lunes, 20 de abril de 2009

Recordamos al querido profesor Gregorio Klimovsky

klimovsky.jpg Gregorio Klimovsky es considerado uno de los mayores especialistas en epistemología de Latinoamérica. Estudió matemática en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires, donde llegó a Decano. Fue profesor emérito de dicha universidad y director del Departamento de Humanidades de la Universidad Favaloro. Su labor desbordó ampliamente el campo de la matemática cuando comenzó a abarcar disciplinas como la ética y la metodología de la investigación científica. Es entonces cuando se lo comienza a considerar -a partir de su labor en el Colegio Libre de Estudios Superiores- como uno de los iniciadores de la lógica y la filosofía de la ciencia en Argentina.

“Los pobres necios que se negaron a mirar por el telescopio de Galileo sabían lo que traían entre manos; si veían las lunas de Júpiter, se verían obligados a creer lo que no deseaban creer; por lo tanto, resultaba más sabio no mirar”.

Nada mejor que esta cita de John M. Ziman (El conocimiento público) para despedir a uno de los pensadores más brillantes que tuvo la Argentina.

El 19 de abril de 2009 dejamos de tener a Klimovsky físicamente pero su legado nos permitirá seguir manteniendo interminables conversaciones acerca de los grandes temas humanos. Temas que exploró con una profundidad y sensibilidad inusitadas, abriendo y multiplicando caminos realmente maravillosos.

Gregorio Klimovsky es considerado uno de los mayores especialistas en epistemología de Latinoamérica de la actualidad. Estudió matemática en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires, donde llegó a Decano. Fue profesor emérito de dicha universidad y director del Departamento de Humanidades de la Universidad Favaloro.

Su labor desbordó ampliamente el campo de la matemática cuando comenzó a abarcar disciplinas como la ética y la metodología de la investigación científica. Es entonces cuando se lo comienza a considerar -a partir de su labor en el Colegio Libre de Estudios Superiores- como uno de los iniciadores de la lógica y la filosofía de la ciencia en Argentina.

Los números en la vida de un grande

Como buen matemático su historia de vida académica y personal la asocia con los números –dice Diana Cazaux, periodista científica quien conversó con él largamente- 9 veces son las que lo echaron de universidades, 7 son sus pasiones intelectuales, 3 son los Premios Konex (uno de Brillante y dos de Platino) que coronaron su actividad, 8 son los Doctores Honoris Causa que ha recibido, 8.000 son los libros que acuña en sus bibliotecas, 50 son sus años de casado y 33 son las piedras que colecciona en una canastita que está sobre su escritorio. Cientos son las horas que ha dictado clase y miles quienes han sido sus alumnos.

Ver la entrevista a Klimovsky por Diana Cazaux para Universia

Cazaux no fue la única privilegiada en compartir charlas con el científico y filósofo argentino. Cuando trabajaba junto al Dr. René Favaloro –otro gran humanista que nos dejó un extraordinario legado a los argentinos- tuve el honor de conversar largamente con Klimovsky para preparar un libro sobre ética.

Recordar algunos de su pensamientos y reflexiones es una hermosa manera de rendirle homenaje a este lúcido y generoso hombre que seguirá iluminando nuestras indagaciones en todos los campos del saber.

Extractos de la entrevista Las elecciones responsables frente a las supersticiones académicas -publicada en el libro “Conversaciones sobre ética y salud” (Centro Editor de la Fundación Favaloro / Torres Agüero Editor, 1997)-.

En aquella oportunidad, le pregunté a Klimovsky:

-Cuando hablamos de ética solemos recurrir a los planteos de la tragedia griega. MacIntyre opina que la tarea moral del protagonista trágico puede llevarse a cabo mejor o peor -con independencia de la elección realizada entre las alternativas rivales- pues de antemano no hay elección correcta que pueda hacer. El protagonista trágico puede comportarse heroicamente o no, generosamente o no, con elegancia o sin ella, prudente o imprudentemente. Llevar a cabo esa tarea mejor más bien que peor será hacer lo que es mejor para él o ella como individuo, como padre o hijo, como ciudadano o miembro de una profesión. ¿Podríamos vernos a cada uno de nosotros como personajes trágicos cotidianos, tan sólo por el hecho de que a cada momento estamos tomando decisiones?

