jueves, 5 de diciembre de 2013

Cuando se simbolizan arquetipos femeninos (I)

Cuando se simbolizan arquetipos femeninos (I)

FUNDACIÓN CAJA MADRID
HEROÍNAS
Del 9 de marzo al 5 de junio de 2011
La historia del arte occidental abunda en imágenes de mujeres seductoras, complacientes, sumisas, vencidas, esclavizadas. Pero también existen las figuras de mujeres fuertes: activas, independientes, desafiantes, inspiradas, creadoras, dominadoras, triunfantes. O bien, para usar una palabra clave de la agenda feminista en las últimas décadas: imágenes que pueden ser fuentes de “empoderamiento” (empowerment) para las propias mujeres.
Los inventarios de heroínas tienen una larga historia, desde los primeros catálogos de mujeres célebres de Hesíodo y Homero, donde ellas sólo figuraban como accesorio de los varones: a título de madres e hijas, esposas o amantes de los héroes. El primer compendio de mujeres ilustres por sus propios méritos fue el De claris mulieribus de Boccaccio, que seguía la huella del De viris illustribus de Petrarca. Inspirada por el texto de Boccaccio, pero decidida al mismo tiempo a corregir su punto de vista, Christine de Pizan, escribió en 1405 la primera defensa de las mujeres escrita por una mujer: Le Livre de la cité des dames. Si se permite el anacronismo, Christine de Pizan fue la primera feminista porque atribuyó la desventaja de la mujer, no a la naturaleza, sino a la costumbre. Su texto inauguró una larga Querelle des Femmes que ha durado siete siglos y todavía sigue abierta.
Desde el siglo  XIX hasta la actualidad, la imagen de la mujer ha permitido explorar los escenarios y las vocaciones de las heroínas: la iconografía de la soledad, el trabajo, la embriaguez, el deporte, la guerra, la magia, la religión, la lectura y la pintura.
. HEROÍNAS: LOS PODERES ESPIRITUALES.
VI. MAGAS
Muchas veces las magas en la pintura han sido reducidas al papel de la femme fatale, definida con relación al deseo masculino, ignorando lo que hay en ellas de figuras semejantes a Órfeo, capaces de apaciguar y de humanizar a bestias y a hombres. De manierista Dosso Dossi hasta los tardíos prerrafaelitas Waterhouse y Evelyn de Morgan, las hechiceras mitológicas Circe y Medea, de reputación tan odiosa en la tradición patriarcal, aparecen como portadoras de una sabiduría oculta, hasta ahora incomprendida.
- Dosso Dossi – Circe y sus amantes en un paisaje (1525)
El pintor, cuyo verdadero nombre fue Giovanni Francesco di Luteri, pasó la mayor parte de su vida al servicio de los duques de Ferrara, Alfonso I d’Este y su hijo, Ercole II. Al principio de su carrera, Dosso Dossi trabajó en Venecia bajo la dirección de Giorgione. En 1513 se estableció en Ferrara, donde participó en el políptico para la iglesia de San Andrea, encargado por Antonio Costabili. Probablemente, ese mismo año viajó a Roma, donde conoció a Rafael. Tuvo contactos con artistas de Italia central y del norte de Europa, y visitó Florencia y Mantua. En su etapa de madurez profesional, entre 1513 y 1530, el estilo de Dosso es una síntesis entre Tiziano y Giorgione. Sus cuadros rebosan de paisajes exuberantes, poblados con figuras.
En el cuadro Circe y sus amantes Dosso Dossi explora ese filón inagotable de la mitología. Circe, según unos hija de Elio, otros dicen que era hija de Hécate, representa la seducción. Arquetipo de la mujer que no solo por sus conocimientos de magia y sus bebedizos, sino también por su encanto, por su hechizo sexual, por su atrayente belleza, hacía lo que quería con los hombres.
Circe era especialista en la fabricación de filtros y bebedizos que le permitía aplicar la metamorfosis a los hombres. Así convirtió a los hombres de Ulises en puercos, mientras estaba rodeada de infinidad de animales en su palacio que bien podrían ser hombres de paso que sirvieron de carne de laboratorio para sus prácticas de magia, o sus amantes desheredados y aburridos.
- Dosso Dossi – Circe (1531)
Este cuadro se sitúa en el periodo de la primera madurez del pintor de Ferrara. Representa una mujer en primer plano con un aspecto imponente, que lleva un turbante y vestidos suntuosos de colores vivos. Inmersa en un paisaje de un bosque, la figura está sentada en el interior de un círculo en el que se han trascrito símbolos que hacen referencia a la Cábala hebraica; en su mano izquierda empuña una antorcha, mientras que con la derecha sostiene una tabla con dibujos geométricos.
La figura femenina ha sido identificada con una maga, inicialmente con Circe, pero en otras ocasiones con Melissa, la maga buena descrita en Orlando Furioso de Ludovico Ariosto (VIII canto 14-15), que deshace cualquier hechizo malvado: la referencia podría encontrarse en los caballeros que aparecen colgados del árbol en la parte izquierda del cuadro.
La restauración del cuadro ha evidenciado varias correcciones o pentimenti: en la parte izquierda de la obra, en lugar del perro moloso y de la armadura, se encontraba una figura masculina sentada a quien la maga le dirigía la mirada.
Esta obra procedente de Ferrara, fue enviada probablemente por el Marqués Bentivoglio a Scipione Borghese hacia el año 1607.
- John William Waterhouse – El círculo mágico (1886)
Milagros, magia y el poder de las profecías son materias muy comunes en las obras de Waterhouse. Más específicamente, el tema de la mujer como maga y hechicera es uno de sus imágenes más recurrentes. Su producción artística también incluye numerosas obras ambientadas en el Oriente Medio, en el que dibujó según la obra de artistas contemporáneos como J.F. Lewis (1805-1876) y Lawrence Alma-Tadema (1836-1912), más que por su propia experiencia. El círculo mágico es una de sus primeras obras, en la que se refleja su fascinación por lo exótico. La mujer en el cuadro parece ser una bruja o sacerdotisa dotada de poderes mágicos, posiblemente con el poder de la profecía. Su vestido y su apariencia general es muy ecléctico, procedente de diversas fuentes: su complexión morena alude a que procede de Oriente Medio; su estilo de peinado procede de los primitivos anglosajones; su vestido está decorado con guerreros persas o griegos. En su mano izquierda sostiene una hoz con forma creciente, relacionándola con la luna y con Hécate. Con el bastón de su mano derecha dibuja un círculo mágico protector. Fuera del círculo, el paisaje es desértico y estéril; un grupo de grajos o de cuervos y una rana -todos símbolos del mal y asociados con la brujería- están apartados. Sin embargo, dentro del círculo, se encuentra la propia mujer y objetos de belleza como las flores.
El significado del cuadro no es claro, pero su misterio y su exotismo llamó la atención a los espectadores de la época. Cuando el cuadro se mostró en la “Royal Academy” en 1886, la obra tuvo una gran acogida de público y crítica. El cuadro se vendió en ese mismo año por 650 libras por la “Tate Gallery”, a través del legado Chantrey.
- Evelyn de Morgan – Medea (1889)
Evelyn De Morgan (1855 – 1919) fue una pintora inglesa prerrafaelita. Nació en el seno de una familia de clase media alta; su padre era el magistrado de Pontefract, Percival Pickering; su madre, Anna Maria Wilhelmina Spencer Stanhope, era hermana del artista John Roddam Spencer Stanhope y descendiente de Thomas Coke, conde de Leicester.
Evelyn comenzó a recibir clases de dibujo con 15 años y convenció a sus padres para que la inscribieran en un centro de arte y en 1873, se apuntó a la Slade School of Art. Su tío, John Roddam Spencer Stanhope, fue muy influyente para ella y solía ir a visitarlo a Florencia. Esto también hizo que se interesara por artistas del Renacimiento como Botticelli.
Se casó con el ceramista William De Morgan en 1887 y vivió con él en Londres hasta la muerte de William en 1917. Dos años más tarde falleció ella, está enterrada en el Brookwood Cemetery, cerca de Woking, Surrey.
Evelyn representó a Medea en su cuadro homónimo de 1889. Medea es hija de Eetes y de la ninfa Idía. Era sacerdotisa de Hécate, que algunos consideran su madre y de la que se supone que aprendió los principios de la hechicería junto con su tia, Circe. Según la mitología, Medea se vio obligada a dejar Yoclos junto con Jasón, hacia Corintio, ciudad sobre la que Medea pretendía tener derechos al trono. Allí Jasón acordó con el rey Creonte abandonar a Medea, para unirse a su hija Glauca. Medea, arrastrada por los celos, envió a Glauca como regalo de bodas un manto de irresistible belleza. Cuando ésta lo recibió de manos de la sirvienta se lo puso de inmediato, liberando la magia contenida, las llamas la consumieron totalmente a ella y a Creonte, que se abalanzó sobre ella con intención de salvarla. Y a continuación, para hacerle el máximo daño a Jasón mató a sus dos hijos que habían tenido en común.
