sábado, 16 de noviembre de 2024
jueves, 14 de noviembre de 2024
Música y agua, ser conscientes desde el sonido (a través de Debussy, por ejemplo)
Música y agua, ser conscientes desde el sonido (a través de Debussy, por
ejemplo)
Acercamientos a la
música
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Recibimos el Día Mundial del Agua en medio de una
escasez que nos obliga a replantearnos la forma en la que nos relacionamos con
ella en nuestra vida diaria.
Debemos experimentar con nuevas dinámicas para
bañarnos, limpiar dientes y lavar platos. Te invitamos a acompañar estos
procesos con música. Con música orquestal inspirada en el agua. Específicamente
con música orquestal que nos remite al agua en uno de sus estados más plenos:
la poética oceánica.
De entrada, tres ideas marítimas:
- La mar, de
Claude Debussy
- Una sinfonía del mar, de Vaughan Williams
- Poema del amor y del mar, de Ernest Chausson
Y aquí estos versos de José Gorostiza como
acompañamiento ideal:
“El mar, el mar, dentro de mí lo siento. Ya sólo de
pensar en él, tan mío, tiene un sabor a sal mi pensamiento”.
El mar (1905) de Claude
Debussy (1862-1918)
“El mar es un niño, juega y no sabe bien lo que
hace. Tiene una larga y hermosa cabellera, y un alma… Va y viene y cambia sin
cesar. El mar ha sido muy amable conmigo.Se me ha mostrado bajo todas sus
formas. Por eso estoy aún completamente aturdido”, escribió Debussy al
dramaturgo René Peter. Y, sin embargo, Debussy siempre vivió lejos del mar.
Quizá de ahí provenga cierto fondo nostálgico que atraviesa su famoso poema
sinfónico, que escribió en 1905 entre montañas, varios kilómetros alejado del
agua.
De hecho, más adelante en esa misma carta se
confiesa más cercano al bosque que a las olas:
“Los árboles son buenos amigos míos, mejores que el
mar, que se agita, salta sobre la tierra y muerde las rocas con cóleras de
jovencita, curiosas en una persona de su importancia. En rigor, se comprendería
mejor que sacudiese a los barcos como a gusanos molestos. Los árboles, menos
caprichosos, se renuevan a pesar de los siglos. ¿No es ésta la más hermosa
lección de filosofía? Podrían seguirla los humanos, si fueran más pacientes y,
sobre todo, si no fueran tan ávidos”.
Debussy compuso El mar sobre
todo por las noches y rodeado de tonalidades verdes: paredes verde botella,
alfombra verde claro, muebles verde azulado y vestido con una chaqueta verde
aceituna.
Esta obsesión con el color resulta trascendente
para explicar El mar, obra maestra del llamado Impresionismo musical,
cuya estética tiene un marcado influjo pictórico.
¿Por qué El mar de
Debussy se considera música impresionista?
Los pintores impresionistas buscaban nuevas formas
de balance y belleza a través de la experimentación con la luz. Debussy
consideraba que la música podía hacer eso de una manera más plena e intensa que
la pintura, como lo demuestra este fragmento de una carta que le escribió a su
hijastro Raoul Bardac:
“Esto puede ser posible gracias a la ventaja que
tiene la música sobre la pintura, en el sentido en que puede mostrar a la vez
todos los cambios de luz y color”.
Y El mar es un ejemplo ideal de
música que avanza a través de variaciones lumínicas y cromáticas.
Debussy estructura la obra en tres movimientos y a
cada uno le asigna un subtítulo:
- Del alba al mediodía en el mar
- Juegos de olas
- Diálogo entre viento y mar
En una primera audición es posible recrear en los
acontecimientos sonoros las imágenes que producen las palabras.
¿Cómo transcurren los humores de la mañana en el
mar?, ¿de qué manera cambian conforme el tiempo avanza?, ¿a qué suena el agua
durante las primeras claridades y cómo van ocurriendo sus transformaciones
mientras el sol por el cielo escala? ¿Los juegos de las olas son suaves,
asimétricos, constantes? ¿Antes de disolverse en la orilla en sus lúdicas
interacciones intervienen otras presencias, como conchas, arena o pequeñas
piedras? ¿Qué le dice el viento al mar y el mar qué le responde? ¿Su diálogo
transita por etapas diversas, a veces es armónico y otras violento?
