoresca pareja: Berthe Sébource y Frédéric Gerard, a quien todos llamaban le père Frédé. Este personaje, que calzaba zuecos y lucía una larguísima barba blanca, no tenía problemas en dar de comer y beber a los artistas indigentes a cambio de poemas, canciones, dibujos o cuadros. Eso sí, los clientes del local tenían que compartir espacio con las numerosas mascotas de Frédé: el mono Théodule, la cabra Blanchette, una corneja amaestrada, un perro y varios ratones blancos. Pero sin duda, el más querido por todos era Lolo, un delicioso burro con el que Frédé se había ganado la vida como vendedor ambulante algunos años antes. Toda esta fauna se codeaba los mejores artistas y escritores de la época como Guillaume ApollinaireMax JacobAmedeo ModiglianiGeorges BraqueAndré DerainMaurice Utrillo o Pablo Picasso.

Le Père Frédé con su burro Lolo

Frédé logró convertir este antro en un cabaret artístico de primer orden. En sus mugrientas paredes, colgaban obras de arte por las que entonces nadie daba ni dos francos y que ahora ocupan lugares privilegiados en las paredes de grandes museos. El propio Picasso colaboró con dos obras. La primera de ellas, La femme à la corneille, es un retrato de Margot Luc, la hija de Berthe (que luego se casaría con el escritor Pierre Mac Orlan), una figura estilizada que acaricia con ternura a la corneja adiestrada de Frédé. La pintura está a medio camino entre la época azul y la época rosa de Picasso.

Pablo PicassoLa femme à la corneille (retrato de Marguerite Luc, 1904), Toledo Museum of Art, Ohio

La segunda de estas obras, Au Lapin Agile, es un autorretrato del propio Picasso vestido de arlequín en el interior del cabaret. Al fondo podemos ver a Frédé cantando y tocando la guitarra (una de sus aficiones, aunque parece ser que no se le daba demasiado bien). La joven que está junto a Picasso es su amante de aquel momento, Germaine Pichot, la mujer por la que se había suicidado su amigo Carlos Casagemas cuatro años antes, y que Picasso no tuvo reparos en llevarse a la cama pasado un prudencial periodo de luto. Este cuadro, que Picasso le cedió a Frédé a cambio de comida y bebida, se vendió en 1989 en Sotheby's por la friolera de 40,7 millones de dólares (en ese momento, ya no pertenecía al Lapin Agile; Frédé se lo había vendido en 1914 a un coleccionista americano por unos 20 dólares).

Pablo PicassoAu Lapin Agile (1905), Metropolitan Museum of Art, Nueva York
El interior del Lapin Agile durante esos años, con Frédé tocando la guitarra

Pero vayamos al grano. En 1910, uno de los habituales del local, el escritor Roland Dorgelès, ayudado por unos compinches, decidió dejar al mundo del arte en evidencia. En pleno auge de las vanguardias, se inventó un nuevo movimiento llamado Excesivismo y a un joven artista italiano, Joachim-Raphaël Boronali. Los conspiradores se reunieron en el Lapin Agile y pidieron a dos artistas que pasaban por allí que pintasen el fondo de un lienzo con colores vivos, al estilo de los pintores fauvistas. Acto seguido, ataron un pincel a la cola de Lolo, colocaron el cuadro en un taburete detrás de él y empezaron a hacerle monerías para que rematase la obra a base de coletazos. Todo se hizo en presencia de un notario, Paul-Henri Brionn, que levantó acta del proceso.

Lolo pintando su obra de arte mientras Frédé le da de comer. Al fondo, los conspiradores enmascarados.

Documento notarial certificando la autoría de Lolo.

Unos días después, se envió la obra de Lolo al Salón de los Independientes con el pomposo título Et le soleil s'endormit sur l'Adriatique (Y el sol se quedó dormido sobre el Adriático), acompañada de un manifiesto del Excesivismo redactado por el propio Dorgelès. Allí estuvo colgada durante quince días, junto a cuadros de Matisse y de Rousseau el Aduanero entre otros. Los críticos de arte, azuzados por los cómplices de Dorgelès, cayeron de lleno en la trampa y escribieron en los periódicos sobre este joven artista desconocido, alabándole o criticándole según el caso, e incluyendo fragmentos del manifiesto en sus artículos:
"L'excès en tout est un défaut, a dit un âne. Tout au contraire, nous proclamons que l'excès en tout est une force, la seule force." (El exceso en todo es un fracaso, dijo un asno. Todo lo contrario, proclamamos nosotros, el exceso en todo es una fuerza, la única fuerza.)
No podían ni imaginar que "Boronali" era el anagrama de "Aliboron", el nombre de uno de los personajes de una fábula de la Fontaine titulada Los ladrones y el asno, que venía a ser sinónimo de persona corta e ignorante.

J.R. Boronali, Et le soleil s'endormit sur l'Adriatique (1910), Espace Paul Bedú, Milly-la-Forêt

Varios días más tarde, Dorgelès se presentó en la redacción del periódico Le Matin con el documento notarial que certificaba que todo había sido una gran broma. Al día siguiente, se podía leer este titular en primera plana: "Un asno por jefe de escuela".

Le Lapin Agile hoy en día, uno de los edificios más deliciosos de Montmartre

En estos dos enlaces, podéis leer un artículo de la época que explica todo el asunto: hoja 1 y hoja 2. Y en este vídeo, ver al genial artista Lolo paseándose entre las mesas del Lapin Agile y a Frédé fumando su pipa:


Vídeo de Nickwallacesmith
https://www.harteconhache.com/2012/05/boronali-pintor-excesivista-y-burro-en.html

Historia: la estatua falsa del Museo del Louvre

El maestro Boronali, un asno como tantos