miércoles, 10 de septiembre de 2014
Julio Cortázar / Un tal Lucas / Destino de las explicaciones
"En algún lugar debe haber un basural donde están amontonadas las explicaciones. Una sola cosa inquieta en este justo panorama: lo que pueda ocurrir el día en que alguien consiga explicar también el basural."
Julio Cortázar / Un tal Lucas / Lucas, sus métodos de trabajo
Como a veces no puede dormir, en vez de contar corderitos contesta mentalmente la correspondencia atrasada, porque su mala conciencia tiene tanto insomnio como él. Las cartas de cortesía, las apasionadas, las intelectuales, una a una las va contestando a ojos cerrados y con grandes hallazgos de estilo y vistosos desarrollos que lo complacen por su espontaneidad y eficacia, lo que naturalmente multiplica el insomnio. Cuando se duerme, toda la correspondencia ha sido puesta al día.
Por la mañana, claro, está deshecho, y para peor tiene que sentarse a escribir todas las cartas pensadas por la noche, las cuales cartas le salen mucho peor, frías o torpes o idiotas, lo que hace que esa noche tampoco podrá dormir debido al exceso de fatiga, aparte de que entretanto le han llegado nuevas cartas de cortesía, apasionadas o intelectuales y que Lucas en vez de contar corderitos se pone a contestarlas con tal perfección y elegancia que Madame de Sévigné lo hubiera aborrecido minuciosamente.
Por la mañana, claro, está deshecho, y para peor tiene que sentarse a escribir todas las cartas pensadas por la noche, las cuales cartas le salen mucho peor, frías o torpes o idiotas, lo que hace que esa noche tampoco podrá dormir debido al exceso de fatiga, aparte de que entretanto le han llegado nuevas cartas de cortesía, apasionadas o intelectuales y que Lucas en vez de contar corderitos se pone a contestarlas con tal perfección y elegancia que Madame de Sévigné lo hubiera aborrecido minuciosamente.
/ Julio Cortázar / Un tal Lucas / Lucas, su patrioterismo
No es por el lado de las efemérides, no se vaya a creer, ni Fangio o Monzón o esas cosas. De chico, claro, Firpo podía mucho mas que San Martín, y Justo Suárez que Sarmiento, pero después la vida le fue bajando la cresta a la historia militar y deportiva, vino un tiempo de desacralización y autocrítica, sólo aquí y allá quedaron pedacitos de escarapela y Febo asoma.
Le da risa cada vez que pesca algunos, que se pesca a sí mismo engallado y argentino basta la muerte, porque su argentinidad es por suerte otra cosa peto dentro de esa cosa sobrenadan a veces cachitos de laureles (sean eternos los) y entonces Lucas en pleno King's Road o malec6n habaneto, oye su voz entre voces de amigos diciendo cosas como que nadie sabe lo que es carne si no conoce el asado de tira criollo, ni dulce que valga el de leche ni cóctel comparable al Demaría que sirven en La Fragata (¿todavía, lector?) o en el Saint James (¿todavía, Susana?).
Como es natural, sus amigos reaccionan venezolana o guatemaltecamente indignados, y en los minutos que siguen hay un superpatrioterismo gastronómico o botánico o agropecuario o ciclista que te la debo. En esos casos Lucas procede como perro chico y deja que los grandes se hagan bolsa entre ellos, mientras el se sanciona mentalmente pero no tanto, a la final decime de d6nde salen las mejores carteras de cocodrilo y los zapatos de piel de serpiente.
Le da risa cada vez que pesca algunos, que se pesca a sí mismo engallado y argentino basta la muerte, porque su argentinidad es por suerte otra cosa peto dentro de esa cosa sobrenadan a veces cachitos de laureles (sean eternos los) y entonces Lucas en pleno King's Road o malec6n habaneto, oye su voz entre voces de amigos diciendo cosas como que nadie sabe lo que es carne si no conoce el asado de tira criollo, ni dulce que valga el de leche ni cóctel comparable al Demaría que sirven en La Fragata (¿todavía, lector?) o en el Saint James (¿todavía, Susana?).