- John William Waterhouse – Circe ofreciendo la copa a Ulises (1891)
Expuesta en la New Gallery en 1891, en el catálogo apareció ilustrada con la siguiente frase: “Paño de gasa azul. En el suelo, a sus pies, están esparcidas violetas. Detrás de ella, Ulises avanza y sus galeras se vislumbran entre los pilares.”
El tema mitológico representado por Waterhouse se corresponde al momento en el que Ulises, en su regreso de la Guerra de Troya, desembarcó a la isla de Aeaea, habitada por Circe, una bella y poderosa maga. La isla estaba repleta de cerdos y formas metamorfoseadas de hombres seducidos por sus potentes bebedizos de hierbas. Ulises perdió a toda su tripulación por sus encantos, pero armado con hierbas mágicas que Hermes le dio, consiguió deshacer sus hechizos y la obligó a liberar a sus hombres de sus formas de bestias.
En el cuadro destaca la representación de Circe como una mujer de gran poder. Además, sus paños transparentes forman una imagen de gran atractivo y sensualidad. A sus espaldas, un espejo permite ver su propio reflejo y a Ulises, que avanza hacia ella tras su invitación.
- John William Waterhouse – La dama de Shalott mirando a Lancelot (1894)
Este cuadro se inspiró en un poema homónimo de Alfred Tennyson publicado en 1842, que estaba as u vez inspirado en una leyenda artúrica. El poema cuenta la historia de Elaine, la dama de Shalott, que estuvo presa durante años en una torre situada en la isla de un río donde su única actividad era tejer. Sabía que no debía mirar nunca a través de la ventana porque, si lo hacía, caería sobre ella una terrible maldición. Así que se dedicaba a observar el mundo exterior a través de un espejo. Cuando un caballero, sir Lancelot, pasó junto a la torre montado en su caballo y cantando, la doncella se enamoró de él instantáneamente. La joven abandonó su telar y corrió hacia la ventana, pero entonces el espejo se rompió y ella entendió que había sido maldecida. Salió de la torre y subió a un bote, navegando a la deriva hacia Camelot y hacia su muerte.
- John William Waterhouse – La bola de cristal (1902)
La bola de cristal, muestra a una mujer vestida de rojo mirando fijamente a una bola de cristal, aparentemente realizando algún hechizo con la ayuda de un libro y una calavera. Esta obra se mostró juntó con The Missal, en la “Royal Academy” en el año 1902. Entró a formar parte de la Colección Pyman, siendo colgado en el comedor del Castillo Glendborrodale. El cuadro se vendió junto con el castillo cuando la propiedad cambió de dueños en 1952-1953. El nuevo propietario no le gustaba la calavera por lo que hizo que se retocase el cuadro para ocultarla. Cuando el cuadro fue finalmente vendido mediante una subasta en el Christie’s de Londres, un equipo de expertos, con Martin Beisly a la cabeza, realizaron un estudio que mostró que la superficie original estaba protegida con una capa de barniz y que por tanto se podría recuperar el cuadro a su estado primero.
VII. MÁRTIRES
Las santas mártires no son simplemente víctimas, sino heroínas triunfantes in extremis sobre sus perseguidores y verdugos. Algunas de estas mártires son la elocuente santa Catalina de Alejandría, la crucificada santa Eulalia e incluso una mártir pagana, canonizada tardíamente por el movimiento romántico: Safo de Lesbos. Safo recibió los homenajes poéticos de Leopardi y Baudelaire y dos prosistas influyentes, el crítico Sainte-Beuve y el helenista Émile Deschanel, que vieron en ella la encarnación misma de un cierto ideal literario: el de la poesía como confesión, como la voz de la pasión, siempre verdadera y natural.
- Caravaggio – Santa Catalina de Alejandría (1597)
Esta obra de Caravaggio le fue encargada en Roma, casi con toda seguridad, por su primer protector el cardenal Francesco Maria del Monte. La figura de Santa Catalina destaca por su naturalismo y la modelo ha sido identificada con Fillide Melandroni, una célebre cortesana de la época. Vestida ricamente como corresponde a una princesa y arrodillada sobre un cojín, mira al espectador. Santa Catalina aparece con todos los atributos que aluden a su martirio: la rueda con los cuchillos, la espada con la que fue decapitada y la palma. La luz ilumina de forma dramática la escena creando unos claroscuros típicos del pintor. La interpretación que Caravaggio hizo de la luz y el volumen, presentes en este lienzo, tuvo una enorme repercusión tanto en Italia como en el resto de Europa.
- Gaspar de Crayer – El martirio de Santa Catalina (1622)
Gaspar de Crayer (1582 – 1669) fue un pintor barroco flamenco. Siendo aún niño, se inició en la pintura con el anciano maestro Michel Coxcie. Matriculado en el gremio de San Lucas en Bruselas en 1607, permaneció en la capital de Brabante hasta 1660, para establecerse finalmente en Gante. Entre las numerosas pinturas realizadas en esta ciudad destaca el Martirio de San Blas y las obras que se encuentran en la catedral de San Bavón: San Macario, patrón de los apestados (1632?) ubicada en la Capilla de San Macario; La Asunción de la Virgen ubicada en la Capilla de Nuestra Señora de los Ángeles; El martirio de Santa Bárbara, ubicada en la Capilla de Santa Bárbara y La decapitación de San Juan Bautista (1657-1658), ubicada en la Capilla de Santa Coleta.
Crayer fue uno de los pintores más productivos y concienzudos de la escuela flamenca tardía, siguiendo a Rubens en el vigor de sus obras y a van Dyck en el refinamiento. Fue un buen conocido de los Archiduques Alberto de Austria e Isabel Clara Eugenia, soberanos de los Países Bajos católicos, que siempre le trataron con gran respeto. El cardenal-infante Fernando de Austria, hermano del rey Felipe IV y gobernador de los Países Bajos Españoles desde la muerte de su tía Isabel Clara Eugenia, hizo de él su pintor de cámara. Sus pinturas abundan en las iglesias y museos de Bruselas y Gante, no habiendo apenas una capilla de Flandes o Brabante que no pueda presumir de poseer una de sus lonas. No obstante, fue respetado más allá de sus país natal y algunas de sus obras pueden ser encontradas más al sur, como en Aix en la Provenza o en Amberg, en el Alto Palatinado.
Su habilidad como artista decorativo quedó plasmada en los paneles realizados para el arco del triunfo que se construyó para la entrada de Don Fernando de Austria en la capital flamenca tras su victoria en la Batalla de Nördlingen, algunos de los cuales se encuentran expuestos públicamente en el museo de Gante. Sus mejores obras son La pesca milagrosa en la galería de Bruselas, El Juicio de Salomón en la galería de Gante y las Madonas con Santos en el Louvre, en la pinacoteca de Múnich y en la Belvedere de Viena. Además caben destacar sus retratos del cardenal-infante Fernando de Austria y los del rey Felipe IV con armadura.
- Antoine-Jean Gros – Safo (1801)
Antoine-Jean Gros (1771 – 1835), fue un pintor francés y miembro de la nobleza (barón).  Su maestro fue el pintor y amigo Jacques-Louis David. Es conocido por sus pinturas históricas en las que Napoleón aparece frecuentemente como protagonista. Su pintura inicialmente neoclásica se acercó luego al romanticismo atraído por su fuerza y expresividad dramática. Esto queda reflejado en su obra Safo, donde la imagen de la figura femenina de la poetisa enamorada suspendida en el borde del abismo; suspendida entre el neoclasicismo y el romanticismo, entre la nostalgia de un orden inmutable y el vértigo de la historia que incesantemente fluye, entre las Luces ambiguas del ideal de una razón universal y los extraños sueños de la época sombría que dio nacimiento a la modernidad.
- Andrea Gastaldi – Safo (1872)
- John William Waterhouse – Santa Eulalia (1885)
Santa Eulalia fue martirizada en el siglo IV, a la edad de doce años, por negarse a hacer sacrificios para los dioses romanos. Dos verdugos rasgaron su cuerpo con ganchos de hierro, y quemaron su pecho y costados hasta que se ahogó por el humo. Según lo narrado por el poeta español Prudentius, a quien Waterhouse citó en el catálogo de la exposición, una paloma blanca emergió de la boca de Eulalia en el momento de su muerte y comenzó a caer una milagrosa nieve. Esta composición es muy atrevida. La figura aparece en un pronunciado escorzo y la nieve contrasta con la piel desnuda de Eulalia.
