domingo, 23 de abril de 2017

Dublineses - James Joyce

Molly Bloom's Soliloquy (Ulysses 18: Penelope) James Joyce

Ulises de James Joyce la película (monólogo de Stephen Dedalus)

Fragmentos de Molly Bloom, de James Joyce por Cristina Banegas

El espejo de Matsuyama


Anónimo: Oriente

En Matsuyama, lugar remoto de la provincia japonesa de Echigo, vivía un matrimonio de jóvenes campesinos que tenían como centro y alegría de sus vidas a su pequeña hija. Un día, el marido tuvo que viajar a la capital para resolver unos asuntos y, ante el temor de su mujer por viaje tan largo y a un mundo tan desconocido, la consoló con la promesa de regresar lo antes posible y de traerle, a ella y a su hijita, hermosos regalos.
Después de una larga temporada, que a la esposa se le hizo eterna, vio por fin a su esposo de vuelta a casa y pudo oír de sus labios lo que le había sucedido y las cosas extraordinarias que había visto, mientras que la niña jugaba feliz con los juguetes que su padre le había comprado.
-Para ti -le dijo el marido a su mujer- te he traído un regalo muy extraño que sé que te va a sorprender. Míralo y dime qué ves dentro.
Era un objeto redondo, blanco por un lado, con adornos de pájaros y flores, y, por el otro, muy brillante y terso. Al mirarlo, la mujer, que nunca había visto un espejo, quedó fascinada y sorprendida al contemplar a una joven y alegre muchacha a la que no conocía. El marido se echó a reír al ver la cara de sorpresa de su esposa.
-¿Qué ves? -le preguntó con guasa.
-Veo a una hermosa joven que me mira y mueve los labios como si quisiera hablarme.
-Querida -le dijo el marido-, lo que ves es tu propia cara reflejada en esa lámina de cristal. Se llama espejo y en la ciudad es un objeto muy corriente.
La mujer quedó encantada con aquel maravilloso regalo; lo guardó con sumo cuidado en una cajita y sólo, de vez en cuando, lo sacaba para contemplarse.
Pasaba el tiempo y aquella familia vivía cada día más feliz. La niña se había convertido en una linda muchacha, buena y cariñosa, que cada vez se parecía más a su madre; pero ella nunca le enseñó ni le habló del espejo para que no se vanagloriase de su propia hermosura. De esta manera, hasta el padre se olvidó de aquel espejo tan bien guardado y escondido.
Un día, la madre enfermó y, a pesar de los cuidados de padre e hija, fue empeorando, de manera que ella misma comprendió que la muerte se le acercaba. Entonces, llamó a su hija, le pidió que le trajera la caja en donde guardaba el espejo, y le dijo:
-Hija mía, sé que pronto voy a morir, pero no te entristezcas. Cuando ya no esté con ustedes, prométeme que mirarás en este espejo todos los días. Me verás en él y te darás cuenta de que, aunque desde muy lejos, siempre estaré velando por ti.
Al morir la madre, la muchacha abrió la caja del espejo y cada día, como se lo había prometido, lo miraba y en él veía la cara de su madre, tan hermosa y sonriente como antes de la enfermedad. Con ella hablaba y a ella le confiaba sus penas y sus alegrías; y, aunque su madre no le decía ni una palabra, siempre le parecía que estaba cercana, atenta y comprensiva.
Un día el padre la vio delante del espejo, como si conversara con él. Y, ante su sorpresa, la muchacha contestó:
-Padre, todos los días miro en este espejo y veo a mi querida madre y hablo con ella.
Y le contó el regalo y el ruego que su madre la había hecho antes de morir, lo que ella no había dejado de cumplir ni un solo día.
El padre quedó tan impresionado y emocionado que nunca se atrevió a decirle que lo que contemplaba todos los días en el espejo era ella misma y que, tal vez por la fuerza del amor, se había convertido en la fiel imagen del hermoso rostro de su madre.
FIN