Como es natural, sus amigos reaccionan venezolana o guatemaltecamente indignados, y en los minutos que siguen hay un superpatrioterismo gastronómico o botánico o agropecuario o ciclista que te la debo. En esos casos Lucas procede como perro chico y deja que los grandes se hagan bolsa entre ellos, mientras el se sanciona mentalmente pero no tanto, a la final decime de d6nde salen las mejores carteras de cocodrilo y los zapatos de piel de serpiente.
Julio Cortázar / Un tal Lucas / Maneras de estar preso
Ha sido cosa de empezar y ya. Primera línea que leo de este texto y me rompo la cara contra todo porque no puedo aceptar que Gago esté enamorado de Lil; de hecho sólo lo he sabido varias líneas más adelante pero aquí el tiempo es otro, vos por ejemplo que empezás a leer esta página te enterás de que yo no estoy de acuerdo y conocés así por adelantado que Gago se ha enamorado de Lil, pero las cosas no son así: vos no estabas todavía aquí (y el texto tampoco) cuando Gago era ya mi amante; tampoco yo estoy aquí puesto que eso no es el tema del texto por ahora y yo no tengo nada que ver con lo que ocurrirá cuando Gago vaya al cine Libertad para ver una película de Bergman y entre dos flashes de publicidad barata descubra las piernas de Lil junto a las suyas y exactamente como lo describe Stendhal empiece una fulgurante cristalización (Sthendal piensa que es progresiva, pero Gago). En otros términos rechazo este texto donde alguien escribe que yo rechazo este texto; me siento atrapado, vejado, traicionado porque ni siquiera soy yo quien lo dice sino que alguien me manipula me regula y me coagula, yo diría que me toma el pelo como de yapa, bien claro está escrito: yo diría que me toma el pelo como de yapa.
También te lo toma a vos (que empezás a leer esta página, así está escrito más arriba) y por si fuera poco a Lil, que ignora no sólo que Gago es mi amante sino que Gago no entiende nada de mujeres aunque en el cine Libertad etcétera. Cómo voy a aceptar que a la salida ya estén hablamdo de Bergman y de Liv Ullmann (los dos han leído las memorias de Liv y claro, tema para whisky y gran fraternización estético-libidinosa, el drama de la actriz madre que quiere ser madre sin dejar de ser actriz con atrás Bergman la más de las veces gran hijo de puta en el plano paternal y marital): todo eso alcanza hasta las ocho y cuarto cuando Lil dice me voy a casa, mamá está un poco enferma, Gago yo la llevo tengo el coche estacionado en Plaza Lavalle y Lil de acuerdo, usted me hizo beber demasiado, Gago permítame, Lil pero sí, la firmeza tibia del antebrazo desnudo (dice así, dos adjetivos dos sustantivos tal cual) y yo tengo que aceptar que suban al Ford que entre otras cualidades tiene la de ser mío, que Gago lleve a Lil hasta San Isidro gastándome la nafta con lo que cuesta, que Lil le presente a la madre artrítica pero erudita en Francis Bacon, de nuevo whisky y me da pena que ahora tenga que hacer todo ese camino de vuelta hasta el centro, Lil, pensaré en usted y el viaje será corto, Gago, aquí le anoto el teléfono, Lil, oh gracias, Gago.