Pero El mar va más allá de
cualquier narración. Su vocación no es hacia un programa literario, sino hacia
el color. Así que la segunda audición puede profundizar: dejar de atender a la
actividad o al movimiento y centrar la atención en los matices y las
suavidades, en las sutiles variaciones de luz, sombras y reflejos, al mundo
quieto de la luz, a la polifonía de las partículas cromáticas que cambian,
colisionan y desaparecen sin hacer ruido.
¿Y cómo consigue Debussy que su
música sirva a la luz?
Sobre los sorprendentes procedimientos compositivos
que Debussy utiliza en El mar, el compositor mexicano Mario Lavista
(1943-2021) explica en su ensayo “El mar cumple 100 años” (publicado el 30 de
noviembre de 2005 en la revista Letras libres):
“(…) en Debussy los acordes casi nunca se encadenan
obedeciendo a la retórica tradicional, los suyos son acordes ingrávidos que,
valga la expresión, flotan sobre las aguas, sin ninguna necesidad de causa y
efecto que los obligue a ir a un determinado lugar: son acordes que vagan
libremente (…) la manera como Debussy maneja sus temas lo acerca al modo de
operar de Claude Monet cuando pinta, a través de varios cuadros, la cambiante
luz que incide sobre una catedral a diferentes horas del día. En Del
alba al mediodía en el mar, los cornos enuncian el mismo tema, el mismo
objeto sonoro, sin cambio alguno en su fisonomía. Lo que varía en cada una de
sus apariciones es la orquestación; es decir, las sutiles gradaciones del color
y de la luz que lo rodean e iluminan. En su invariabilidad y unicidad, el tema
cantado por los cornos cambia de rostro gracias a las diferentes e inusuales
combinaciones orquestales de luz y sombra que inciden sobre él: es el color el
que modifica su apariencia. De ahí que la música del primer movimiento
transite, a través de evanescencias y luminosidades, de una casi imperceptible
bruma sonora al metálico estallido del sol, o que en Juego de olas escuchemos
las más delicadas y exactas progresiones de color, de brillos, de reflejos, de
una ola en movimiento. Debussy capta, por medio de finas e infalibles
pinceladas, el claroscuro de este mar siempre cambiante.”.
¿Qué otras obras musicales inspiradas
en el mar puedo escuchar?
Te recomendamos dos:
- Una sinfonía del mar (1909 y revisada en 1923) para soprano,
barítono, coro y orquesta de Ralph Vaughan Williams (1872-2958), basada en
el poemario Hojas de hierba de Walt Whitman, en donde el
océano adquiere una palpitante dimensión mística.
- Poema del amor y del mar (1890) para voz y orquesta de Ernest
Chausson (1855-1899), basada en dos poemas de Mauricio Bouchor que narran
cómo un hombre se enamora de una mujer al lado del mar. Al año siguiente
él regresa a la misma playa para descubrir que ella lo ha olvidado.
Debussy, el compositor que no sabía nadar y compuso «El mar»
Debussy, el compositor que no sabía nadar y compuso
«El mar»
Forbes
Nautik inaugura una serie de artículos sobre composiciones inspiradas en el
mar. Aquí, la primera entrega
POR JESÚS RODRÍGUEZ LENIN3 DE AGOSTO DE 2022
El último viaje del
«Temerario». Cuadro de J. M. W. Turner
La naturaleza y sus elementos han sido notable
fuente de inspiración para compositores de todas las épocas y no ha sido extraño,
incluso, en las últimas décadas, que sus sonidos se hayan incorporado a las
propias obras. El mar, en concreto, es capaz de provocar miedo y asombro, y
maravillar con una belleza que inspira a los más dotados de sensibilidad. En
Forbes Nautik le vamos a rendir homenaje cada quince días, con una serie
de artículos sobre las más destacadas obras de música, tanto clásica como
contemporánea, que se han inspirado en su belleza y grandiosidad.