- Jean Jacques Scherrer – La entrada de Juana de Arco en Orleans (1887)
Jean Jacques Scherrer (1855-1916) fue un pintor francés nacido en Lutterbach, Alsacia. En 1887, Jean Jacques Scherrer consiguió obtener una medalla de tercera clase por este cuadro, La entrada de Juana de Arco en Orleans, que hoy en día es su obra más conocida. En el cuadro aparece Juana de Arco liderando, a los 17 años, las tropas de Francia para liberar al país de la presencia inglesa. La figura de Juana de Arco aúna a la mujer guerrera y la mujer mártir, siendo un icono heroico de gran presencia en la historia del arte.
VIII. MÍSTICAS
Los fenómenos místicos de orden corporal se reflejan principalmente sobre el organismo, en cualquiera de sus funciones vitales o en diferentes aspectos de su actividad y manifestaciones exteriores. Las levitaciones consisten en la elevación espontánea del suelo y en el mantenimiento del cuerpo humano sin ningún apoyo y sin causa natural visible. Por regla, le levitación mística se verifica mientras el paciente está en éxtasis y, si el cuerpo se eleva un poco, se llama éxtasis ascensional; si se eleva a gran altura, recibe el nombre de vuelo extático; y si comienza a andar velozmente a ras del suelo, pero sin tocarlo, se llama marcha extática. La levitación de las místicas puede ser una imagen de la experiencia de la mujer en etapas de transición como la adolescencia. Los poderes sobrenaturales atribuidos a las mujeres compensan su exclusión del sacerdocio en las sociedades patriarcales y encuentran un modo de expresión para sus experiencias silenciadas.
- Marina Abramovic – La cocina (2009)
La más ilustre de estas levitantes, santa Teresa de Ávila, es el objeto del homenaje de Marina Abramovic en su serie La cocina, un proyecto realizado en las cocinas de La Laboral de Gijón, perteneciente a monjas de clausura que cocinaban para ocho mil huérfanos diariamente en los años cincuenta. Con la elección del escenario, Abramovic quiere evocar la cocina de su abuela, una persona muy religiosa que la llevaba a la iglesia cada día. Para Abramovic, su abuela fue el centro de su mundo durante su infancia. El desarraigo de este mundo debido a su vida nómada por salir de Yugoslavia y conocer diferentes culturas, ha hecho que nunca volviese a utilizar la cocina para cocinar. De algún modo, esta serie refleja cierta nostalgia de ello. La cocina: Homenaje a Santa Teresa, también alude a los diarios de Santa Teresa de Ávila, donde se relata su experiencia levitando en una iglesia y como volviendo a casa hambrienta intenta cocinar la sopa y su levitación se lo impide, posee esa energía que ella no podía controlar y que la despegaba del suelo. Así pues, un don puede ser también un obstáculo en tu vida cotidiana.
- Julia Fullerton-Batten – In Between (2008-2009)
La levitación adquiere un matiz distinto en la serie de fotografías de Julia Fullerton-Batten titulada In Between cuyas protagonistas adolescentes parecen flotar en el aire. En ella, como en la serie anterior Teenage Stories, se explora la adolescencia femenina en cuanto período de transición en el que cuerpo se vuelve extraño y las emociones inestables, sin anclaje.
- Ferdinand Hodler  - Mujer jubilosa (1909); Canto desde la lejanía (1917)
Ferdinand Hodler representó la levitación en una de sus composiciones más conocidas,El elegido. El niño místico (el pintor hizo posar como modelo a su propio hijo, Hector) aparece allí orando en el centro de la escena ante un raquítico árbol de la vida y en torno a él, seis ángelas cuyos pies se elevan sobre el suelo unos centímetros. Así son los estudios de figuras femeninas destinadas a sus composiciones: Mujer jubilosa, Canto desde la lejanía, Mirada al infinito. Las figuras femeninas de Hodler se mueven como sonámbulas. Entonan un himno a la vida con la gravedad de una liturgia. Parecen alcanzar el éxtasis, pero sin goce carnal. Levantan los brazos para abrazar la naturaleza entera o para volar hacia el cosmos.
 
IX. LECTORAS
Un sedimento de los poderes espirituales tradicionalmente atribuidos a las mujeres queda en la figura de la lectora. La lectura encierra ecos de esos poderes espirituales, mágicos o místicos atribuidos a la mujer en la iconografía tradicional, que genera una burbuja, donde la mujer puede vivir su vida a través de otras vidas. La lectora se construye eso que Virginia Woolf denominó “una habitación propia”. La lectura es una actividad interior, que escapa a la representación pictórica. En pintura alguna vez se nos permite leer un título; el texto más allá siempre será ilegible, inaccesible. Por eso la representación de la lectura implica una exteriorización, una teatralización. Ya que no podemos leer el texto, leemos el cuerpo de la lectora, que escenifica o somatiza su lectura.
- Onorio Marinari – Santa Catalina leyendo un libro (1670)
Santa Catalina de Alejandría fue conocida por su conocimiento y sabiduría, y tras convertirse en reina, se convirtió al Cristianismo. Su belleza llamó la atención del Emperador Maximiano, que intentó cortejarla y debilitar su fe. Cuando se dio cuenta que su empresa era imposible, juró destruirla; primero torturándola con una máquina guarnecida con cuatro ruedas con pinchos, y finalmente siendo decapitada. En esta obra, Onorio Marinari representa a Santa Catalina en su estudio privado, recalcando su papel como patrona de la educación y el aprendizaje. La rueda rota, símbolo de su futuro martirio, apenas es visible en el fondo de la parte izquierda del cuadro. Atribuido a Onorio Marinari en la actualidad, durante mucho tiempo Santa Catalina leyendo un libro, fue consistentemente descrita como obra de Carlo Dolci (un artista muy admirado en el siglo XVIII y principios del XIX), cuando pertenecía a las colecciones de Choiseul y Poutalès-Gorgier. Esto explicaría el alto precio que pagó su último comprador, el cuarto Marqués de Herford, de unos 27.000 francos (1.080 libras).
- Gustav Adolph Hennig – Muchacha leyendo (1828)
Gustav Adolph Hennig (1789-1869) fue un pintor alemán que se formó como retratista bajo el pintor Christian Leberecht Vogel. Desde el año 1810, Hennig estudió en distintas academias, donde se formó con Johann David Schubert y Friedrich Matthäi. Continuó sus estudios, y acompañado por el grabador Christian Ernst Stözel, viajó a Italia en dos ocasiones (de 1822 a 1826 y de 1832 a 1833), visitando especialmente Florencia, Nápoles y Roma. En 1840 se convirtió en profesor de dibujo y más tarde director de la Academia de Lepizig. Su obra Muchacha leyendo, data de 1828, por lo que fue realizada tras su primer viaje a Italia. En esta obra destaca por su sencillez y austeridad.
- Charles de Steuben – La lectora (1829)
Charles de Steuben (1788 – 1856) fue un pintor francés activo durante el periodo napoleónico. Fue hijo de un oficial del ejército ruso, empezando su formación en la Academia de San Petersburgo. Cuando se trasladaron a París, tras varios años de preparación, Charles de Steuben consiguió entrar en la prestigiosa Escuela de Bellas Artes, (año 1805). En 1812 expone por primera vez en el Salón, algo que se repetiría hasta el año 1843 cuando regresó a Rusia por un periodo de once años. En San Petersburgo realizaría varios cuadros, destacando siete pinturas sobre la Catedral de San Isaac. Tras sufrir una apoplejía, regresó a Francia, pero su estado no le permitió seguir trabajando. Finalmente, Charles de Steuben moriría en 1856 en París. De Steuben se mantuvo siempre fiel en su gusto por la pintura clásica. Fue un gran amigo de Eugène Delacroix, el pintor romántico francés por excelencia, a quien le retrató en diversas ocasiones. Inicialmente, la pintura de Steuben seguía los preceptos de la escuela francesa clásica, cuyo máximo exponente era Jacques Louis David. David, en sus pinturas históricas utilizaba grandes contrastes, pesados contornos y líneas claras y firmes. El rigor de este estilo hizo que algunos artistas contemporáneos -incluyendo Prud’hon y Lefebvre- reaccionasen hacia una pintura menos rígida. Preferían la suavidad de claroscuros y colores de los pintores italianos como Leonardo da Vinci y Correggio. También Steuben, que había empezado su formación con David, sintió que su escuela era excesivamente rígida y dogmática, por lo que decidió formarse con Robert Lefebvre y con François Gérard. Steuben se caracterizó por sus equilibradas composiciones, excelentes pinceladas e impresionantes efectos de color.
