Alexa Wilding:
Lilith entre los prerrafaelitas
Alexa Wilding: Lilith entre los prerrafaelitas.
1865. Dante
Rossetti, hastiado y profundamente melancólico por la muerte de su
esposa, Elizabeth
Siddal, encontró a Lilith, la
madre de los vampiros, en el rostro de una costurera.
Alexa Wilding fue el nombre terrenal de la Lilith de los
prerrafaelitas.
Oscuros analistas describen a Alexa Wilding como una actriz
frustrada, incapaz de enfrentarse al público, y finalmente relegada detrás del
escenario, cosiendo y remendando en silencio el suntuoso vestuario de la avante-garde
victoriana.
Dante Rossetti era un hombre gobernado por la pasión. Por aquellos
años, además de sus amantes oficiales, mantenía a una musa secreta, Fanny
Cornforth, a quien pintó hasta el cansancio. En cierto momento
sintió, quizá, que la geografía de aquella mujer no le ofrecía ningún descubrimiento
asombroso. En 1865 conoció a Alexa Wilding caminando por Arundel Club y
de inmediato supo que la haría eterna.
Inicialmente Alexa Wilding se mostró reacia a las solicitudes
pictóricas de Dante Rossetti. Coordinaron varias citas que luego
fueron canceladas, hasta que por fin cedió ante la elocuencia del poeta.
Las facciones delicadas de Alexa Wilding poblaron una pintura
monumental para ilustrar uno de los mejores poemas de
Dante Rossetti: La doncella
bienaventurada (The Blessed Damozel), y acaso también como
reflejo de La alcoba del
Edén (Eden Bower), uno de los versos más significativos
del mito hebreo
de Lilith.
El 1872, atacado por una terrible depresión matizada con láudano y opio, Dante
Rossetti utilizó a Alexa Wilding como vehículo para
exorcizar sus pesadillas. De esos encuentros nació el Ciclo Onírico,
una serie de dibujos y bosquejos verdaderamente inquietantes. Pero Alexa
Wilding no sólo fue una inspiración, o un medio, para proyectar los
demonios personales de Dante Rossetti, también fue el rostro y la
figura de la madre de los vampiros.
En 1867, Dante Rossetti había cometido uno de sus errores más
notables. Pintó a Lady Lilith, una figura mítica que lo
obsesionaba, basándose en la geografía de Fanny Cornforth. Pero cuando el
rostro de Alexa Wilding fue haciéndose parte inseparable de
sus sueños, decidió que sería ella la encargada de portar la terrible majestad
de Lilith.
Las apariciones de Alexa Wilding en en la obra de Dante Rossetti son
innumerables. La pintó hasta la obsesión y más allá, aunque nunca desarrolló la
intimidad que con tanta prodigalidad sostuvo con otras de sus modelos. Esta
distancia, quizá, logró plasmar aquella sensación de melancolía que rodean sus
obras, una noción de honda tristeza, de abismos temporales, el mismo que cae
sobre el ojo indiscreto que hurga en las sombras del pasado, buscando algún
atisbo de la verdad imperecedera de los viejos mitos.
https://elespejogotico.blogspot.com/2014/04/alexa-wilding-lilith-entre-los.html

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