De sobra se ve que de ninguna manera puedo estar de acuerdo con cosas que pretenden modificar la realidad profunda; persisto en creer que Gago no fue al cine ni conoció a Lil aunque el texto procure convencerme y por lo tanto desesperarme. ¿Tengo que aceptar un texto porque simplemente dice que tengo que aceptar un texto? Puedo en cambio inclinarme ante lo que una parte de mí mismo considera una pérfida ambigüedad (porque a lo mejor sí; a lo mejor el cine) pero por lo menos las frases siguientes llevan a Gago al centro donde deja el auto mal estacionado como siempre, sube a mi departamento donde sabe que lo espero al final de este párrafo ya demasiado largo como toda espera de Gago, y después de bañarse y ponerse la bata naranja que le regalé para su cumpleaños viene a recostarse en el diván donde estoy leyendo con alivio y amor que Gago viene a recostarse en el diván donde estoy leyendo con alivio y amor, perfumado e insidioso es el Chivas Regal y el tabaco rubio de la medianoche, su pelo rizado donde hundo suavemente la mano para suscitar ese primer quejido soñoliento, sin Lil ni Bergman (qué delicia leerlo exactamente así: sin Lil ni Bergman) hasta ese momento en que muy despacio empezaré a aflojar el cinturón de la bata naranja, mi mano bajará por el pecho liso y tibio de Gago, andará en la espesura de su vientre buscando el primer espasmo, enlazados ya derivaremos hacia el dormitorio y caeremos juntos en la cama, buscaré su garganta donde tan dulcemente me gusta mordisquearlo y él murmurará un momento, murmurará esperá un momento que tengo que telefonear. A Lil of course, llegué muy bien, gracias, silencio, entonces nos vemos mañana a las once, silencio, a las once y media de acuerdo, silencio, claro a almorzar tontita, silencio, dije tontita, silencio, por qué de usted, silencio, no sé pero es como si nos conociéramos hace mucho, silencio, sos un tesoro, silencio, y yo que me pongo de nuevo la bata y vuelvo al living y al Chivas Regal, por lo menos me queda eso, el texto dice que por lo menos me queda eso, que me pongo de nuevo la bata y vuelvo al living y al Chivas Regal mientras Gago le sigue telefoneando a Lil, inútil releerlo para estar seguro, lo dice así, que me vuelvo al living y al Chivas Regal mientras Gago le sigue telefoneando a Lil.
http://www.loscuentos.net/cuentos/other/1/6/5276/
sábado, 6 de septiembre de 2014
El tiempo nunca muere
CINERGIA
"El tiempo nunca muere"
Abraham Quintana
Milco Mancevski Macedonia 1994 Aim Prod./Noe Prod./Vardar Film 113 min |
Kiril, un monje ortodoxo quien lleva dos años con voto de silencio, se ve comprometido a esconder a una joven albanesa musulmana que es acusada de asesinato. Descubierto por sus superiores, el joven monje escapa con Zamira quien se enfrentará violentamente con su familia. Kiril revelará posteriormente que su compromiso no fue total.
El joven vive en medio de paisajes impresionantes. La estilización al extremo (una luna deliberadamente irreal) envuelve a un personaje alejado de un compromiso total con sus creencias. Es la fantasía aterradora, la belleza de una escenografí que no puede existir. "Kiril no se compromete, no actúa, no decide. Es de los que sufren las cosas", dice el propio director sobre este personaje. Zamira se ha enamorado de este enemigo ancestral/familiar/religioso; no le importa y quiere estar con él.
Las entrañas del cielo se estremecen antes de la lluvia, en un lugar en donde el tiempo nunca muere, [donde] el círculo no es redondo. Las palabras son la diferencia entre las personas, y los conflictos comienzan por las diferencias. Los fundamentalismos surgen y el ritual mítico de prevalecer puros se hace presente. El ámbito religioso se ve acechado por las diferencias, la globalización con sus Tortugas Ninja y la música hip hop parecen ser lo único común posible, en un territorio en donde la cruz es el arma; en donde las palabras son las acciones en nombre de la cruz, que salvan el orgullo colectivo, el egoísmo hermanado en el tribalismo vestido de violencia y odio.
Antes de la lluvia, la ópera prima del cineasta macedonio Milcho Manchevski, nos muestra también la histria de Anne, una inglesa quien trabaja en una agencia fotográfica. Se entera de su embarazo justo en el momento en que el fotógrafo Aleksander Krokof (quien es su amante) regresa de Macedonia para pedirle que vivan juntos otra vez. Él resultará relacionado con los dos personejes del principio y terminará tomando partido a favor de sus propias convicciones.