- Antoine Wiertz – La lectora de novelas (1853)
Antoine Joseph Wiertz (1806 – 1865) fue un pintor y escultor romántico belga. La pintura monumental de Wiertz a menudo se mueve entre el academicismo clásico y un dramático romanticismo, entre lo grandioso y lo ridículo. Aunque su obra fue a menudo considerada art pompier, su lenguaje pictórico a pesar de ello anunciaba el simbolismo y una cierta clase de surrealismo, dos corrientes que serían muy fuertes en la pintura belga. Su cuadro La lectora de novelas, forma parte de la producción artística de Wiertz de la década de 1850, que se caracterizaron por su mensaje filosófico y social. En él, representa a una mujer, probablemente una novicia a juzgar por el hábito negro y la cinta rosa que se encuentra a pies de su cama, que se deja llevar por los placeres de la lectura. En el lado izquierdo, un diablo va depositando libros en su cama, con el fin de corromperla más fácilmente. En el título de un libro se puede leer Alexandre Dumas.
- Henri Fantin-Latour – Victoria Dubourg (1873)
El pintor francés Henri Fantin-Latour (1836-1904) se casó en 1875 con Victoria Dubourg, también pintora. Fantin-Latour la retrató en diversas ocasiones, como en su cuadro de 1873. Las pinturas de Victoria se vieron influenciadas por las de su marido, heredando su perspectiva artística. Victoria Dubourg realizó una gran labor de recopilación y ordenación de todas las planchas litográficas de Fantin-Latour, por lo que gracias a ella se han podido conservar.
- Mary Cassatt – Mujer leyendo (1878-1879)
La pintora norteamericana establecida en París a partir de 1875, fue la única artista de esta nacionalidad que presentó regularmente sus obras en las exposiciones de los impresionistas, grupos que se dedicaba a explorar los medios modernos de representar aspectos claves de la vida urbana contemporánea. Su cuadro Mujer leyendo es de 1878, poco después de conocer a Edgar Degas, quien ejerció una fuerte influencia sobre su obra. De Edgar Degas, y otros impresionistas, adquirie un interés en retratar la vida cotidiana, la inclinación hacia la íntima doméstica en lugar de lo social y lo urbano, con un especial énfasis en el tema de la madre y el hijo en la década de 1890.
- Édouard Vuillard - Madame Hessel con vestido rojo leyendo (1905)
Jean-Édouard Vuillard (1868-1940) fue un pintor francés, así como ilustrador perteneciente al grupo de los nabís formado por Pierre Bonnard y Maurice Denis, entre otros. En sus cuadros y piezas decorativas, Vuillard representó principalmente los interiores, las calles y los jardines. Marcados por un suave humor, están ejecutados en un delicado conjunto de colores suaves, borrosos, característicos de su arte. Vuillard estaba muy familiarizado con los espacios interiores y domésticos. Gran parte de su obra reflejó esta influencia, ampliamente decorativa, y a menudo representó modelos muy intrincados.
- Gerhard Richter – Leyendo (1994)
- Anni Leppälä – Leyendo (2010)
Anni Leppälä nació (1981) en Helsinki, Finlandia. Estudió en la Univerisdad de Arte y Diseño de Helsinki y al graduarse fue elejida como la artista finlandesa mas joven del año. Vive y trabaja en Helsinki. El trabajo fotográfico de Anni Leppälä plasma memorias listas para ser colgadas en paredes que adquirirán una nueva dimensión, una profundidad que va más allá del concreto y lo vuelve transparente.
“Mi interés hacia la fotografía está relacionado con la posibilidad de ser capaz de parar algo en el tiempo. Que algo haya estado pasando, y ahora haya sido puesto en un estado inmóvil. Hay un cierto aspecto de momentos perdidos, una presencia de tristeza y un sentimiento de alquiler cuando miramos las fotografías. Ellos existen en la intersección de los momentos: el constante cambio entre el sentimiento de estar vivo y el conocimiento de los momentos pasando.” Anni Leppälä
X. PINTORAS
A lo largo de la historia del arte, muchas pintoras han creado imágenes ante el espejo: el autorretrato. Pintoras desde Sofonisba Anguisciola hasta Frida Kahlo, con el autorretrato la mujer podía ser autora o creadora (un rol presuntamente masculino) sin dejar de ser modelo (el rol femenino convencional). Esta astuta combinación de actividad y pasividad, este convertirse en sujeto sin abandonar el papel de bello objeto fue la clave del éxito del autorretrato femenino en una sociedad patriarcal. Una sociedad que por otra parte personificaba a la Vanidad como una mujer que se mira al espejo. Con mucha frecuencia, la mujer se autorretrata como lo haría un colega masculino, con ropas de trabajo, paleta y pinceles en la mano y mirando al espectador. Este tipo de autorretrato, que alguien podría identificar como “masculino”, parece haber sido cultivado más asiduamente por las pintoras, acaso porque ellas necesitaban más vindicarse como profesionales.
- Sofonisba Anguissola – Autorretrato pintando a la Virgen (1556)
Sofonisba Anguissola (1532-1625) fue la primera mujer pintora de éxito del Renacimiento. A la edad de 14 años su padre la envió, junto con su hermana Elena, a estudiar con Bernardino Campi, pintor también nacido en Cremona, un respetado autor de retratos y escenas religiosas de la escuela de Lombardía. Posteriormente, Sofonisba continuó sus estudios con el pintor Bernardino Gatti hasta que en 1554 viajó a Roma. Allí conoció a Miguel Ángel, siendo instruida “informalmente” por el gran maestro. Sofonisba buscó las posibilidades para un nuevo estilo de retratos, con personajes en poses informales. Los miembros de su propia familia y su propio rostro eran los protagonistas más frecuentes de sus obras.
- Artemisia Gentileschi – Autorretrato como alegoría de la pintura (1638-1639)
- Angelica Kauffmann – El dibujo (1778-1780)
En El dibujo, Kauffmann se representa con un vestido de estilo romano y dispuesto de una manera neoclásica, con el cinturón bajo su pecho. Su pelo está atado con un lazo verde y su mirada se desvía del espectador. A sus espaldas se puede ver una ventana con montañas, mientras que en sus manos sostiene una paleta y un pincel. De este modo, Kauffmann se identifica a sí misma con la naturaleza y con su arte.
- Berthe Morisot – Autorretrato (1885)
Berthe Morisot (1841-1895) fue una pintora impresionista francesa. A la edad de 20 años conoció a Camille Corot, quien la admitió como su discípula y la introdujo en los círculos artísticos. En 1868, conoció a Édouard Manet y en 1874 se casó con su hermano menor, Eugène Manet. La técnica que desarrolla Morisot se basa en un tratamiento de pinceladas suaves desde un principio hasta que evolucione a un impresionismo más expresado en la pincelada, en concreto a partir de 1873, cuando el tratamiento más libre de la pinceladas rápidas y planas y la atmósfera más tratada con el color permitan reflejar una estética más de índole impresionista. A partir de 1880, la influencia de Renoir se refleja en su obra. La frescura luminosa de su paleta, la factura libre y vigorosa, así como, la atmósfera poética de sus lienzos, son reconocidas y admiradas.
- Frida Kahlo – Autorretrato con collar de espinas y colibrí (1940)
El 17 de septiembre de 1925, Frida sufrió un accidente en el camino de la escuela a casa. La colisión del autobús con un tranvía provocó la muerte de varios pasajeros. Frida Kahlo resultó gravemente herida y los médicos dudaban que fuera a sobrevivir. La desgracia la obligó a guardar cama durante meses, padeciendo frecuentes dolores en la columna y en el pie derecho. Durante este periodo, en el que su libertad de movimientos había quedado muy reducida, llegando al punto de pasar temporadas en cama sin moverse, Frida comenzó a pintar para olvidar el dolor y matar el aburrimiento. La cama fue cubierta con un baldaquín en cuyo lado inferior había un espejo todo a lo largo, de modo que podía verse a sí misma y servirse de modelo. Este fue el comienzo de los numerosos autorretratos que constituyen la mayoría de su obra. Los autorretratos la ayudaron a hacerse una idea de su propia persona y a crearla de nuevo tanto en el arte como en la vida, al objeto de encontrar una nueva identidad. Sus autorretratos acusan diferencias muy pequeñas: casi siempre con el mismo rostro máscara, que apenas deja entrever expresiones de sentimientos o estados de ánimo, la artista mira de frente al espectador. Sus ojos, cubiertos por las cejas oscuras, sorprendentemente enérgicas, que se unen sobre el nacimiento de la nariz como alas de pájaro, impresionan por su expresividad. En Autorretrato con collar de espinas (1940), por ejemplo, aparecen diversos elementos tomados claramente de la simbología cristiana. El collar de espinas que aprieta su cuello hasta hacerle sangrar recuerda la corona de espinas presente en la pasión de Cristo. Un mono manipulando inocentemente las espinas, un gato encrespado y un pájaro muerto colgado del collar simbolizan la crueldad, tan presente en la obra de Frida, que recrea con frecuencia en cuerpos heridos y mutilados que se exhiben como en un escenario. Las alas del colibrí muerto, que en la tradición mexicana simboliza buena suerte en el amor, imitan las cejas de Frida.
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~ by lostonsite on 27 abril, 2011.