El pescador Urashima


El pescador Urashima


Había una vez un joven pescador llamado Urashima que se paseaba junto al mar. Se disponía a regresar a su casa, para comer junto a su anciana madre cuando oyó los gritos de unos chiquillos.
__ Venga, corre, súbete tú también.
__¡Dale fuerte! –gritaba el otro-, pero no le golpees en el caparazón que esta muy duro y no se entera.
Temiendo que sucediera algo grave, Urashima corrió al lugar del que provenían las voces y vio junto a la playa a dos muchachos que estaban sentados encima de una tortuga gigante y la golpeaban con estacas para que caminase más deprisa.
__Dejad a esa pobre tortuga -dijo Urashima- no veis cómo sufre?
__Le haremos lo que nos dé la gana -replicó el más atrevido de los muchachos- ¿Es que acaso es tuya la tortuga?
__No, pero me da pena que peguéis a un animal inofensivo.
__¿Y a mí que me importa? -volvió a decir el muchacho-. La hemos encontrado nosotros.
__ Os daré dos monedas de bronce a cambio de la tortuga, ¿qué os parece?
Los dos muchachos se miraron y enseguida estuvieron de acuerdo en aceptar las monedas. Bajaron de la tortuga y se fueron corriendo a comprarse golosinas.
Urashima ayudó a la tortuga a volver al mar, empujando su pesado cuerpo, y el gran animal se sumergió en el agua. Antes de alejarse, se giró hacia Urashima y le miró agradecida.
__Parece que eres una tortuga muy lista -dijo Urashima-, pero la próxima vez ten más cuidado, porque no sé si yo estaré cerca para salvarte.
Al día siguiente Urashima estaba pescando mar adentro en su barca, cuando le pareció que alguien le llamaba: “Urashima, Urashima…”
“Debo estar soñando”, pensó el joven pescador y se dispuso a lanzar de nuevo la caña. Pero entonces volvió a escuchar aquella dulce voz: “Buenos días Urashima”.
Al girarse, Urashima vio que la tortuga se acercaba a la barca.
__Te debo la vida, amable Urashima –dijo la tortuga-. Se lo he contado a la reina de los mares y quiere conocerte, así que monta sobre mi lomo y te llevaré hasta ella.
Urashima se subió sobre la tortuga, un poco asustado pero preguntándose cómo acabaría la aventura. Y entonces la tortuga se sumergió en el mar.
Aunque creía que iba a morir, el pescador descubrió asombrado que podía respirar bajo el agua. A lomos de la tortuga, contempló paisajes extraordinarios de nácar y coral, peces de colas plateadas, doradas y azules, pulpos y tiburones que pasaban a su lado sin atacarle y, allí, en el fondo del mar, distinguió un hermoso palacio de madreperla rosada.
__Ya hemos llegado a la mansión de la reina de los mares -dijo la tortuga.
Urashima descendió junto  a las escaleras del palacio. La reina de los mares le estaba esperando en persona y decenas de muchachas miraban a Urashima y reían felices.
__Has salvado a uno de mis súbditos -dijo la bella reina de los mares-, y quiero agradecértelo. Puedes quedarte en mi reino todo el tiempo que desees.
__Gracias majestad -respondió Urashima, que estaba tan asombrado que no sabía que decir.
En los siguientes días, el joven pescador disfrutó de los más deliciosos manjares y de todo tipo de espectáculos, como las danzas de las sirenas.
Aunque era muy feliz en el palacio de la reina de los mares, Urashima también echaba de menos a su anciana madre y la sombra de los cerezos de su jardín.
__Majestad -le dijo un día a la reina de los mares- me habéis tratado muy bien, pero deseo regresar junto a mi madre para cuidar de ella.
__Eres libre para regresar cuando quieras -dijo la reina de los mares.
Intentando disimular la tristeza por ver a Urashima marcharse, la reina llamó a la dama tortuga.
__Lleva de nuevo a Urashima a su hogar.
Urashima montó en la tortuga, pero antes de despedirse, la reina se acercó a él y le dijo:
__Urashima, nunca olvidaré lo generoso que fuiste. Quiero darte un recuerdo de mi mundo.
Y la reina le entregó una cajita de laca marina, en la que se podía ver un paisaje de olas que cambiaban de color bajo un cielo azul.
__Con esta cajita podrás ser siempre feliz -le dijo la reina de los mares- pero acuérdate de que nunca debes abrirla, por mucha curiosidad que tengas.
Urashima le dio las gracias  a la reina y a lomos de la tortuga fue ascendiendo por el océano, entre corales de color rojo sangre y peces que le saludaban y decían:
__Ese es el generoso Urashima, que salvó a la dama tortuga de la reina de los mares.
Cuando llegaron a la superficie, la tortuga nadó hasta la playa y se despidió del pescador:
__Que tengas mucha suerte Urashima, y recuerda lo que te ha dicho la reina de los mares: nunca abras la caja de laca marina.
Urashima se despidió de la tortuga y corrió hacia su casa, deseando abrazar a su anciana madre. Pero al atravesar la aldea se quedó sorprendido por lo cambiado que estaba todo.
__Es como si éste no fuera mi pueblo -pensó Urashima.
Miraba a toda la gente y no conseguía reconocer a nadie. Además todos le miraban a como si fuera un extranjero. Al ver la plaza de los cerezos y el templo del dragón, se tranquilizó, aunque le sorprendió lo grandes que estaban los árboles. Urashima empezó a correr  y llegó a la casa de su anciana madre. Cuando llegó vio que la verja estaba cerrada y que el sauce había crecido muchísimo. Preocupado entró en el jardín, que encontró completamente descuidado y lleno de matorrales y malas hierbas. Los senderos, que su madre siempre limpiaba con esmero, estaban llenos de maleza y por todos lados correteaban ratones.
Entró en la casa, que parecía abandonada desde hacía mucho tiempo y buscó a su madre por todas las habitaciones, pero no la encontró. Angustiado, Urashima fue a preguntar a los vecinos y descubrió que no le conocían ni a él ni a su madre.
__Me parece recordar -dijo uno de ellos- que en esta casa vivía una anciana. Hace mucho mucho tiempo también vivía su hijo, un pescador llamado Urashima, pero creo que se ahogó.
Urashima no podía entender qué pasaba. Sólo había pasado tres años en el mundo de la reina de los mares, pero parecía que hubiera trascurrido un siglo. la gente vestía de manera diferente, incluso usaban algunas palabras que él nunca había escuchado. Aunque buscó a sus amigos por todo el pueblo, no encontró a ninguno.
__¿Qué es lo que ha sucedido? -se preguntaba con lágrimas en los ojos.
Recordó entonces la cajita de laca que le había dado la reina de los mares.
__Tengo que abrirla porque a lo mejor aquí está el secreto de lo que ha sucedido.
Se acercó pensativo a la playa con la cajita en la mano sin saber qué hacer, porque también recordaba que la reina de los mares le había dicho que no abriera nunca la caja. Sentado en una roca, mientras anochecía y el sol se ocultaba en el mar, decidió abrir aquel regalo.
En cuanto levantó la tapa de nácar, un humo espeso salió de la cajita y envolvió a Urashima, que al instante quedó convertido en un viejo de cien años. Sus manos se arrugaron, el pelo se le puso blanco y se sintió más débil que nunca. Entonces comprendió que para los seres del mar el tiempo pasa más lento que para los que viven en la tierra y que tres años en el palacio de la reina de los mares eran como cien años en el mundo de los seres humanos.
Urashima se dio cuenta de lo que había sucedido y quiso cerrar la caja antes de que todo el humo se evaporase, pero no pudo impedirlo, y lo único que oyó fue una voz que salía del interior: “Urashima, Urashima, no tenías que haber abierto la cajita de nácar, porque en ella estaban guardados tus años”.

