martes, 26 de julio de 2011

Mermelada de peras

Mermelada de peras

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INGREDIENTES
2 y 1/2kg de peras bien sanas y no demasiado maduras
4 tazas de azúcar ( 800 gramos )
1 taza de agua ( 250cc. )
1 taza de vino blanco seco ( 250cc. )
2 limones

PREPARACION
Lavar las peras, secarlas y pelarlas.
Sacarles las semillas y cortarlas en trozos pequeños. Rociarlas con el jugo de un limón.

Colocar las peras en una cacerola junto con el azúcar, mezclar bien y dejar unas horas en reposo.

Luego agregar el agua, el vino blanco y la cáscara de un limón.
Cocinar durante 30 minutos con la cacerola destapada a fuego moderado.
Apagar el fuego y dejar hasta el día siguiente para completar su punto.

Al otro día continuar su cocimiento a fuego suave, y revolviendo constantemente con cuchara de madera, para evitar que se pegue, hasta que las peras estén deshechas y la mermelada tenga un aspecto cristalino. Retirar del fuego, quitar la cáscara de limón y envasar en caliente.


Read more: http://www.solopostres.com/ver-receta.php?id=292#ixzz1TGgUdHVZ

sábado, 23 de julio de 2011

MEDIANOCHE EN PARIS

MEDIANOCHE EN PARIS
na familia que viaja a la capital francesa por trabajo y una pareja joven que al comenzar la película está comprometida para casarse. En la ciudad más romántica del mundo, todos vivirán experiencias que les cambiarán la vida. Medianoche en París también gira en torno al gran amor de un hombre por la ciudad, y alrededor de la ilusión –compartida por muchos- que las vidas de los otros son mejores que las propias. Al comienzo de la historia, Gil, un guionista, (Owen Wilson) e Inez, su novia (Rachel McAdams) llegan a Paris aprovechando un viaje de negocios del padre de ella. El estar en Paris, le hace recordar a Gil –quien vivió un tiempo allí cuando tenía 20 años- sus antiguas ambiciones literarias. En Paris, Gil conoce a Adriana (Marion Cotillard). Cuando Adriana lee las primeras líneas del proyecto de novela de Gil, inmediatamente se siente atraída por él. A su vez, Inez comienza a pasar tiempo en Paris con Paul (Michael Sheen), un intelectual muy buen mozo que visita la ciudad con su esposa, mientras esta da conferencias en la Sorbona. Nada volverá a ser como era.
Director: Woody Allen
Protagonistas: Kathy Bates, Adrien Brody, Carla Bruni, Marion Cottillard, Rachel McAdams, Michael Sheen, Owen Wilson
Titulo Original: Midnight in Paris
Genero: Comedia
Duración: 100'
Calificación: ATP
Distribuidora: Diamond
Origen: USA, España, Francia (2011)
Copias: 50
Estreno en Corrientes: 2011/07/15
Estreno en Bs.As.: 2011/06/30
TRAS CAMARA
Guion: Woody Allen
Fotografia: Darius Khondji Asc, AFC
Montaje: Alisa Lepselter



sábado, 16 de julio de 2011

Perramus

Los súper poderes de Sasturain (parte 1)




Juan Sasturain nos citó en su casa un día de verano de 2002 a las once. La entrevista iría sobre su carrera como guionista de historietas. Lo sentamos en un sillón de la sala junto a la ventana que daba al patio interno, como fondo tenía su imponente biblioteca. Apenas harían falta un par de luces de relleno y un contraluz discreto para compensar el chorro de luz que se colaba por los cristales. “¿A ver, chicos, me quito los anteojos? Digo, por el reflejo que dan a cámara”. “No, con los anteojos está bien, como se sienta Usted más cómodo”. “Ah, bueno, con anteojos mejor”.

Bastó una sola pregunta, la inicial para romper el hielo, para que Juan Sasturain nos sumergiera en un universo aparte y nos regalara una de las entrevistas más impresionantes de la vida. Nos habló de su “Perramus”, un héroe sin memoria que debe su nombre a la etiqueta de su impermeable –el único bien que tiene-, y que fuera construido con la ayuda del dibujante Alberto Breccia. El persoanje llega a la ciudad de Santa María, una especie de Buenos Aires paralela gobernada por los Mariscales (dibujados como cadáveres) que tratan de imponer su férrea dictadura pero son saboteados por una organización clandestina llamada la Triple V. Jorge Luis Borges es uno de los colaboradores de la conspiración y en sus conferencias transmite a los revolucionarios mensajes subversivos cifrados entre los versos de Quevedo. Más adelante Borges, en otro episodio de Perramus, ganará ese Nobel que la vida le negó.