ArteExposiciones

Cuando se simbolizan arquetipos femeninos (I)

Cuando se simbolizan arquetipos femeninos (I)

FUNDACIÓN CAJA MADRID
HEROÍNAS
Del 9 de marzo al 5 de junio de 2011
La historia del arte occidental abunda en imágenes de mujeres seductoras, complacientes, sumisas, vencidas, esclavizadas. Pero también existen las figuras de mujeres fuertes: activas, independientes, desafiantes, inspiradas, creadoras, dominadoras, triunfantes. O bien, para usar una palabra clave de la agenda feminista en las últimas décadas: imágenes que pueden ser fuentes de “empoderamiento” (empowerment) para las propias mujeres.
Los inventarios de heroínas tienen una larga historia, desde los primeros catálogos de mujeres célebres de Hesíodo y Homero, donde ellas sólo figuraban como accesorio de los varones: a título de madres e hijas, esposas o amantes de los héroes. El primer compendio de mujeres ilustres por sus propios méritos fue el De claris mulieribus de Boccaccio, que seguía la huella del De viris illustribus de Petrarca. Inspirada por el texto de Boccaccio, pero decidida al mismo tiempo a corregir su punto de vista, Christine de Pizan, escribió en 1405 la primera defensa de las mujeres escrita por una mujer: Le Livre de la cité des dames. Si se permite el anacronismo, Christine de Pizan fue la primera feminista porque atribuyó la desventaja de la mujer, no a la naturaleza, sino a la costumbre. Su texto inauguró una larga Querelle des Femmes que ha durado siete siglos y todavía sigue abierta.
Desde el siglo  XIX hasta la actualidad, la imagen de la mujer ha permitido explorar los escenarios y las vocaciones de las heroínas: la iconografía de la soledad, el trabajo, la embriaguez, el deporte, la guerra, la magia, la religión, la lectura y la pintura.
. HEROÍNAS: LOS PODERES ESPIRITUALES.
VI. MAGAS
Muchas veces las magas en la pintura han sido reducidas al papel de la femme fatale, definida con relación al deseo masculino, ignorando lo que hay en ellas de figuras semejantes a Órfeo, capaces de apaciguar y de humanizar a bestias y a hombres. De manierista Dosso Dossi hasta los tardíos prerrafaelitas Waterhouse y Evelyn de Morgan, las hechiceras mitológicas Circe y Medea, de reputación tan odiosa en la tradición patriarcal, aparecen como portadoras de una sabiduría oculta, hasta ahora incomprendida.
- Dosso Dossi – Circe y sus amantes en un paisaje (1525)
El pintor, cuyo verdadero nombre fue Giovanni Francesco di Luteri, pasó la mayor parte de su vida al servicio de los duques de Ferrara, Alfonso I d’Este y su hijo, Ercole II. Al principio de su carrera, Dosso Dossi trabajó en Venecia bajo la dirección de Giorgione. En 1513 se estableció en Ferrara, donde participó en el políptico para la iglesia de San Andrea, encargado por Antonio Costabili. Probablemente, ese mismo año viajó a Roma, donde conoció a Rafael. Tuvo contactos con artistas de Italia central y del norte de Europa, y visitó Florencia y Mantua. En su etapa de madurez profesional, entre 1513 y 1530, el estilo de Dosso es una síntesis entre Tiziano y Giorgione. Sus cuadros rebosan de paisajes exuberantes, poblados con figuras.
En el cuadro Circe y sus amantes Dosso Dossi explora ese filón inagotable de la mitología. Circe, según unos hija de Elio, otros dicen que era hija de Hécate, representa la seducción. Arquetipo de la mujer que no solo por sus conocimientos de magia y sus bebedizos, sino también por su encanto, por su hechizo sexual, por su atrayente belleza, hacía lo que quería con los hombres.
Circe era especialista en la fabricación de filtros y bebedizos que le permitía aplicar la metamorfosis a los hombres. Así convirtió a los hombres de Ulises en puercos, mientras estaba rodeada de infinidad de animales en su palacio que bien podrían ser hombres de paso que sirvieron de carne de laboratorio para sus prácticas de magia, o sus amantes desheredados y aburridos.
- Dosso Dossi – Circe (1531)
Este cuadro se sitúa en el periodo de la primera madurez del pintor de Ferrara. Representa una mujer en primer plano con un aspecto imponente, que lleva un turbante y vestidos suntuosos de colores vivos. Inmersa en un paisaje de un bosque, la figura está sentada en el interior de un círculo en el que se han trascrito símbolos que hacen referencia a la Cábala hebraica; en su mano izquierda empuña una antorcha, mientras que con la derecha sostiene una tabla con dibujos geométricos.
La figura femenina ha sido identificada con una maga, inicialmente con Circe, pero en otras ocasiones con Melissa, la maga buena descrita en Orlando Furioso de Ludovico Ariosto (VIII canto 14-15), que deshace cualquier hechizo malvado: la referencia podría encontrarse en los caballeros que aparecen colgados del árbol en la parte izquierda del cuadro.
La restauración del cuadro ha evidenciado varias correcciones o pentimenti: en la parte izquierda de la obra, en lugar del perro moloso y de la armadura, se encontraba una figura masculina sentada a quien la maga le dirigía la mirada.
Esta obra procedente de Ferrara, fue enviada probablemente por el Marqués Bentivoglio a Scipione Borghese hacia el año 1607.
- John William Waterhouse – El círculo mágico (1886)
Milagros, magia y el poder de las profecías son materias muy comunes en las obras de Waterhouse. Más específicamente, el tema de la mujer como maga y hechicera es uno de sus imágenes más recurrentes. Su producción artística también incluye numerosas obras ambientadas en el Oriente Medio, en el que dibujó según la obra de artistas contemporáneos como J.F. Lewis (1805-1876) y Lawrence Alma-Tadema (1836-1912), más que por su propia experiencia. El círculo mágico es una de sus primeras obras, en la que se refleja su fascinación por lo exótico. La mujer en el cuadro parece ser una bruja o sacerdotisa dotada de poderes mágicos, posiblemente con el poder de la profecía. Su vestido y su apariencia general es muy ecléctico, procedente de diversas fuentes: su complexión morena alude a que procede de Oriente Medio; su estilo de peinado procede de los primitivos anglosajones; su vestido está decorado con guerreros persas o griegos. En su mano izquierda sostiene una hoz con forma creciente, relacionándola con la luna y con Hécate. Con el bastón de su mano derecha dibuja un círculo mágico protector. Fuera del círculo, el paisaje es desértico y estéril; un grupo de grajos o de cuervos y una rana -todos símbolos del mal y asociados con la brujería- están apartados. Sin embargo, dentro del círculo, se encuentra la propia mujer y objetos de belleza como las flores.
El significado del cuadro no es claro, pero su misterio y su exotismo llamó la atención a los espectadores de la época. Cuando el cuadro se mostró en la “Royal Academy” en 1886, la obra tuvo una gran acogida de público y crítica. El cuadro se vendió en ese mismo año por 650 libras por la “Tate Gallery”, a través del legado Chantrey.
- Evelyn de Morgan – Medea (1889)
Evelyn De Morgan (1855 – 1919) fue una pintora inglesa prerrafaelita. Nació en el seno de una familia de clase media alta; su padre era el magistrado de Pontefract, Percival Pickering; su madre, Anna Maria Wilhelmina Spencer Stanhope, era hermana del artista John Roddam Spencer Stanhope y descendiente de Thomas Coke, conde de Leicester.
Evelyn comenzó a recibir clases de dibujo con 15 años y convenció a sus padres para que la inscribieran en un centro de arte y en 1873, se apuntó a la Slade School of Art. Su tío, John Roddam Spencer Stanhope, fue muy influyente para ella y solía ir a visitarlo a Florencia. Esto también hizo que se interesara por artistas del Renacimiento como Botticelli.
Se casó con el ceramista William De Morgan en 1887 y vivió con él en Londres hasta la muerte de William en 1917. Dos años más tarde falleció ella, está enterrada en el Brookwood Cemetery, cerca de Woking, Surrey.
Evelyn representó a Medea en su cuadro homónimo de 1889. Medea es hija de Eetes y de la ninfa Idía. Era sacerdotisa de Hécate, que algunos consideran su madre y de la que se supone que aprendió los principios de la hechicería junto con su tia, Circe. Según la mitología, Medea se vio obligada a dejar Yoclos junto con Jasón, hacia Corintio, ciudad sobre la que Medea pretendía tener derechos al trono. Allí Jasón acordó con el rey Creonte abandonar a Medea, para unirse a su hija Glauca. Medea, arrastrada por los celos, envió a Glauca como regalo de bodas un manto de irresistible belleza. Cuando ésta lo recibió de manos de la sirvienta se lo puso de inmediato, liberando la magia contenida, las llamas la consumieron totalmente a ella y a Creonte, que se abalanzó sobre ella con intención de salvarla. Y a continuación, para hacerle el máximo daño a Jasón mató a sus dos hijos que habían tenido en común.