Si los productos del capitalismo trastocan los fundamentalistas en sus formas de vida, los fundamentalistas pueden trastocar con balas la cotidianidad urbana. Antes de la lluvia exhibe que la sangre que se derrama en nombre de la guerra, se derrama en el propio cuerpo. Ante las armas las palabras sobran.
Los rostros de las personas no son los mismos ante la religiosidad llevada al límite: la iglesia citadina es el refugio de la espiritualidad que no se tiene; en las zonas rurales, es la propia casa del espíritu ya dañado. La realidad es la del tiempo que se vive, en un lugar en donde la paz es una excepción, no la regla.
Antes de la lluvia son los rostros que no se conocen, el de la violencia que se fundamenta en el nacionalismo retrograda, es un rostro envejecido por las balas, por todo el tiempo de guerras. Aleksander ha envejecido, ha cambiado en dos semanas en donde la violencia lo convirtió en parte de la guerra; decide regresar con los suyos, vuelve y se da cuenta que esa tierra ya no es la suya, pero tampoco puede ser de quien la habita, si en ellos sólo pueden existir ellos mismos; regresa a un lugar en donde la fuerza que es la unión, se convierte en una incontrolable necesidad de corresponder el daño con el exterminio.
Antes de la lluvia es la imagen del miedo que provoca el instante antes de caer la lluvia. El funeral de uno de los personajes no es la muerte de la lucha contra la violencia, es el aviso lleno de miedo: que ésta muera antes de la lluvia.
Las imágenes no pueden ser reflejo de las palabras y de los rostros, las imágenes son en si mismas palabras y rostros, como éstos a su vez son también imágenes. Pero en la película cada una de estas partes toma partido, al igual que Aleksander, al igual que Zamira. Hay que tomar partido para atacar al tiempo, la decisión debe existitr. Antes de la lluvia lo hace en contra de la violencia, ataca a un problema multilocal que se vive en cualquiera de los continentes, en cualquiera de las tierras. El tiempo es el círculo que no es redondo, es el tiempo que nunca muere. El tiempo morirá cuando el círculo se cierre redondo.
http://www.razonypalabra.org.mx/anteriores/n13/cine13.html
jueves, 4 de septiembre de 2014
Solo sé que Sócrates sabía algo (además de saber que no sabía nada)
Solo sé que Sócrates sabía algo (además de saber que no sabía nada)
"Sólo sé que no sé nada", en griego, ἓν οἶδα ὅτι οὐδὲν οἶδα, es quizás la única declaración de la ignorancia que se admite como prueba irrefutable de sabiduría.
La frase pertenece a Sócrates, o mejor dicho, a Platón asignándole ese dudoso mérito que fue reconocido incluso por el oscuro oráculo de Delfos, que frente a la pregunta: "¿quién es el hombre más sabio de Grecia?, respondió lacónicamente: "Sócrates".
Lo cierto es que Sócrates jamás pronunció tal aberración filosófica."Solo saber que no se sabe nada" es una frase tan contradictoria como impropia del filósofo. En todo caso debería haber sido: "Solo sé que no sé casi nada", ya que el saber que no se sabe es al menos saber algo.
En realidad, lo que Sócrates dijo fue lo siguiente:
Este hombre cree que sabe algo, mientras que no sabe nada. Por otra parte, yo, que igualmente no sé nada, tampoco creo saber algo.
"Sólo sé que no sé nada", en griego, ἓν οἶδα ὅτι οὐδὲν οἶδα, es quizás la única declaración de la ignorancia que se admite como prueba irrefutable de sabiduría.
La frase pertenece a Sócrates, o mejor dicho, a Platón asignándole ese dudoso mérito que fue reconocido incluso por el oscuro oráculo de Delfos, que frente a la pregunta: "¿quién es el hombre más sabio de Grecia?, respondió lacónicamente: "Sócrates".
Lo cierto es que Sócrates jamás pronunció tal aberración filosófica."Solo saber que no se sabe nada" es una frase tan contradictoria como impropia del filósofo. En todo caso debería haber sido: "Solo sé que no sé casi nada", ya que el saber que no se sabe es al menos saber algo.
