sábado, 4 de julio de 2026

Un paseo tras los pasos de Marguerite Duras en París, entre la revuelta anarquista y los lugares de transmisión.

 

Un paseo tras los pasos de Marguerite Duras en París, entre la revuelta anarquista y los lugares de transmisión.


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Publicado por Manon de Sortiraparis · Fotos de Manon de Sortiraparis · Actualizado el 9 de septiembre de 2025 a las 09:30
Descubre los lugares parisinos que moldearon la existencia íntima e intelectual de Marguerite Duras, desde su apartamento en la rue Saint-Benoît hasta la calle que ahora lleva su nombre.



Recorrer los pasos de Marguerite Duras en París es adentrarse en sus silenciosos aposentos, respirar las palabras de los intelectuales, toparse con una placa y encontrar su nombre en una calle de la orilla izquierda del Sena. París acogió a Marguerite Duras como depositaria de pasiones, ideales y nueva literatura.

Su apartamento en la rue Saint-Benoît fue escenario de conversaciones marcadas por ideas anarquistas y la rebeldía . La placa conmemorativa recuerda a los transeúntes que espíritus vibrantes habitaron estas paredes. Más allá, la mediateca que lleva su nombre, discreta pero esencial, la vincula a un futuro compartido con jóvenes lectores, mientras que la rue Marguerite-Duras preserva su inmortalidad en el trazado urbano de la orilla izquierda del Sena .

En cada etapa de este recorrido temático , reconocemos a una mujer orgullosa, herida y comprometida en busca de un lenguaje capaz de expresar lo inefable.

  • ¿Quién fue Marguerite Duras? 



Novelista, dramaturga y exploradora de lo íntimo, Marguerite Duras (1914-1996) es una figura clave del siglo XX . Su fama se consolidó con L'Amant , su libro publicado en 1984, que vendió millones de ejemplares y ganó el Premio Goncourt . Su escritura, una mezcla de autoficción, concisión poética e imágenes evocadoras, dio origen a un estilo singular y poderoso.


  • Tras los pasos de Marguerite Duras en París 

5 rue Saint-Benoît (distrito 6) . En 1943, Duras se mudó a este apartamento, donde vivió y trabajó hasta su muerte. El lugar se convirtió en escenario de una intensa vida intelectual; allí se reunía el «grupo de la rue Saint-Benoît », un círculo de pensadores y escritores comprometidos, entre ellos Jean Genet, Georges Bataille y Edgar Morin. En 2015 se colocó una placa conmemorativa en la fachada.

Calle Marguerite-Duras (distrito 13) . Inaugurada en 2003, esta calle cerca de los Grands Moulins, junto a la Biblioteca François-Mitterrand, ha dejado una huella imborrable en el legado de las mujeres parisinas . La calle Marguerite-Duras y la adyacente Place Robert-Antelme , que lleva el nombre de su esposo, reflejan el reconocimiento institucional de una pareja que constituye dos pilares de la historia literaria y política.

La médiathèque Marguerite Duras (20ᵉ arr.) . Ubicada en la rue de Bagnolet 115, esta mediateca municipal perpetúa el legado de Marguerite Duras a través del acceso a la cultura y la literatura. Más que un lugar de recuerdo, este centro cultural alberga una vasta colección musical, literaria y digital, y constituye un espacio que transmite su legado a las nuevas generaciones.

https://www.sortiraparis.com/en/what-to-visit-in-paris/history-heritage/articles/332396-thematic-tour-traces-marguerite-duras-paris