Dr. Gregorio Klimovsky: Ordinariamente los problemas de ética se ligan a indecisiones que se presentan cuando en una situación hay dos o más vías posibles entre las que se puede elegir. La cuestión ética radica en cuál de esas elecciones posibles favorece más al género humano o en el caso particular a los directamente involucrados. En el sentido negativo sería cuál de ellas perjudica más o contraviene principios éticos.

Sin embargo, hay una relación más complicada que conecta el tema ético con el tema del conocimiento. Pero, por lo general, en los tratados de ética médica y de biomedicina dicha relación queda relegada al olvido. Por ello, es conveniente plantear qué elementos quedan involucrados cuando se tiene que tomar una decisión.

Notemos que este es, por ejemplo, el problema de la medicina: ante un síntoma, un síndrome o una enfermedad, el médico tiene que elegir un curso de acción y según cómo lo haga dicha elección tendrá efectos positivos o negativos. De hecho, entonces, la responsabilidad del médico es muy grande desde el punto de vista ético pues estamos hablando de una elección que a veces involucra sufrimiento, alivio del sufrimiento, prolongación de la vida o recuperación de un estado de bienestar. Una elección efectuada de manera defectuosa sería para la justicia algo así como un delito culposo, aunque no implique mala intención.

-¿Qué es lo que tiene que tener en cuenta una persona que tiene que tomar una decisión, ya sea política, individual o frente a un proyecto?

Dr. Gregorio Klimovsky: La idea es que existen tres grandes factores de conocimiento y filosóficos que intervienen a la hora de tomar una decisión. En primer lugar, uno se propone un objetivo frente a una decisión. La decisión no es algo arbitrario sino que implica actuar de manera tal que, por ejemplo, un síntoma desaparezca o bien se trata de elegir entre varios proyectos alguno que revista interés nacional o bien se toma una decisión de carácter político-económico para asegurar el valor de una moneda o la conveniencia o no de aceptar un préstamo.

Cuando pretendemos alcanzar un objetivo, el paso inicial consiste en preguntarnos si desde el punto de vista lógico -debido a la estructura de los conceptos involucrados para pensar el proyecto o por las deducciones y creencias que de alguna manera están involucradas en el planteo del objetivo- hay o no contradicciones. Si las hubiere, el proyecto sería directamente inaplicable y el objetivo no se podría lograr. Así lo señala el principio lógico de no contradicción: una situación no puede ser y no ser simultáneamente.

Por consiguiente, lo primero que tenemos que hacer frente a un proyecto, ante un objetivo o una toma de decisión es interrogarnos acerca de la estructura lógica del proyecto o de la elección y esto implica pensarlo correctamente desde el punto de vista lógico.
Luego debemos analizar si las afirmaciones o composiciones que efectuamos al pensar la elección se contradicen.

La contradicción puede surgir no sólo de una oposición directa entre una tesis A y no A sino también de cuestiones deductivas. A veces el objetivo o la elección son complejos y se expresan en muchas frases. Éstas y las deducciones que se pueden realizar a partir de ellas son las que en ocasiones generan contradicción. Un conjunto de decisiones que lleva a contradicción es él mismo contradictorio y en consecuencia impracticable. Por ello, insistimos en el aspecto lógico, en la práctica del hábito de análisis lógico del conocimiento que como acabamos de ver implica varias incógnitas y problemáticas simultáneas. Esto es algo que quien tiene la responsabilidad de tomar decisiones debe aprender a dominar.

Pero el asunto no concluye aquí. Dentro de las posibles elecciones no contradictorias que quedan -una vez que se eliminan las que la lógica rechaza- todavía existe todo un espectro de posibilidades del que hay que escoger. Es cuando entra en escena un segundo factor o dimensión: el conocimiento.

El conocimiento cimentado según las leyes y teorías científicas nos indica lo que es fácticamente posible llevar a cabo. Una elección puede parecer lógica, no ser contradictoria y, sin embargo, imposible de realizar -ya sea por la falta de una técnica específica disponible o simplemente porque no hay forma de violentar las leyes naturales para lograrlo-. Este es un punto muy importante; si no hay información científica adecuada no puede haber una nítida discriminación entre proyecto razonable desde el punto de vista científico y proyecto absurdo de acuerdo con nuestros conocimientos de las propiedades de la realidad.

El conocimiento es la segunda dimensión implícita -aparte de la lógica- que interviene en la toma de decisiones. Si no hay un marco de conocimiento científico adecuado la decisión parece ser algo hecho casi al “boleo”, una especie de apuesta un tanto azarosa que termina muy mal.