Sobre este cuento he escrito unas reflexiones relacionadas con el trascurso del tiempo:
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Estudio en escarlata

Estudio en escarlata (A Study in Scarlet) es una novela de misterio escrita por Arthur Conan Doyle y publicada en la revista Beeton's Christmas Annual de noviembre de 1887, con ilustraciones de David Henry Friston. Se trata de la primera aparición de Sherlock Holmes y el Dr. Watson.1
El año siguiente fue publicada como la primera novela de la serie de Sherlock Holmes, y su autor cobraría 25 libras esterlinas por todos los derechos del texto. Esta edición fue ilustrada por Charles Altamont Doyle, el padre de Arthur Conan Doyle.2
En principio, Arthur Conan Doyle tituló a su obra A Tangled Skein (Una madeja enmarañada). Tras varios rechazos, vio su obra publicada por Ward, Lock & Co. en Beeton's Christmas Annual. La primera edición norteamericana fue publicada en 1890 por J. B. Lippincott Co.

Argumento[editar]

La novela, en dos partes, comienza con la declaración de que se trata de una «Reimpresión de las memorias del doctor John H. Watson, antiguo miembro del cuerpo médico del ejército».
La historia comienza en 1881, cuando el Dr. John Watson se encuentra con un viejo amigo, Stamford. Watson se vio obligado a retirarse por una herida de guerra y, al recuperarse, fue víctima del tifus. Ahora está buscando un lugar para vivir. Stamford revela que un conocido suyo, Sherlock Holmes, está buscando a alguien para compartir el alquiler en un piso en la calle Baker, en el 221 B. Un día les llega un mensaje de Scotland Yard sobre un reciente asesinato. Holmes y Watson se proponen investigarlo.
Holmes observa la acera y el jardín que conducen a la casa, antes de que Watson y él se reúnan con los inspectores Gregson y Lestrade. Los cuatro observan la escena del crimen y el cadáver masculino. Hay sangre en la habitación, pero no hay heridas en el cuerpo. También ven de los documentos que se encuentran con la persona, que se encontraba en Londres con un amigo, Joseph Stangerson. En la pared, escrito con sangre, está la palabra "RACHE" que, afirma Holmes, significa 'venganza' en alemán. Deduce que la víctima murió envenenada, y describe cómo cree que era el asesino: de metro ochenta de altura, con los pies pequeños para su estatura, de tez rubicunda, con botas de punta cuadrada.
La segunda parte de la novela tiene como trasfondo la historia de los orígenes de la Iglesia mormona que se enlazan con una historia de amor. Tras una serie de marchas y contramarchas, Holmes logra dar con el asesino y resolver el crimen.

https://es.wikipedia.org/wiki/Estudio_en_escarlata