- John William Waterhouse – Circe ofreciendo la copa a Ulises (1891)
Expuesta en la New Gallery en 1891, en el catálogo apareció ilustrada con la siguiente frase: “Paño de gasa azul. En el suelo, a sus pies, están esparcidas violetas. Detrás de ella, Ulises avanza y sus galeras se vislumbran entre los pilares.”
El tema mitológico representado por Waterhouse se corresponde al momento en el que Ulises, en su regreso de la Guerra de Troya, desembarcó a la isla de Aeaea, habitada por Circe, una bella y poderosa maga. La isla estaba repleta de cerdos y formas metamorfoseadas de hombres seducidos por sus potentes bebedizos de hierbas. Ulises perdió a toda su tripulación por sus encantos, pero armado con hierbas mágicas que Hermes le dio, consiguió deshacer sus hechizos y la obligó a liberar a sus hombres de sus formas de bestias.
En el cuadro destaca la representación de Circe como una mujer de gran poder. Además, sus paños transparentes forman una imagen de gran atractivo y sensualidad. A sus espaldas, un espejo permite ver su propio reflejo y a Ulises, que avanza hacia ella tras su invitación.
- John William Waterhouse – La dama de Shalott mirando a Lancelot (1894)
Este cuadro se inspiró en un poema homónimo de Alfred Tennyson publicado en 1842, que estaba as u vez inspirado en una leyenda artúrica. El poema cuenta la historia de Elaine, la dama de Shalott, que estuvo presa durante años en una torre situada en la isla de un río donde su única actividad era tejer. Sabía que no debía mirar nunca a través de la ventana porque, si lo hacía, caería sobre ella una terrible maldición. Así que se dedicaba a observar el mundo exterior a través de un espejo. Cuando un caballero, sir Lancelot, pasó junto a la torre montado en su caballo y cantando, la doncella se enamoró de él instantáneamente. La joven abandonó su telar y corrió hacia la ventana, pero entonces el espejo se rompió y ella entendió que había sido maldecida. Salió de la torre y subió a un bote, navegando a la deriva hacia Camelot y hacia su muerte.
- John William Waterhouse – La bola de cristal (1902)
La bola de cristal, muestra a una mujer vestida de rojo mirando fijamente a una bola de cristal, aparentemente realizando algún hechizo con la ayuda de un libro y una calavera. Esta obra se mostró juntó con The Missal, en la “Royal Academy” en el año 1902. Entró a formar parte de la Colección Pyman, siendo colgado en el comedor del Castillo Glendborrodale. El cuadro se vendió junto con el castillo cuando la propiedad cambió de dueños en 1952-1953. El nuevo propietario no le gustaba la calavera por lo que hizo que se retocase el cuadro para ocultarla. Cuando el cuadro fue finalmente vendido mediante una subasta en el Christie’s de Londres, un equipo de expertos, con Martin Beisly a la cabeza, realizaron un estudio que mostró que la superficie original estaba protegida con una capa de barniz y que por tanto se podría recuperar el cuadro a su estado primero.
VII. MÁRTIRES
Las santas mártires no son simplemente víctimas, sino heroínas triunfantes in extremis sobre sus perseguidores y verdugos. Algunas de estas mártires son la elocuente santa Catalina de Alejandría, la crucificada santa Eulalia e incluso una mártir pagana, canonizada tardíamente por el movimiento romántico: Safo de Lesbos. Safo recibió los homenajes poéticos de Leopardi y Baudelaire y dos prosistas influyentes, el crítico Sainte-Beuve y el helenista Émile Deschanel, que vieron en ella la encarnación misma de un cierto ideal literario: el de la poesía como confesión, como la voz de la pasión, siempre verdadera y natural.
- Caravaggio – Santa Catalina de Alejandría (1597)
Esta obra de Caravaggio le fue encargada en Roma, casi con toda seguridad, por su primer protector el cardenal Francesco Maria del Monte. La figura de Santa Catalina destaca por su naturalismo y la modelo ha sido identificada con Fillide Melandroni, una célebre cortesana de la época. Vestida ricamente como corresponde a una princesa y arrodillada sobre un cojín, mira al espectador. Santa Catalina aparece con todos los atributos que aluden a su martirio: la rueda con los cuchillos, la espada con la que fue decapitada y la palma. La luz ilumina de forma dramática la escena creando unos claroscuros típicos del pintor. La interpretación que Caravaggio hizo de la luz y el volumen, presentes en este lienzo, tuvo una enorme repercusión tanto en Italia como en el resto de Europa.
- Gaspar de Crayer – El martirio de Santa Catalina (1622)
Gaspar de Crayer (1582 – 1669) fue un pintor barroco flamenco. Siendo aún niño, se inició en la pintura con el anciano maestro Michel Coxcie. Matriculado en el gremio de San Lucas en Bruselas en 1607, permaneció en la capital de Brabante hasta 1660, para establecerse finalmente en Gante. Entre las numerosas pinturas realizadas en esta ciudad destaca el Martirio de San Blas y las obras que se encuentran en la catedral de San Bavón: San Macario, patrón de los apestados (1632?) ubicada en la Capilla de San Macario; La Asunción de la Virgen ubicada en la Capilla de Nuestra Señora de los Ángeles; El martirio de Santa Bárbara, ubicada en la Capilla de Santa Bárbara y La decapitación de San Juan Bautista (1657-1658), ubicada en la Capilla de Santa Coleta.
Crayer fue uno de los pintores más productivos y concienzudos de la escuela flamenca tardía, siguiendo a Rubens en el vigor de sus obras y a van Dyck en el refinamiento. Fue un buen conocido de los Archiduques Alberto de Austria e Isabel Clara Eugenia, soberanos de los Países Bajos católicos, que siempre le trataron con gran respeto. El cardenal-infante Fernando de Austria, hermano del rey Felipe IV y gobernador de los Países Bajos Españoles desde la muerte de su tía Isabel Clara Eugenia, hizo de él su pintor de cámara. Sus pinturas abundan en las iglesias y museos de Bruselas y Gante, no habiendo apenas una capilla de Flandes o Brabante que no pueda presumir de poseer una de sus lonas. No obstante, fue respetado más allá de sus país natal y algunas de sus obras pueden ser encontradas más al sur, como en Aix en la Provenza o en Amberg, en el Alto Palatinado.
Su habilidad como artista decorativo quedó plasmada en los paneles realizados para el arco del triunfo que se construyó para la entrada de Don Fernando de Austria en la capital flamenca tras su victoria en la Batalla de Nördlingen, algunos de los cuales se encuentran expuestos públicamente en el museo de Gante. Sus mejores obras son La pesca milagrosa en la galería de Bruselas, El Juicio de Salomón en la galería de Gante y las Madonas con Santos en el Louvre, en la pinacoteca de Múnich y en la Belvedere de Viena. Además caben destacar sus retratos del cardenal-infante Fernando de Austria y los del rey Felipe IV con armadura.
- Antoine-Jean Gros – Safo (1801)
Antoine-Jean Gros (1771 – 1835), fue un pintor francés y miembro de la nobleza (barón).  Su maestro fue el pintor y amigo Jacques-Louis David. Es conocido por sus pinturas históricas en las que Napoleón aparece frecuentemente como protagonista. Su pintura inicialmente neoclásica se acercó luego al romanticismo atraído por su fuerza y expresividad dramática. Esto queda reflejado en su obra Safo, donde la imagen de la figura femenina de la poetisa enamorada suspendida en el borde del abismo; suspendida entre el neoclasicismo y el romanticismo, entre la nostalgia de un orden inmutable y el vértigo de la historia que incesantemente fluye, entre las Luces ambiguas del ideal de una razón universal y los extraños sueños de la época sombría que dio nacimiento a la modernidad.
- Andrea Gastaldi – Safo (1872)
- John William Waterhouse – Santa Eulalia (1885)
Santa Eulalia fue martirizada en el siglo IV, a la edad de doce años, por negarse a hacer sacrificios para los dioses romanos. Dos verdugos rasgaron su cuerpo con ganchos de hierro, y quemaron su pecho y costados hasta que se ahogó por el humo. Según lo narrado por el poeta español Prudentius, a quien Waterhouse citó en el catálogo de la exposición, una paloma blanca emergió de la boca de Eulalia en el momento de su muerte y comenzó a caer una milagrosa nieve. Esta composición es muy atrevida. La figura aparece en un pronunciado escorzo y la nieve contrasta con la piel desnuda de Eulalia.