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-Si partimos de la hipótesis de que ninguna persona vive realmente la vida que pretende sino la que resulta de su interacción con los demás, de su relación con otras personas, el relato de la vida de cualquiera es parte de un conjunto de relatos interconectados. Si somos “co-autores” de nuestra vida ¿cómo podemos compatibilizar nuestras propias necesidades con las de los que nos rodean sin alejarnos de nuestras intenciones, realizando elecciones auténticas?

Dr. Gregorio Klimovsky: Justamente para compatibilizar entra en juego el tercer factor al que aludimos. Aún eliminadas las elecciones, proyectos u objetivos que la lógica y el conocimiento científico consideran inadmisibles restan -probablemente- varias posibilidades más y aquí es donde aparece la dimensión ética de las decisiones.

El factor ético nos permite valorar y justipreciar la importancia o la conveniencia de las elecciones restantes. La reflexión ética nos ayuda a discernir cuál de las elecciones beneficia verdaderamente a la humanidad, a la nación o al enfermo.

Este es un problema de valores y tocaría el tema de la axiología, esa “parte” de la filosofía que se ocupa de cuál es la naturaleza de los valores y cómo de alguna manera tenemos una responsabilidad hacia ellos.

Hay elecciones lógicas, no contradictorias y fácticamente posibles pero condenables desde el punto de vista ético. Uno puede imaginar un médico que entre los cursos de acción que lógica y científicamente son factibles para tratar de suprimir un síntoma o una enfermedad elija el que le reporta honorarios más altos. La elección se basa, sin duda, en un criterio puramente económico. El valor que respalda la toma de esta decisión no es un valor ético por lo que la elección resulta defectuosa.

La reflexión ética -en cierto modo- nos compromete, por ejemplo, a un médico a favorecer al paciente y no exigir de él más de lo necesario para conseguir un resultado positivo.

La ética es también una combinación de conocimiento científico con problemas filosóficos. Es en parte científica porque no se pueden imponer principios éticos para cuya consecución haya que violentar leyes naturales o posibilidades tecnológicas. Este es el defecto que muchas veces tienen ciertas ideologías que son éticamente muy defendibles pero que en determinadas situaciones no se pueden aplicar porque contradicen leyes.

En el caso de la medicina, por ejemplo, no cabe duda que aquellas cosas que son éticamente elegibles para actuar sobre el enfermo tienen que considerar en su “peso valorativo” el conocimiento de las leyes (y teorías científicas) para saber si lo que se está eligiendo es posible de realizar.

La esencia de la ética es la problemática filosófica que indaga en qué consiste lo bueno y lo malo éticamente, qué es obligatorio, qué está permitido y qué está prohibido y, en general, todo aquello relacionado con el compromiso y el deber. Si nuestro discurso fuera el de la ciencia jurídica, tendríamos un problema más que es el de la responsabilidad, la culpa y el castigo.

Finalmente el profesor Klimovsky se refería a las variables que entraban en juego en el trabajo de investigación.

Dr. Gregorio Klimovsky: Los experimentos que realiza un investigador pueden ser brillantes y extremadamente convincentes para él pero deben probar su validez ante otros antes de resultar aceptables. Un solo observador, por honrado que sea -si suponemos que lo es-, puede engañarse pero para precisión científica resulta esencial que otros también lo vean.

El método científico es el instrumento adecuado para validar o no las observaciones. Sus normas intrínsecas permiten investigar sin perder de vista tanto los potenciales alcances como las verdaderas limitaciones. Es cierto que se necesita más valor para rechazar un resultado experimental que para aceptarlo incondicionalmente pero éste, y no otro, es el camino a seguir.

Las suposiciones enquistadas, las subjetividades, las creencias personales, la adhesión incondicional a teorías aún no probadas, el seguir una “moda científica” por una inclinación que podríamos denominar estética, el apego narcisista a las propias convicciones no fundamentadas contribuyen a la gestación de una especie de “superstición académica” que hay que desterrar.

La experimentación es el puente entre lo empírico y lo teórico. La sustancia básica de la teoría es la lógica y junto al razonamiento lógico aceptamos a la matemática, el cálculo y toda clase de pensamiento formal. Nadie duda hoy de que la mayor parte de la matemática es absolutamente correcta, en el sentido de que sus teoremas se derivan con rigor de sus acciones. También esto constituye conocimiento científico y como ya señalamos las tres dimensiones del problema a la hora de tomar una decisión son: la lógica, el conocimiento y la ética.