Pero lo insólito es que Juan Sasturain, haciendo alarde de sus dotes de narrador, comienza a hablarnos de Perramus y de ese universo paralelo como si se tratara de un documental, como si él estuviera develando la otra historia, la que fue silenciada o la que no fue.Podría jurar que Sasturain no hablaba de un personaje de cómic, estaba refiriéndose a una persona que parecía ser su padre, su hermano, acaso su hijo. Y en un punto, cuando está refiriéndose a la parte más oscura, la más tenebrosa, un instante en que Perramus se encara con la muerte, ocurrió lo inexplicable: una enorme nube gris tapó el sol y se hizo la oscuridad. Una oscuridad nocturna en pleno mediodía del verano austral. Sasturain, sin interrumpirse, siguió hablando del descenso a los infiernos, de los cadáveres, del oscuro poder de los militares y la fragilidad casi febril de la resistencia. Nosotros no sabíamos si cortar o seguir grabando. Teníamos miedo, miedo del que te afloja las piernas, pero también miedo de romper el encanto. Apenas se veían los tímidos reflejos de las luces sobre sus lentes mientras el hombre relataba, sin parar, con una voz ronca que parecía no ser suya, sobre el desasosiego, la duda y la soledad del héroe.

Al rato pasó la nube, y con la nube se fue ese paréntesis de vértigo. Volvió la luz, Juan Sasturain nos ofrecía un té, sonreía, se lo notaba radiante, afable, listo para comerse un asado.

Cuando terminamos de recoger los equipos nos despedimos con un abrazo y llamamos al ascensor. Durante el descenso: “Qué cosa tan rara la que pasó, ¿no?” dije. “Chamo, a mí me dio caga y todo” me contestó el productor. “Yo creo que este pana está tan metido en sus cómics que terminó convertido en unos de sus personajes” sostuvo el camarógrafo.

“Papá, yo te digo una vaina, ese hombre acaba de apagar el día” agregó Richita. Creo que no existe frase más feliz para explicarlo.


miércoles, 13 de julio de 2011

SINAPISMO

SINAPISMO

Sugerida por...Thiago1. Cataplasma hecha con polvo de mostaza. En medicina.
2. Persona o cosa que molesta o exaspera. Coloquial.

Del latín sinapismus, y este del griego σιναπισμός, de σίναπι: "mostaza".

El sinapismo es una cataplasma de mostaza (palabra que en castellano clásico se denominaba "jenabe", proveniente del latín "sinapi", de ahí el origen de nuestra voz de hoy). Se trata de un mejunje de uso externo y local, de consistencia blanda, y que se aplica sobre todo caliente para conseguir efectos calmantes. Tuvo gran éxito hasta la aparición de los antibióticos para combatir las afecciones pulmonares... y aún hoy sigue siendo un remedio natural contra catarros.

Para elaborar los sinapismos se utiliza harina de mostaza blanca, mezclada a partes iguales con agua, receta magistral que ya usaba el insigne Auguste Nélaton (1807-1873, un reputado cirujano francés a quien debemos la sonda de exploración que lleva su nombre). Transcribimos un fragmento de su Tratado de patología quirúrgica.

Los sinapismos son tópicos irritantes compuestos de harina de mostaza. Para aplicar un sinapismo se empieza por reducir la harina al estado de masa añadiéndole agua y cuando presenta una consistencia conveniente, se la extiende sobre un lienzo de modo que forme una capa regular de 8 á 40 milímetros de espesor…

Hmmmm... así que el sinapismo es un "tópico irritante", que provoca irritación el la piel al aplicarlo, según palabras del propio doctor... eso explica de dónde proviene la segunda acepción de nuestra voz del día, empleada para designar coloquialmente a una persona que molesta y exaspera...

Hoy os dejamos con un interesante verso de Juan Martínez Villegas (1816-1894) escritor satírico, periodista y político español.

…Más otra vez mi pecho se entusiasma,
Y hoy, vive el cielo, cada verso mio
Sinapismo ha de ser, no cataplasma…

¡Hasta el próximo remedio!

martes, 12 de julio de 2011

¿De qué sirve el profesor?

¿De qué sirve el profesor?

Por Umberto Eco
Para LA NACION

Lunes 21 de mayo de 2007 | Publicado en edición impresa
¿De qué sirve el profesor?
Caricatura Kovensky

¿En el alud de artículos sobre el matonismo en la escuela he leído un episodio que, dentro de la esfera de la violencia, no definiría precisamente al máximo de la impertinencia... pero que se trata, sin embargo, de una impertinencia significativa. Relataba que un estudiante, para provocar a un profesor, le había dicho: "Disculpe, pero en la época de Internet, usted, ¿para qué sirve?"