- Jean Jacques Scherrer – La entrada de Juana de Arco en Orleans (1887)
Jean Jacques Scherrer (1855-1916) fue un pintor francés nacido en Lutterbach, Alsacia. En 1887, Jean Jacques Scherrer consiguió obtener una medalla de tercera clase por este cuadro, La entrada de Juana de Arco en Orleans, que hoy en día es su obra más conocida. En el cuadro aparece Juana de Arco liderando, a los 17 años, las tropas de Francia para liberar al país de la presencia inglesa. La figura de Juana de Arco aúna a la mujer guerrera y la mujer mártir, siendo un icono heroico de gran presencia en la historia del arte.
VIII. MÍSTICAS
Los fenómenos místicos de orden corporal se reflejan principalmente sobre el organismo, en cualquiera de sus funciones vitales o en diferentes aspectos de su actividad y manifestaciones exteriores. Las levitaciones consisten en la elevación espontánea del suelo y en el mantenimiento del cuerpo humano sin ningún apoyo y sin causa natural visible. Por regla, le levitación mística se verifica mientras el paciente está en éxtasis y, si el cuerpo se eleva un poco, se llama éxtasis ascensional; si se eleva a gran altura, recibe el nombre de vuelo extático; y si comienza a andar velozmente a ras del suelo, pero sin tocarlo, se llama marcha extática. La levitación de las místicas puede ser una imagen de la experiencia de la mujer en etapas de transición como la adolescencia. Los poderes sobrenaturales atribuidos a las mujeres compensan su exclusión del sacerdocio en las sociedades patriarcales y encuentran un modo de expresión para sus experiencias silenciadas.
- Marina Abramovic – La cocina (2009)
La más ilustre de estas levitantes, santa Teresa de Ávila, es el objeto del homenaje de Marina Abramovic en su serie La cocina, un proyecto realizado en las cocinas de La Laboral de Gijón, perteneciente a monjas de clausura que cocinaban para ocho mil huérfanos diariamente en los años cincuenta. Con la elección del escenario, Abramovic quiere evocar la cocina de su abuela, una persona muy religiosa que la llevaba a la iglesia cada día. Para Abramovic, su abuela fue el centro de su mundo durante su infancia. El desarraigo de este mundo debido a su vida nómada por salir de Yugoslavia y conocer diferentes culturas, ha hecho que nunca volviese a utilizar la cocina para cocinar. De algún modo, esta serie refleja cierta nostalgia de ello. La cocina: Homenaje a Santa Teresa, también alude a los diarios de Santa Teresa de Ávila, donde se relata su experiencia levitando en una iglesia y como volviendo a casa hambrienta intenta cocinar la sopa y su levitación se lo impide, posee esa energía que ella no podía controlar y que la despegaba del suelo. Así pues, un don puede ser también un obstáculo en tu vida cotidiana.
- Julia Fullerton-Batten – In Between (2008-2009)
La levitación adquiere un matiz distinto en la serie de fotografías de Julia Fullerton-Batten titulada In Between cuyas protagonistas adolescentes parecen flotar en el aire. En ella, como en la serie anterior Teenage Stories, se explora la adolescencia femenina en cuanto período de transición en el que cuerpo se vuelve extraño y las emociones inestables, sin anclaje.
- Ferdinand Hodler  - Mujer jubilosa (1909); Canto desde la lejanía (1917)
Ferdinand Hodler representó la levitación en una de sus composiciones más conocidas,El elegido. El niño místico (el pintor hizo posar como modelo a su propio hijo, Hector) aparece allí orando en el centro de la escena ante un raquítico árbol de la vida y en torno a él, seis ángelas cuyos pies se elevan sobre el suelo unos centímetros. Así son los estudios de figuras femeninas destinadas a sus composiciones: Mujer jubilosa, Canto desde la lejanía, Mirada al infinito. Las figuras femeninas de Hodler se mueven como sonámbulas. Entonan un himno a la vida con la gravedad de una liturgia. Parecen alcanzar el éxtasis, pero sin goce carnal. Levantan los brazos para abrazar la naturaleza entera o para volar hacia el cosmos.
 
IX. LECTORAS
Un sedimento de los poderes espirituales tradicionalmente atribuidos a las mujeres queda en la figura de la lectora. La lectura encierra ecos de esos poderes espirituales, mágicos o místicos atribuidos a la mujer en la iconografía tradicional, que genera una burbuja, donde la mujer puede vivir su vida a través de otras vidas. La lectora se construye eso que Virginia Woolf denominó “una habitación propia”. La lectura es una actividad interior, que escapa a la representación pictórica. En pintura alguna vez se nos permite leer un título; el texto más allá siempre será ilegible, inaccesible. Por eso la representación de la lectura implica una exteriorización, una teatralización. Ya que no podemos leer el texto, leemos el cuerpo de la lectora, que escenifica o somatiza su lectura.
- Onorio Marinari – Santa Catalina leyendo un libro (1670)
Santa Catalina de Alejandría fue conocida por su conocimiento y sabiduría, y tras convertirse en reina, se convirtió al Cristianismo. Su belleza llamó la atención del Emperador Maximiano, que intentó cortejarla y debilitar su fe. Cuando se dio cuenta que su empresa era imposible, juró destruirla; primero torturándola con una máquina guarnecida con cuatro ruedas con pinchos, y finalmente siendo decapitada. En esta obra, Onorio Marinari representa a Santa Catalina en su estudio privado, recalcando su papel como patrona de la educación y el aprendizaje. La rueda rota, símbolo de su futuro martirio, apenas es visible en el fondo de la parte izquierda del cuadro. Atribuido a Onorio Marinari en la actualidad, durante mucho tiempo Santa Catalina leyendo un libro, fue consistentemente descrita como obra de Carlo Dolci (un artista muy admirado en el siglo XVIII y principios del XIX), cuando pertenecía a las colecciones de Choiseul y Poutalès-Gorgier. Esto explicaría el alto precio que pagó su último comprador, el cuarto Marqués de Herford, de unos 27.000 francos (1.080 libras).
- Gustav Adolph Hennig – Muchacha leyendo (1828)
Gustav Adolph Hennig (1789-1869) fue un pintor alemán que se formó como retratista bajo el pintor Christian Leberecht Vogel. Desde el año 1810, Hennig estudió en distintas academias, donde se formó con Johann David Schubert y Friedrich Matthäi. Continuó sus estudios, y acompañado por el grabador Christian Ernst Stözel, viajó a Italia en dos ocasiones (de 1822 a 1826 y de 1832 a 1833), visitando especialmente Florencia, Nápoles y Roma. En 1840 se convirtió en profesor de dibujo y más tarde director de la Academia de Lepizig. Su obra Muchacha leyendo, data de 1828, por lo que fue realizada tras su primer viaje a Italia. En esta obra destaca por su sencillez y austeridad.
- Charles de Steuben – La lectora (1829)
Charles de Steuben (1788 – 1856) fue un pintor francés activo durante el periodo napoleónico. Fue hijo de un oficial del ejército ruso, empezando su formación en la Academia de San Petersburgo. Cuando se trasladaron a París, tras varios años de preparación, Charles de Steuben consiguió entrar en la prestigiosa Escuela de Bellas Artes, (año 1805). En 1812 expone por primera vez en el Salón, algo que se repetiría hasta el año 1843 cuando regresó a Rusia por un periodo de once años. En San Petersburgo realizaría varios cuadros, destacando siete pinturas sobre la Catedral de San Isaac. Tras sufrir una apoplejía, regresó a Francia, pero su estado no le permitió seguir trabajando. Finalmente, Charles de Steuben moriría en 1856 en París. De Steuben se mantuvo siempre fiel en su gusto por la pintura clásica. Fue un gran amigo de Eugène Delacroix, el pintor romántico francés por excelencia, a quien le retrató en diversas ocasiones. Inicialmente, la pintura de Steuben seguía los preceptos de la escuela francesa clásica, cuyo máximo exponente era Jacques Louis David. David, en sus pinturas históricas utilizaba grandes contrastes, pesados contornos y líneas claras y firmes. El rigor de este estilo hizo que algunos artistas contemporáneos -incluyendo Prud’hon y Lefebvre- reaccionasen hacia una pintura menos rígida. Preferían la suavidad de claroscuros y colores de los pintores italianos como Leonardo da Vinci y Correggio. También Steuben, que había empezado su formación con David, sintió que su escuela era excesivamente rígida y dogmática, por lo que decidió formarse con Robert Lefebvre y con François Gérard. Steuben se caracterizó por sus equilibradas composiciones, excelentes pinceladas e impresionantes efectos de color.