Por ejemplo, si un médico no está al tanto de las nuevas teorías, no tiene los conocimientos necesarios sobre biofísica y química biológica, no comprende la compleja interrelación de los procesos del organismo, su delicada homeostasis e incluso su cibernética, si no tiene ni idea de cómo puede influir un fármaco o una droga nueva en el mecanismo celular peca por ignorante y esta ignorancia lo conduce al error sistemático.

Esto me recuerda un episodio sucedido en la Universidad de La Plata, en una de las épocas funestas que le tocó vivir a nuestro país, cuando -una vez más- el nivel de formación de profesionales dejaba mucho que desear. Reunidos en el patio de la Facultad de Medicina, profesores y estudiantes debatían la situación educativa, los contenidos de los programas de estudio, la calidad de los docentes y las posibles medidas a tomar, cuando un hombre se levantó y dijo: “Sólo me resta hacer una invocación para que las cosas mejoren de alguna forma y no haya médicos brutos como yo que atiendan a la gente el día de mañana”.

Prof. Dr. Gregorio Klimovsky (Buenos Aires, 18 de noviembre de 1922 - 19 de abril de 2009).

Ver a Klimovsky en canal Encuentro


domingo, 19 de abril de 2009

"Outro lugar" Milton Nascimento

"Amor eu gosto tanto, eu amo, amo tanto o seu olhar
Andei por esse mundo louco, doido, solto com sede de amar
Igual a um beija-flor, que beija-flor,
De flor em flor eu quis beijar..."

"No tan alto" Pablo Neruda

De cuando en cuando y a lo lejos
hay que darse un baño de tumba.

Sin duda todo está muy bien
y todo está muy mal, sin duda.

Van y vienen los pasajeros,
crecen los niños y las calles,
por fin compramos la guitarra
que lloraba sola en la tienda.

Todo está bien, todo está mal.

Las copas se llenan y vuelven
naturalmente a estar vacías
y a veces en la madrugada,
se mueren misteriosamente.

Las copas y los que bebieron.

Hemos crecido tanto que ahora
no saludamos al vecino
y tantas mujeres nos aman
que no sabemos cómo hacerlo.

Qué ropas hermosas llevamos!
Y qué importantes opiniones!

Conocí a un hombre amarillo
que se creía anaranjado
y a un negro vestido de rubio.

Se ven y se ven tantas cosas.

Vi festejados los ladrones
por caballeros impecables
y esto se pasaba en inglés.
Y vi a los honrados, hambrientos,
buscando pan en la basura.
Yo sé que no me cree nadie.
Pero lo he visto con mis ojos.

Hay que darse un baño de tumba
y desde la tierra cerrada
mirar hacia arriba el orgullo.

Entonces se aprende a medir.
Se aprende a hablar, se aprende a ser.
Tal vez no seremos tan locos,
tal vez no seremos tan cuerdos.
Aprenderemos a morir.
A ser barro, a no tener ojos.
A ser apellido olvidado.

Hay unos poetas tan grandes
que no caben en una puerta
y unos negociantes veloces
que no recuerdan la pobreza.
Hay mujeres que no entrarán
por el ojo de una cebolla
y hay tantas cosas, tantas cosas,
y así son, y así no serán.

Si quieren no me crean nada.

Sólo quise enseñarles algo.

Yo soy profesor de la vida,
vago estudiante de la muerte
y si lo que sé no les sirve
no he dicho nada, sino todo.


Pablo Neruda

viernes, 17 de abril de 2009


Tras la tumba de Marco Antonio y Cleopatra

Arqueólogos en Egipto comenzarán a excavar sitios donde se cree están las tumbas de los antiguos amantes.

Arqueólogos en Egipto comenzarán a excavar tres sitios donde se cree están las tumbas de Cleopatra y Marco Antonio.

Las excavaciones, cerca de un templo al occidente de la ciudad de Alejandría, comenzarán la próxima semana.

La historia de la reina egipcia y su amante romano ha cautivado a generaciones durante más de 20.000 años.

Ambos tenían grandes ambiciones para la formación de un imperio egipcio, pero tras ser derrotados por un ejército romano se suicidaron en el año 30 AC.

Ahora los científicos dicen que tienen evidencia de que la famosa reina y su general fueron enterrados juntos en un sistema de túneles debajo del templo de Taposiris Magna.