El estudiante decía una verdad a medias, que, entre otros, los mismos profesores dicen desde hace por lo menos veinte años, y es que antes la escuela debía transmitir por cierto formación pero sobre todo nociones, desde las tablas en la primaria, cuál era la capital de Madagascar en la escuela media hasta los hechos de la guerra de los treinta años en la secundaria. Con la aparición, no digo de Internet, sino de la televisión e incluso de la radio, y hasta con la del cine, gran parte de estas nociones empezaron a ser absorbidas por los niños en la esfera de la vida extraescolar.

De pequeño, mi padre no sabía que Hiroshima quedaba en Japón, que existía Guadalcanal, tenía una idea imprecisa de Dresde y sólo sabía de la India lo que había leído en Salgari. Yo, que soy de la época de la guerra, aprendí esas cosas de la radio y las noticias cotidianas, mientras que mis hijos han visto en la televisión los fiordos noruegos, el desierto de Gobi, cómo las abejas polinizan las flores, cómo era un Tyrannosaurus rex y finalmente un niño de hoy lo sabe todo sobre el ozono, sobre los koalas, sobre Irak y sobre Afganistán. Tal vez, un niño de hoy no sepa qué son exactamente las células madre, pero las ha escuchado nombrar, mientras que en mi época de eso no hablaba siquiera la profesora de ciencias naturales. Entonces, ¿de qué sirven hoy los profesores?

He dicho que el estudiante dijo una verdad a medias, porque ante todo un docente, además de informar, debe formar. Lo que hace que una clase sea una buena clase no es que se transmitan datos y datos, sino que se establezca un diálogo constante, una confrontación de opiniones, una discusión sobre lo que se aprende en la escuela y lo que viene de afuera. Es cierto que lo que ocurre en Irak lo dice la televisión, pero por qué algo ocurre siempre ahí, desde la época de la civilización mesopotámica, y no en Groenlandia, es algo que sólo lo puede decir la escuela. Y si alguien objetase que a veces también hay personas autorizadas en Porta a Porta (programa televisivo italiano de análisis de temas de actualidad), es la escuela quien debe discutir Porta a Porta. Los medios de difusión masivos informan sobre muchas cosas y también transmiten valores, pero la escuela debe saber discutir la manera en la que los transmiten, y evaluar el tono y la fuerza de argumentación de lo que aparecen en diarios, revistas y televisión. Y además, hace falta verificar la información que transmiten los medios: por ejemplo, ¿quién sino un docente puede corregir la pronunciación errónea del inglés que cada uno cree haber aprendido de la televisión?

Pero el estudiante no le estaba diciendo al profesor que ya no lo necesitaba porque ahora existían la radio y la televisión para decirle dónde está Tombuctú o lo que se discute sobre la fusión fría, es decir, no le estaba diciendo que su rol era cuestionado por discursos aislados, que circulan de manera casual y desordenado cada día en diversos medios –que sepamos mucho sobre Irak y poco sobre Siria depende de la buena o mala voluntad de Bush. El estudiante estaba diciéndole que hoy existe Internet, la Gran Madre de todas las enciclopedias, donde se puede encontrar Siria, la fusión fría, la guerra de los treinta años y la discusión infinita sobre el más alto de los números impares. Le estaba diciendo que la información que Internet pone a su disposición es inmensamente más amplia e incluso más profunda que aquella de la que dispone el profesor. Y omitía un punto importante: que Internet le dice "casi todo", salvo cómo buscar, filtrar, seleccionar, aceptar o rechazar toda esa información.

Almacenar nueva información, cuando se tiene buena memoria, es algo de lo que todo el mundo es capaz. Pero decidir qué es lo que vale la pena recordar y qué no es un arte sutil. Esa es la diferencia entre los que han cursado estudios regularmente (aunque sea mal) y los autodidactas (aunque sean geniales).

El problema dramático es que por cierto a veces ni siquiera el profesor sabe enseñar el arte de la selección, al menos no en cada capítulo del saber. Pero por lo menos sabe que debería saberlo, y si no sabe dar instrucciones precisas sobre cómo seleccionar, por lo menos puede ofrecerse como ejemplo, mostrando a alguien que se esfuerza por comparar y juzgar cada vez todo aquello que Internet pone a su disposición. Y también puede poner cotidianamente en escena el intento de reorganizar sistemáticamente lo que Internet le transmite en orden alfabético, diciendo que existen Tamerlán y monocotiledóneas pero no la relación sistemática entre estas dos nociones.

El sentido de esa relación sólo puede ofrecerlo la escuela, y si no sabe cómo tendrá que equiparse para hacerlo. Si no es así, las tres I de Internet, Inglés e Instrucción seguirán siendo solamente la primera parte de un rebuzno de asno que no asciende al cielo.

La Nacion/L’Espresso (Distributed by The New York Times Syndicate)

(Traducción: Mirta Rosenberg)