Leer y tejer: Un lugar para escribir en soledad

domingo, 24 de abril de 2016

Un lugar para escribir en soledad

Marguerite Duras en el antiguo granero de la casa

Hoy, 23 de abril, me dispongo a escribir de nuevo sobre  libros y escritores. Estos tres textos del mes de abril no responden a un plan trazado de antemano. Han sido los propios libros o artículos los que han ido asomándose, a veces tímidos, otras juguetones, reclamando su sitio en el blog. Y así ocurrió, hace unos meses, en la sala de cine Numax de mi ciudad, abierta desde poco más de un año. Un lugar no común, un regalo para los que vivimos aquí, con su librería incorporada. La selección de libros, en varias lenguas, tiene personalidad propia. Ofrece sorpresas.  En el pequeño mostrador, donde se compran las entradas, un libro me esperaba: Dos palabras, Marguerite Duras, Écrire , destacaban sobre la franja blanca superior del libro. Una foto de su mano de escritora sobre un texto escrito ocupaba la otra parte de la portada. Dos minutos después Écrire formaba parte de mi patrimonio. Pero olvidé ese libro, como nos ocurre alguna vez que alguien nos deslumbra un día, y casi al instante desaparece, para surgir de nuevo risueño cuando menos lo esperamos. Hace cuatro días, tratando de poner orden en la mesa de trabajo de mi habitación, donde no trabajo nunca, apareció Écrire debajo de un montoncito de libros. Lo abrí, ví que hablaba de una casa, una casa para escribir. El escritor y su espacio, la habitación propia de Virginia Wolf, es un tema recurrente, tratado también recientemente por Fernando Savater y Sara Torres, su añorada mujer (Aquí viven leones, Random House, 2015). Écrire  es el último libro publicado, en 1993 por Marguerite Duras, tres años antes de su muerte en 1996. Un conjunto de 5 relatos. Écrire, el primero, yo diría, su testamento literario, da el nombre al libro. En él están presentes la escritura, la soledad, su condición de mujer, su vida, el objeto de sus libros. Lo original del texto es que todo pasa en el marco de una casa: la casa de Neauphle-le-Château en Yvelines.

En 1958, Marguerite Duras vendió al cine los derechos de su libro Bagarre contre le Pacifique/Un dique contra el Pacifico (Tusquets, 2008). Con ese libro estuvo a punto de ganar el Goncourt. Lo obtendrá 30 años más tarde con L'Amant. Durante esos años vive en la casa de Neauphle, la que compró con el dinero de Bagarre. Neauphle-le Château, colgado de una colina, está situado a unos cuarenta kms. al oeste de París. Su encuentro con la casa fue un amor a primera vista, como ella misma cuenta: tan pronto franqueó le entrada y vio el jardín (ella dirá siempre le parc ) supo que la quería. No he leído nada de M.Duras que me haya gustado tanto como Écrire . Me temo que si se  lo cuento les privaré de su belleza. Por eso decidí seleccionar unos cuantos textos donde van apareciendo las tres palabras del título de este escrito: un lugar para escribir en soledad. Los he traducido del texto original de Écrire, (Collection Folio, Gallimard, 1996). Lo hice antes de saber que existe una publicación en español, la de Tusquets que cité antes pero no he podido disponer del libro. 


"Es en una casa donde se está solo. y no fuera de ella sino dentro de ella. En el jardín hay pájaros, gatos. Pero también alguna vez, una ardilla, un hurón. No se está solo en un jardín. Pero en la casa, estamos tan solos que nos hemos perdido alguna vez. Es ahora cuando se que me quedé en ella diez años. Sola. Y para escribir libros que me hicieron saber, a mí y a los demás, que era la escritora que soy. ¿Cómo ocurrió ? ¿Y cómo puedo decirlo? Lo que puedo decir es que la clase de soledad de Neauphle fue hecha para mí. Para mí. Y que es solamente en esta casa donde estoy sola. Para escribir. Para escribir no como había hecho hasta entonces. Sino escribir libros todavía desconocidos para mí, nunca antes decididos por mí y nunca decididos por nadie. Sino escribir libros aún desconocidos para mí y nunca decididos por nadie...Comprendí que era una persona sola con mi escritura, sola muy lejos de todo..." pg.13

"Esa soledad de los  primeros libros la conservé. La llevé conmigo. Mi escritura, la llevé siempre conmigo fuese a donde fuese. A París. A Trouville. O a New York.".... pg. 14