El equipo de arqueólogos egipcios y dominicanos que han estado trabajando en la zona en los últimos tres años, afirma que llegaron a esa conclusión tras el reciente hallazgo de tumbas que contenían unas 10 momias, un busto de Cleopatra, monedas con su imagen y una máscara que se cree perteneció a Marco Antonio.

Tal como dijo a la BBC el doctor Zahi Hawass, director del Consejo Supremo de Antigüedades de Egipto, estos hallazgos demuestran que la ubicación es un sitio muy importante.

"El descubrimiento de este tipo de objetos demuestra que la gente que fue enterrada aquí fueron personajes importantes", afirma el arqueólogo.

"Por eso en semanas recientes alquilamos un equipo de escaneo por radar para analizar el suelo a unos 30 metros bajo la superficie y el radar mostró tres sitios donde podrían estar los restos y si tenemos suerte quizás encontraremos las tumbas de Cleopatra y Marco Antonio.

"Y si es así, podría ser el hallazgo arqueológico más importante del siglo XXI", afirma el científico.

Amantes fracasados

Los hallazgos recientes fueron hechos en una serie de pozos profundos bajo el templo construido durante el reinado de Ptolomeo II (282 a 246 AC).

Marco Antonio se suicidó en agosto del año 30 AC después de perder la batalla de Actium y pocos días después Cleopatra decidió también acabar con su vida. Sus tumbas fueron escondidas y hasta ahora no habían podido localizarse.

"Murieron en un período de guerras y la gente de Roma no los quería, así que creemos que Cleopatra ordenó esconder ambas tumbas y éste parece ser el lugar perfecto".

Según Zahi Hawass, si realmente logran ubicar las tumbas y éstas están intactas podrían contener artefactos preciosos y muy valiosos.

"Cleopatra fue una de las mujeres más poderosas de su época -expresa el doctor Hawass- y con sus encantos atrapó los corazones de dos de los hombres más poderosos de aquel tiempo: Julio César y Marco Antonio, así que es probable que haya objetos importantes".

Muerte misteriosa

Las leyendas cuentan que Cleopatra se suicidó con la mordedura de una víbora venenosa, pero tal como afirma el experto egipcio, nadie sabe con certeza cómo murió la faraona.

"Creemos que la idea de la víbora es algo romántica y le ha dado mucho misterio a su muerte, pero no estamos seguros de que realmente haya muerto así, como lo vemos en las películas.

"Lo cierto es que sí se suicidó, y la historia cuenta que cuando Octavio derrotó a Marco Antonio en Alejandría éste se suicidió. Cleopatra después trató de ganar el corazón de Octavio, pero cuando vio que no había esperanzas decidió también morir.

"Era una mujer sumamente ambiciosa y quería reinar el mundo desde Egipto".

Y a pesar de lo que dijo un equipo de expertos británicos hace dos años, que Cleopatra no era tan hermosa como se pensaba sino más bien era algo fea, el profesor Hawass afirma que el hallazgo reciente revela lo contrario.

"El busto que encontramos en Taposiris demuestra sus encantos, e indica que Cleopatra no era poco atractiva. Y creo que una mujer que logró atrapar los corazones de Julio César y Marco Antonio no pudo de ninguna forma ser una mujer fea", expresa el arqueólogo.

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martes, 14 de abril de 2009

Gabriel García Márquez

Tzvetan Todorov y Los géneros del discurso

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Mar de libros viejos *


“Un campo de estudios coherente, en la actualidad cruelmente fragmentado entre semánticos y literatos, socio y etno-lingüístas, filósofos del lenguaje y psicólogos, requiere entonces de manera imperiosa un reconocimiento en el cual la poética cedería su lugar a una teoría del discurso y al análisis de los géneros.”