En realidad, lo que Sócrates dijo fue lo siguiente:
Este hombre cree que sabe algo, mientras que no sabe nada. Por otra parte, yo, que igualmente no sé nada, tampoco creo saber algo.
La interpretación reduccionista de esta frase de Sócrates en el célebre: "solo sé que no sé nada" fracasa rotundamente. Sócrates no pone el acento en saber o no saber algo, sino en la imposibilidad de alcanzar cierto grado de certeza aún en lo que uno cree saber.
"Sólo sé que no sé nada" enmascara —bajo la forma de cierta humildad intelectual— el poderoso método de razonamiento que Sócrates empleaba para destrozar a sus adversarios. No saber difícilmente puede ser admitido como un síntoma de sabiduría, lo cual nos lleva a preguntarnos por qué Sócrates lo utilizaba tan a menudo.
En esa aparente humildad del "solo sé que no sé nada" se esconde una estrategia retórica. Evidentemente Sócrates sabía algo más que no saber nada; de hecho, sabía con certeza que sus conocimientos e inteligencia estaban por encima de sus pares, por eso buscaba destrozar los argumentos de sus rivales intelectuales haciendo que ellos mismos los refutaran.
¿Cómo?
Fingiendo ignorancia, es decir, fingiendo que solo sabía no saber nada.
Este era el estilo de Sócrates, o al menos el estilo que Platón logró capturar. Sócrates no proyectaba su sabiduría con argumentos complejos, sino que la reducía a la ignorancia, como un niño que hace preguntas tan simples, tan básicas, que cualquier respuesta lógica termina contradiciéndose a sí misma.
De ese modo operaba Sócrates. Cuando alguien intentaba probarle algún concepto él se empequeñecía, se volvía niño, y formulaba una sucesión de preguntas aparentemente inocentes que terminaban forzando a su adversario a contradecirse a sí mismo.
Lo que Sócrates sabía, además de no saber nada, era que la verdadera sabiduría, es decir, la reflexión sobre las grandes abstracciones, consiste en liberarse de los prejuicios y los supuestos conocimientos que uno hereda de los demás.
Por eso el "solo sé que no sé nada" es una frase contraria a las intenciones de Sócrates, que indudablemente algo sabía sobre el saber.
"Sólo sé que no sé nada" enmascara —bajo la forma de cierta humildad intelectual— el poderoso método de razonamiento que Sócrates empleaba para destrozar a sus adversarios. No saber difícilmente puede ser admitido como un síntoma de sabiduría, lo cual nos lleva a preguntarnos por qué Sócrates lo utilizaba tan a menudo.
En esa aparente humildad del "solo sé que no sé nada" se esconde una estrategia retórica. Evidentemente Sócrates sabía algo más que no saber nada; de hecho, sabía con certeza que sus conocimientos e inteligencia estaban por encima de sus pares, por eso buscaba destrozar los argumentos de sus rivales intelectuales haciendo que ellos mismos los refutaran.
¿Cómo?
Fingiendo ignorancia, es decir, fingiendo que solo sabía no saber nada.
Este era el estilo de Sócrates, o al menos el estilo que Platón logró capturar. Sócrates no proyectaba su sabiduría con argumentos complejos, sino que la reducía a la ignorancia, como un niño que hace preguntas tan simples, tan básicas, que cualquier respuesta lógica termina contradiciéndose a sí misma.
De ese modo operaba Sócrates. Cuando alguien intentaba probarle algún concepto él se empequeñecía, se volvía niño, y formulaba una sucesión de preguntas aparentemente inocentes que terminaban forzando a su adversario a contradecirse a sí mismo.
Lo que Sócrates sabía, además de no saber nada, era que la verdadera sabiduría, es decir, la reflexión sobre las grandes abstracciones, consiste en liberarse de los prejuicios y los supuestos conocimientos que uno hereda de los demás.
Por eso el "solo sé que no sé nada" es una frase contraria a las intenciones de Sócrates, que indudablemente algo sabía sobre el saber.
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