"Escribir, era lo único que poblaba mi vida y que la llenaba de encanto. Lo hice. La escritura no me abandonó jamás."pg. 15

"Mi habitación no es una cama, ni aquí, ni en París, ni en Trouville. Es una ventana determinada, una mesa determinada, costumbres de tinta negra, marcas de tintas negras que ya no se encuentran, es una silla determinada". pg.15

"Esta casa es el lugar de la soledad, sin embargo da a una calle, a una plaza, a un viejo estanque, al grupo escolar del pueblo. Cuando el estanque está helado, hay niños que vienen a patinar y que no me dejan trabajar. Les dejo que lo hagan, a esos niños. Los vigilo. Todas las mujeres que tuvieron hijos vigilan a esos niños, desobedientes, locos, como todos los niños. Pero qué miedo, cada vez, el peor. Y qué amor."pg. 16

"No encontramos la soledad, la hacemos. La soledad se hace sola. Yo la hice. Porque decidí que era aquí donde tendría que estar sola, que estaría sola para escribir libros.  Y así pasó. Estuve sola en esta casa. Me encerré en ella ---tenía también miedo, desde luego. Y luego la amé. Esta casa, se convirtió en la casa de la escritura. Mis libros salen de esta casa. De esta luz también, del jardín. De esta luz reverberada del estanque. Hicieron falta veinte años para escribir lo que acabo de decir."pg.17

"Y además está el jardín. En él están  los árboles milenarios y los árboles aún jóvenes. Y hay alerces, manzanos, un nogal, ciruelos, un cerezo. El albaricoquero se murió. Delante de mi habitación está ese rosal fabuloso de L'Homme Atlantique. Un sauce, hay también los cerezos del Japón, los iris. Y bajo una ventana del salón de música, hay un camelio, plantado para mí por Dionys Mascolo."pg. 17

"En la casa, era en el primer piso donde escribía, no escribía abajo. Después escribí por el contrario en la gran sala central de la planta baja para estar menos sola, tal vez, ya no sé, y también para ver el jardín". pg.31

"Lo que cuenta en esta casa de Neauphle-le-Château son las ventanas que dan al jardín y a la carretera de París delante de la casa. Esa por donde pasan las mujeres de mis libros". pg. 46

"Lo escrito llega como el viento, está desnudo, es tinta, es lo escrito, y pasa como ninguna otra cosa pasa en la vida, nada más, excepto ella, la vida". pg. 53

Esta casa que, en principio fue una ferme, con sus tres construcciones y su estanque, luego propiedad de un notario parisino, acogió  a la escritora  consolándola de sus penas de niña. Tenía algo para ella y para su hijo, por primera vez en su vida. Y escribiendo hizo de ella la casa de la escritura, esa folie. ese  volcan.....

Carmen.Glez.Teixeira

Bande annonce - La Vie matérielle



 

Madame Dodin de Marguerite Duras, interpretada por la Compañía Lophophore.

 

Madame Dodin de Marguerite Duras, interpretada por la Compañía Lophophore.

Théâtre des 3 Soleils
, del 7 al 30 de julio a las 20 h – No habrá funciones los días 11, 18 y 25 de julio.
4 rue Buffon – 84000 Avignon

🙂 Libre Théâtre recomienda este espectáculo.

Mientras haya humanos, habrá basura. Y se necesitarán conserjes para hacerla desaparecer. Al menos en un mundo donde los dueños y consumidores explotan a los pobres para deshacerse de sus desechos apestosos. Pero si la propiedad es un robo, ¿por qué no deberían los conserjes estar justificados al robar comida a esta clase privilegiada, la misma fuente de los excrementos de los que son responsables? Madame Dodin no es una revolucionaria, sino una rebelde. Conserje de profesión, solo tiene un arma a su disposición: las palabras. Y usa estas palabras para llevar a cabo una alquimia explosiva.