Zvetan Todorov en Los géneros del discurso

Comentaremos a continuación el apartado La noción de Literatura, perteneciente al libro Los géneros del discurso de Tzevan Todorov.
Tras preguntarse qué es la literatura, este autor afirma en forma crítica que:
“Hay que comenzar a poner en duda la noción misma de literatura, no porque exista la palabra o porque se encuentre en las bases de toda la institución universitaria esta noción es obvia.”[1]
Puesto que hay razones tanto empíricas como teóricas para plantear esta duda. En cuanto a las razones empíricas podemos decir que existen sociedades sin literatura pero con prácticas literarias. Respecto a las razones teóricas se observa que puesto que hablar de literatura implica hablar de productos capaces de ejercer determinada función o de poseer una naturaleza común que podríamos definir como literaria, literatura sería aquello que tiene función literaria (definición funcional) o condición literaria (definición estructural). No obstante, Todorov plantea que no necesariamente esto debe ser así ya que hay textos que desempeñan una función literaria sin ser literatura e, inversamente, hay textos que se los considera literatura sin que participen de la condición de ser literarios.
Jakobson definió la función poética del lenguaje y agregó que esta función no es exclusiva de la literatura. De modo que Todorov abandona la definición en términos de función y elige la vía de definir a la literatura en términos de estructura.
Si bien la palabra literatura es un concepto europeo del siglo XVIII que remite al significante letra imprenta (libro, objeto característico de la cultura europea moderna). Todorov comienza remitiéndonos a la primera definición de literatura que se puede encontrar en nuestra tradición: la que nos brinda Aristóteles. Según esta posición, la poesía es una de las artes miméticas (arte que se caracteriza por su capacidad de imitar). De modo que la primera definición estructural nos permitiría entender que la literatura es ficción. No obstante, esta definición no es útil para comprender, por ejemplo, a la poesía, género que con frecuencia no representa otra cosa exterior a ella misma. Dice Todorov:
“Si bien todo lo que ha sido considerado como literatura no es obligatoriamente ficticio, inversamente, toda ficción no es forzosamente literatura.”[2]
El intento hacer esta definición un poco más conveniente derivó en una segunda definición estructural acuñada en la modernidad, más precisamente en el siglo XVIII. En este momento, autores como Kant afirmaban que la literatura pertenece al orden de lo bello. De este tipo de afirmaciones deduce Todorov que la literatura pertenece al orden de lo intransitivo y no instrumental. Es decir, la literatura no persigue ningún fin práctico (según Kant, es autotélica) y no se apoya en otros entes ya que es intransitiva. Ideas estas muy presentes en la teoría del arte por el arte. Esta idea de la literatura intransitiva, no instrumental, se proyecta en el siglo XX en las definiciones de los formalistas rusos en las que el signo poético en lugar de orientarse hacia su referente se orienta hacia sí mismo.No obstante, Todorov deja en claro que:
“Tal definición no merece ser calificada de estructural; en ella se nos dice lo que la literatura debe hacer, pero de ninguna manera cómo llega a hacerlo.”[3]
Además, está bien claro que este punto de vista que erige a la literatura como una entidad autotélica es dudosamente aplicable al caso de la novela.
Finalmente, Todorov arriba a la conclusión de que ni la definición funcional, sea lo que ésta sea. Ni la definición estructural alcanzan a dar cuenta de la noción de literatura. El autor denuncia una imposibilidad de dar cuenta de lo que es el universo literario. Eso que llamamos literatura se nos presenta, entonces, como un espacio con límites imprecisos que no es posible aprehender desde ninguna de las dos definiciones.
Sucede que estas definiciones no son útiles para dar cuenta de la totalidad de la literatura pero sí para explicar determinados géneros literarios: la primera definición serviría para dar cuenta de la prosa y la segunda definición nos sería útil para entender al género de la poesía.
“De este modo se han caracterizado dos grandes géneros literarios, creyendo cada vez que se estaba caracterizando a toda la literatura. (...) De manera semejante, pueden identificarse las reglas de los discursos juzgados habitualmente como «no literarios». Propondré entonces la siguiente hipótesis: si uno opta por un punto de vista estructural, cada tipo de discurso frecuentemente considerado literario tiene parientes no literarios cuya cercanía le será más próxima que la de cualquier otro tipo de discurso literario. (...) Así, la oposición entre literatura y no literatura cede su lugar a una tipología de los discursos.”[4]
La propuesta / salida que plantea Todorov implica un cambio de paradigmas. El plantea que en lugar adoptar el punto de vista de la poética como disciplina que dice cuáles son los géneros y qué es la literatura, sería conveniente pensar todos los hechos literarios desde una teoría de los discursos. Esta teoría articularía en el análisis lo literario y lo no literario dando cuenta de sus especificidades y de sus modos. Este nuevo enfoque implicaría observar y analizar a la literatura (y a la no-literatura) dentro de la perspectiva de una teoría de los discursos.
De modo que la pregunta ontológica por la literatura despliega ahora un sentido metodológico. Todorov de esta manera no nos da una respuesta pero dispara dardos específicos que pueden sernos muy útiles a la hora de enfrentarnos al análisis de la obra literaria.

Marcos Carlos Carbajo