- Antoine Wiertz – La lectora de novelas (1853)
Antoine Joseph Wiertz (1806 – 1865) fue un pintor y escultor romántico belga. La pintura monumental de Wiertz a menudo se mueve entre el academicismo clásico y un dramático romanticismo, entre lo grandioso y lo ridículo. Aunque su obra fue a menudo considerada art pompier, su lenguaje pictórico a pesar de ello anunciaba el simbolismo y una cierta clase de surrealismo, dos corrientes que serían muy fuertes en la pintura belga. Su cuadro La lectora de novelas, forma parte de la producción artística de Wiertz de la década de 1850, que se caracterizaron por su mensaje filosófico y social. En él, representa a una mujer, probablemente una novicia a juzgar por el hábito negro y la cinta rosa que se encuentra a pies de su cama, que se deja llevar por los placeres de la lectura. En el lado izquierdo, un diablo va depositando libros en su cama, con el fin de corromperla más fácilmente. En el título de un libro se puede leer Alexandre Dumas.
- Henri Fantin-Latour – Victoria Dubourg (1873)
El pintor francés Henri Fantin-Latour (1836-1904) se casó en 1875 con Victoria Dubourg, también pintora. Fantin-Latour la retrató en diversas ocasiones, como en su cuadro de 1873. Las pinturas de Victoria se vieron influenciadas por las de su marido, heredando su perspectiva artística. Victoria Dubourg realizó una gran labor de recopilación y ordenación de todas las planchas litográficas de Fantin-Latour, por lo que gracias a ella se han podido conservar.
- Mary Cassatt – Mujer leyendo (1878-1879)
La pintora norteamericana establecida en París a partir de 1875, fue la única artista de esta nacionalidad que presentó regularmente sus obras en las exposiciones de los impresionistas, grupos que se dedicaba a explorar los medios modernos de representar aspectos claves de la vida urbana contemporánea. Su cuadro Mujer leyendo es de 1878, poco después de conocer a Edgar Degas, quien ejerció una fuerte influencia sobre su obra. De Edgar Degas, y otros impresionistas, adquirie un interés en retratar la vida cotidiana, la inclinación hacia la íntima doméstica en lugar de lo social y lo urbano, con un especial énfasis en el tema de la madre y el hijo en la década de 1890.
- Édouard Vuillard - Madame Hessel con vestido rojo leyendo (1905)
Jean-Édouard Vuillard (1868-1940) fue un pintor francés, así como ilustrador perteneciente al grupo de los nabís formado por Pierre Bonnard y Maurice Denis, entre otros. En sus cuadros y piezas decorativas, Vuillard representó principalmente los interiores, las calles y los jardines. Marcados por un suave humor, están ejecutados en un delicado conjunto de colores suaves, borrosos, característicos de su arte. Vuillard estaba muy familiarizado con los espacios interiores y domésticos. Gran parte de su obra reflejó esta influencia, ampliamente decorativa, y a menudo representó modelos muy intrincados.
- Gerhard Richter – Leyendo (1994)
- Anni Leppälä – Leyendo (2010)
Anni Leppälä nació (1981) en Helsinki, Finlandia. Estudió en la Univerisdad de Arte y Diseño de Helsinki y al graduarse fue elejida como la artista finlandesa mas joven del año. Vive y trabaja en Helsinki. El trabajo fotográfico de Anni Leppälä plasma memorias listas para ser colgadas en paredes que adquirirán una nueva dimensión, una profundidad que va más allá del concreto y lo vuelve transparente.
“Mi interés hacia la fotografía está relacionado con la posibilidad de ser capaz de parar algo en el tiempo. Que algo haya estado pasando, y ahora haya sido puesto en un estado inmóvil. Hay un cierto aspecto de momentos perdidos, una presencia de tristeza y un sentimiento de alquiler cuando miramos las fotografías. Ellos existen en la intersección de los momentos: el constante cambio entre el sentimiento de estar vivo y el conocimiento de los momentos pasando.” Anni Leppälä
X. PINTORAS
A lo largo de la historia del arte, muchas pintoras han creado imágenes ante el espejo: el autorretrato. Pintoras desde Sofonisba Anguisciola hasta Frida Kahlo, con el autorretrato la mujer podía ser autora o creadora (un rol presuntamente masculino) sin dejar de ser modelo (el rol femenino convencional). Esta astuta combinación de actividad y pasividad, este convertirse en sujeto sin abandonar el papel de bello objeto fue la clave del éxito del autorretrato femenino en una sociedad patriarcal. Una sociedad que por otra parte personificaba a la Vanidad como una mujer que se mira al espejo. Con mucha frecuencia, la mujer se autorretrata como lo haría un colega masculino, con ropas de trabajo, paleta y pinceles en la mano y mirando al espectador. Este tipo de autorretrato, que alguien podría identificar como “masculino”, parece haber sido cultivado más asiduamente por las pintoras, acaso porque ellas necesitaban más vindicarse como profesionales.
- Sofonisba Anguissola – Autorretrato pintando a la Virgen (1556)
Sofonisba Anguissola (1532-1625) fue la primera mujer pintora de éxito del Renacimiento. A la edad de 14 años su padre la envió, junto con su hermana Elena, a estudiar con Bernardino Campi, pintor también nacido en Cremona, un respetado autor de retratos y escenas religiosas de la escuela de Lombardía. Posteriormente, Sofonisba continuó sus estudios con el pintor Bernardino Gatti hasta que en 1554 viajó a Roma. Allí conoció a Miguel Ángel, siendo instruida “informalmente” por el gran maestro. Sofonisba buscó las posibilidades para un nuevo estilo de retratos, con personajes en poses informales. Los miembros de su propia familia y su propio rostro eran los protagonistas más frecuentes de sus obras.
- Artemisia Gentileschi – Autorretrato como alegoría de la pintura (1638-1639)
- Angelica Kauffmann – El dibujo (1778-1780)
En El dibujo, Kauffmann se representa con un vestido de estilo romano y dispuesto de una manera neoclásica, con el cinturón bajo su pecho. Su pelo está atado con un lazo verde y su mirada se desvía del espectador. A sus espaldas se puede ver una ventana con montañas, mientras que en sus manos sostiene una paleta y un pincel. De este modo, Kauffmann se identifica a sí misma con la naturaleza y con su arte.
- Berthe Morisot – Autorretrato (1885)
Berthe Morisot (1841-1895) fue una pintora impresionista francesa. A la edad de 20 años conoció a Camille Corot, quien la admitió como su discípula y la introdujo en los círculos artísticos. En 1868, conoció a Édouard Manet y en 1874 se casó con su hermano menor, Eugène Manet. La técnica que desarrolla Morisot se basa en un tratamiento de pinceladas suaves desde un principio hasta que evolucione a un impresionismo más expresado en la pincelada, en concreto a partir de 1873, cuando el tratamiento más libre de la pinceladas rápidas y planas y la atmósfera más tratada con el color permitan reflejar una estética más de índole impresionista. A partir de 1880, la influencia de Renoir se refleja en su obra. La frescura luminosa de su paleta, la factura libre y vigorosa, así como, la atmósfera poética de sus lienzos, son reconocidas y admiradas.
- Frida Kahlo – Autorretrato con collar de espinas y colibrí (1940)
El 17 de septiembre de 1925, Frida sufrió un accidente en el camino de la escuela a casa. La colisión del autobús con un tranvía provocó la muerte de varios pasajeros. Frida Kahlo resultó gravemente herida y los médicos dudaban que fuera a sobrevivir. La desgracia la obligó a guardar cama durante meses, padeciendo frecuentes dolores en la columna y en el pie derecho. Durante este periodo, en el que su libertad de movimientos había quedado muy reducida, llegando al punto de pasar temporadas en cama sin moverse, Frida comenzó a pintar para olvidar el dolor y matar el aburrimiento. La cama fue cubierta con un baldaquín en cuyo lado inferior había un espejo todo a lo largo, de modo que podía verse a sí misma y servirse de modelo. Este fue el comienzo de los numerosos autorretratos que constituyen la mayoría de su obra. Los autorretratos la ayudaron a hacerse una idea de su propia persona y a crearla de nuevo tanto en el arte como en la vida, al objeto de encontrar una nueva identidad. Sus autorretratos acusan diferencias muy pequeñas: casi siempre con el mismo rostro máscara, que apenas deja entrever expresiones de sentimientos o estados de ánimo, la artista mira de frente al espectador. Sus ojos, cubiertos por las cejas oscuras, sorprendentemente enérgicas, que se unen sobre el nacimiento de la nariz como alas de pájaro, impresionan por su expresividad. En Autorretrato con collar de espinas (1940), por ejemplo, aparecen diversos elementos tomados claramente de la simbología cristiana. El collar de espinas que aprieta su cuello hasta hacerle sangrar recuerda la corona de espinas presente en la pasión de Cristo. Un mono manipulando inocentemente las espinas, un gato encrespado y un pájaro muerto colgado del collar simbolizan la crueldad, tan presente en la obra de Frida, que recrea con frecuencia en cuerpos heridos y mutilados que se exhiben como en un escenario. Las alas del colibrí muerto, que en la tradición mexicana simboliza buena suerte en el amor, imitan las cejas de Frida.
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~ by lostonsite on 27 abril, 2011.
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