viernes, 27 de marzo de 2020

Kevin Johansen - Cumbiera Intelectual (Videoclip)

Destapamos las palabras que la mujer oriental agredida dijo a Francisco ...





Al final del vídeo, se escucha claramente que la china le dice al Papa : “don’t betray” ( “no nos traicione”) en clara alusión a los católicos chinos fieles al Papa, a quienes claramente ha abandonado a su suerte en su acuerdo secreto con los comunistas chinos (firmado en septiembre de 2018).
“Hold! Hold! Look for the Chinese people! They are losing the Faith!”
"¡Apóyenos, apóyenos! Mire cómo el pueblo chino está perdiendo la fe!"
https://gloria.tv/post/6CCJUuex9cVE2f...
"Don´t destroy the fold" (no destruya el rebaño)
"Don´t betray the See" (no traicione la Sede (petrina) )
Fuente Artículo-Leer:
https://religionlavozlibre.blogspot.c...
Recordemos lo que declaraba el Cardenal Zen poco después de declararse dicho acuerdo secreto:
«ESTÁN ENTREGANDO EL REBAÑO EN LA BOCA DE LOS LOBOS»
Cardenal Zen: el cardenal Parolin (mano derecha de Bergoglio) ha cometido una «increíble traición» y debe dimitir
El cardenal Joseph Zen, obispo emérito de Hong Kong, da credibilidad a las informaciones sobre un acuerdo entre China y la Santa Sede y asegura que el cardenal Parolin, Secretario de Estado, ha cometido una «increíble traición».
https://www.infocatolica.com/?t=notic...

Contacto: caminandoconlossantos@gmail.com
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jueves, 26 de marzo de 2020

[SET] DEEP HOUSE 80s/90s Retro (Vintage Culture, Adam K, Eurythmics, Pin...

Película Al otro lado del Mundo (español latino)

El Velo Pintado (Trailer español)

ODA I VIDA RETIRADA de Fray Luis de León



¡Qué descansada vida 
la del que huye del mundanal ruïdo, 
y sigue la escondida 
senda, por donde han ido 
los pocos sabios que en el mundo han sido; 

Que no le enturbia el pecho 
de los soberbios grandes el estado, 
ni del dorado techo 
se admira, fabricado 
del sabio Moro, en jaspe sustentado! 

No cura si la fama 
canta con voz su nombre pregonera, 
ni cura si encarama 
la lengua lisonjera 
lo que condena la verdad sincera. 

¿Qué presta a mi contento 
si soy del vano dedo señalado; 
si, en busca deste viento, 
ando desalentado 
con ansias vivas, con mortal cuidado? 

¡Oh monte, oh fuente, oh río,! 
¡Oh secreto seguro, deleitoso! 
Roto casi el navío, 
a vuestro almo reposo 
huyo de aqueste mar tempestuoso. 

Un no rompido sueño, 
un día puro, alegre, libre quiero; 
no quiero ver el ceño 
vanamente severo 
de a quien la sangre ensalza o el dinero. 

Despiértenme las aves 
con su cantar sabroso no aprendido; 
no los cuidados graves 
de que es siempre seguido 
el que al ajeno arbitrio está atenido. 

Vivir quiero conmigo, 
gozar quiero del bien que debo al cielo, 
a solas, sin testigo, 
libre de amor, de celo, 
de odio, de esperanzas, de recelo. 

Del monte en la ladera, 
por mi mano plantado tengo un huerto, 
que con la primavera 
de bella flor cubierto 
ya muestra en esperanza el fruto cierto. 

Y como codiciosa 
por ver y acrecentar su hermosura, 
desde la cumbre airosa 
una fontana pura 
hasta llegar corriendo se apresura. 

Y luego, sosegada, 
el paso entre los árboles torciendo, 
el suelo de pasada 
de verdura vistiendo 
y con diversas flores va esparciendo. 

El aire del huerto orea 
y ofrece mil olores al sentido; 
los árboles menea 
con un manso ruïdo 
que del oro y del cetro pone olvido. 

Téngase su tesoro 
los que de un falso leño se confían; 
no es mío ver el lloro 
de los que desconfían 
cuando el cierzo y el ábrego porfían. 

La combatida antena 
cruje, y en ciega noche el claro día 
se torna, al cielo suena 
confusa vocería, 
y la mar enriquecen a porfía. 

A mí una pobrecilla 
mesa de amable paz bien abastada 
me basta, y la vajilla, 
de fino oro labrada 
sea de quien la mar no teme airada. 

Y mientras miserable- 
mente se están los otros abrazando 
con sed insacïable 
del peligroso mando, 
tendido yo a la sombra esté cantando. 

A la sombra tendido, 
de hiedra y lauro eterno coronado, 
puesto el atento oído 
al son dulce, acordado, 
del plectro sabiamente meneado.

http://www.los-poetas.com/f/frayluis1.htm

miércoles, 25 de marzo de 2020

La verdad de Bocaccio

Un relato sobre la epidemia, de rigurosa actualidad.