Para su nueva producción, la compañía Lophophore ha optado por adaptar un cuento de Marguerite Duras, jugando con el humor y la ferocidad. Paralelamente al desarrollo de la narración, la escenografía, mediante efectos de iluminación y objetos reutilizados, crea las condiciones para un suspense singular. Alternando entre la jovialidad, la emotividad y la inquietud, Pauline Phélix encarna con maestría a los diversos personajes en el patio de un edificio del distrito 6 de París.

Un espectáculo imperdible para descubrir este texto poco conocido de Marguerite Duras.

Dirección: Romain Arnaud-Kneisky
Interpretación: Pauline Phélix
Diseño de iluminación: Denis Koransky
Diseño de escenografía: Jonathan Bablon
Diseño de vestuario: Maxence Rapetti-Mauss
Asesor químico: Matthieu Havart
Diseño de cartel: Kristina Strelkova

 

Enlace al sitio web de la empresa Lophophore:  http://www.lophophore.fr/

Para reservar:  http://www.avignonleoff.com/programme/2017/madame-dodin-s20027/

AGNÈS VARDA & MARGUERITE DURAS: CONTEMPORÁNEAS | La Comida en el Cine. Episodio 18



 

Proyecto Escritorio: Marguerite Duras

Marguerite Duras



Casa de Marguerite Duras en Neauphle-le-Château


Se está solo en una casa. Y no fuera, sino dentro. En el jardín hay pájaros, gatos. Pero, también, en una ocasión, una ardilla, un hurón. En un jardín no se está solo. Pero, en una casa, se está tan solo que a veces se está perdido. Ahora sé que he estado diez años en la casa. Sola. Y para escribir libros que me han permitido saber, a mí y a los demás, que era la escritora que soy.

La soledad de la escritura es una soledad sin la que el escribir no se produce, o se fragmenta exangüe de buscar qué seguir escribiendo. 

Alrededor de la persona que escribe libros siempre debe haber una separación de los demás. Es una soledad. Es la soledad del autor, la del escribir. Para empezar, uno se pregunta qué es ese silencio que lo rodea. Y prácticamente a cada paso que se da en una casa y a todas horas del día, bajo todas las luces, ya sean del exterior o de las lámparas encendidas durante el día.

Mi habitación no es una cama, ni aquí, ni en París, ni en Trouville. Es una ventana determinada, una mesa determinada, ritos de tinta negra, huellas de tinta negra inencontrables, es una silla determinada. Y determinados ritos a los que siempre vuelvo, a dondequiera que vaya, dondequiera que esté, incluso en los lugares donde no escribo, como por ejemplo las habitaciones del hotel, el rito de tener siempre whisky en mi maleta en caso de insomnios o de súbitas desesperaciones. 

La soledad no se encuentra, se hace. La soledad se hace sola. Yo la hice. Porque decidí que era allí donde debía estar sola, donde estaría sola para escribir libros. Sucedió así. Estaba sola en casa. Me encerré en ella, también tenía miedo, claro. Y luego la amé. La casa, esta casa, se convirtió en la casa de la escritura. 

Compré esta casa de Neauphle-le-Château con los derechos cinematográficos de mi libro Un dique contra el Pacífico. Me pertenecía, estaba a mi nombre. Esa compra precedió a la locura de la escritura. Esa especie de volcán. Creo que esta casa ha servido de mucho. La casa me consolaba de todas las penas de la infancia.

En la casa escribía en el primer piso. No escribía abajo. Después, al contrario, escribí en la gran habitación central de la planta baja para estar menos sola, quizá, ya no lo sé, y también para ver el jardín.

Escribía todas las mañanas. Pero sin horario alguno. Nunca. Excepto en lo que se refiere a la cocina. Sabía cuándo había que ir para que tal cosa hirviera o tal otra no se quemara. En lo que se refiere a los libros, también lo sabía. Lo juro. Todo, lo juro. Nunca he mentido en un libro. Ni tampoco en mi vida. Excepto a los hombres.



Marguerite Duras, Escribir, Barcelona, Tusquets, 2009. Traducción de Ana María Moix.

© Fotografía: Fred PO.

























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