El Decameron de Giovanni Bocaccio en la Feria del Libro Antiguo en el Palacio Pizzurno, en 2012. Edición 1590. Librería de Alberto Casares. Foto: Leandro Monachesi.5
La iglesia estaba desierta. El miedo al contagio desoló también la casa de Dios, donde solo oraban siete chicas de familias acomodadas de aquel barrio bien de la ciudad. Tras la misa comentaron la crisis sanitaria y plantearon la idea de apartarse del peligro aislándose un par de semanas en una casa de campo. Tres muchachos, que entraron después en el templo, se entusiasmaron con el proyecto cuando les propusieron participar”.
El lector supondrá que se trata de una crónica contemporánea acerca de la decisión de un grupo de jóvenes dispuestos a combatir de la manera más placentera posible el coronavirus. Es probable que su curiosidad lo lleve al lector a consultar dónde ocurrió esto, si en nuestro país, en algún país vecino o en Europa, porque la única pista que dispone hasta el momento es que lo sucedido transcurre en una iglesia.
En todos los casos, el relato nos parece de rigurosa actualidad.
Pues bien, la crónica es verdadera, está registrada a modo de prólogo en un texto que explica con palabras certeras los estragos que ha provocado la epidemia, pero para nuestra sorpresa los acontecimientos no ocurren en 2020 sino en el año 1348, en la muy distinguida ciudad de Florencia.
El autor de la “crónica” se llama Giovanni Bocaccio y el libro que escribirá unos años después se conocerá con el nombre de “Decamerón. Qué chico es el mundo y qué previsibles suelen los comportamientos de los hombres cuando están colocados en situaciones límites.
La peste que conoce Bocaccio llegó de Oriente con los barcos, los marinos y las ratas. Florencia entonces tenía alrededor de 120.000 habitantes y se supone que murieron en menos de cuatro meses casi la tercera parte de la población. Al resto de Europa no le fue mejor. La tragedia hizo pensar a los hombres de entonces que el anunciado fin del mundo había llegado.
La peste no perdonó ni a ricos ni a pobres. En aquellos años la medicina daba sus primeros pasos y el único saber aceptado era el religioso. La peste por lo tanto era un castigo de Dios por nuestro pecados. Rezar, arrepentirse y aceptar la muerte con los consabidos flagelos, era una de las posibles soluciones. La otra respuesta, fue la del puñado de hombres que suponía que Dios no había creado a la humanidad para castigarla sino para perdonarla.
Como lo relata Bocaccio en su prólogo, la peste puso en evidencia lo mejor y lo peor de la condición humana. Florencia sufre, pero también se corrompe. Es ese el contexto que le permite escribir una obra de ficción en la que los protagonistas son los jóvenes y a través de ellos la gente del pueblo. Siete hermosas mujeres y tres muchachos apuestos deciden abandonar Florencia y recluirse en Villa Palmieri ubicada a pocos kilómetros de Florencia. ¿Para qué? Para disfrutar de la vida. De los placeres del cuerpo y del alma.
Bocaccio con el “Decamerón” no solo imagina una coartada placentera para diez jóvenes, sino que ( tal vez sin proponérselo) está anunciando el Renacimiento, el principio de que el hombre es la medida de todas las cosas y que nuestras pasiones, nuestros errores e incluso excesos, nos humanizan.
El Decamerón es ficción, pero esa ficción da una respuesta al mundo de entonces más certera que la que atinaban a dar los teólogos y los príncipes. El historiador noruego, Olej Benedictow, autor del libro más documentado y mejor escrito sobre la peste en el siglo XIV, sostiene que el Decamerón puede ser un libro ingenioso, pero carece de rigor histórico porque la “huida” de los jóvenes a la villa campestre en lugar de eludir los rigores de la peste los aceleraba.
Benedictow no se equivoca en términos históricos, pero desconoce la capacidad de la ficción para interpretar la realidad por caminos que nos son los de los archivos. Hoy sabemos que la ficción no miente, sino que indaga sobre la verdad con otros procedimientos. Para el caso, poco importa saber si en Villa Palmieri había o no más chances de contraer la peste, porque lo que a Bocaccio le interesa es afirmar en un mundo en crisis el valor de los sentidos, los fueros del humor, las licencias del placer y entre otras consideraciones los atributos y la dignidad de la mujer.
A ese escenario macabro de apestados, en donde todos los vicios parecen convocarse, Bocaccio contrapone el placer, la alegría, el ingenio, es decir los atributos que le dan sentido y significado a la maravilla de vivir. Así lo entendieron Passolini y los hermanos Taviani. Así lo entendió Vargas Llosa, quien recreó algunos de los cuentos del “Decamerón” para el teatro.
¿Nos dice algo Bocaccio desde aquel pasado remoto? Diría que su logro fue haber percibido en un escenario de muerte que el mundo debía cambiar y que ese cambio debía comenzar por un cambio acerca de la maneras de vivir. Sin Bocaccio es imposible entender el mundo moderno y hasta nos costaría imaginar a Shakespeare, Montaigne y Cervantes.
Conclusión: la pandemia del corona virus seguramente será controlada, pero entonces habrá que preguntarse si el virus además de advertirnos sobre los riesgos de la neumonía en tiempos de globalización, no nos está advirtiendo acerca de un mundo que si quiere ser leal a sus más caras tradiciones y esperanzas debería proponerse cambiar.