Debussy: “El mar”
La serie debía empezar obligatoriamente por la obra
titulada El mar, tres bocetos sinfónicos para orquesta, pero
conocida simple y popularmente como El mar (La mer, en
francés). El mar es una de las obras fundamentales del siglo
XX, compuesta por uno de los compositores más innovadores de la historia, Claude
Debussy, de quien este verano se celebra el centésimo sexagésimo aniversario de
su nacimiento (Saint-Germain-en-Laye, 22 de agosto de 1862-París, 25 de marzo
de 1918).
Nacido en el seno de una familia de pequeños
comerciantes y sin especial relación con la cultura, el joven Claude dio
muestras tempranas de su gran e innovador talento musical, y ha pasado a la
historia como el primer impresionista. Cuestionado por el establishment de
la época, su estilo vanguardista ejerció una notable influencia en las
generaciones posteriores. El mar es una obra de madurez,
compuesta en Dieppe, en la costa normanda, entre 1903 y 1905, aunque se
concluyó durante la estancia de Debussy en la localidad costera británica de
Eastbourne.
En su estreno en París –ocurrido el 15 de octubre
de 1905, a cargo de la orquesta Lamoureux dirigida por Camille Chevillard– ni
que decir tiene no fue muy bien recibida; sin embargo, con el paso del tiempo,
se ha convertido en una de las composiciones orquestales de Debussy más
interpretadas. Aunque Debussy no admitía el calificativo de “impresionista”
para su música, los expertos consideran La mer un equivalente
musical de las obras pictóricas de Turner –del que Debussy era gran
admirador–, envueltas en bruma, que exigen del espectador que vea más allá de
la neblina.
Debussy, aunque no sabía nadar, amaba el mar y
llegó a afirmar que de no haber sido músico se habría hecho marinero. Para la
elaboración de La mer, Debussy pagó al capitán de un barco
pesquero para adentrarse con él en una tormenta frente a la costa de
Bretaña: al igual que Turner antes que él, el compositor quería experimentar la
violencia del mar antes de representarla, pero la experiencia le hizo abandonar
para siempre las ansias de aventura y preferir los paisajes marinos mostrados a
través de la pintura y la literatura.
Para mostrar la grandiosidad de la inmensidad
marina, Debussy incorporó en esta obra sinfónica –aunque Debussy, por motivos
intelectuales (consideraba obsoleta la sinfonía clásica) no quiso concederle
ese título y bautizó la obra como “tres bocetos sinfónicos”– de entre
veintitrés y veinticinco minutos de duración, grandes masas orquestales y una
sección de percusión. Los tres movimientos –“Del amanecer al mediodía en el
mar”, “Juego de las olas” y “Diálogo del viento y el mar”– se elaboran con armonías
resplandecientes y amplios barridos de color orquestal, resaltados con la
influencia del gamelán javanés.
En el primer movimiento, Debussy explora los
sutiles cambios de atmósfera y luminosidad del mar, acompañados por el avance
de la mañana sobre el agua. La primera parte es un crescendo que muestra el
ascenso del día. Se apoya en un movimiento cíclico de cuerdas y flautas que
simbolizan el flujo y reflujo de las olas. Le sigue un canto de 16
violonchelos que muestra un mar más tranquilo interrumpido por una flauta
que dibuja el vuelo de un pájaro. El primer movimiento termina con un fondo de
címbalos que recuerda el estruendo de las olas.
En el segundo movimiento Debussy sugiere el vaivén
de las olas, los cambios inesperados de la corriente, la iridiscencia de la luz
del sol en la superficie del agua y las misteriosas profundidades. Finalmente,
los tonos oscuros y amenazantes del tercer movimiento dan la
sensación de los peligros del mar. En la primera parte del movimiento la
orquesta sube y baja como los movimientos del oleaje. La segunda parte es un
periodo de calma antes de que en la parte final vuelva la tormenta hasta
convertir el flujo de las olas en un auténtico maremoto.
Son muchas las versiones que existen de La
mer. Muchos de los más grandes directores de orquesta de los últimos ciento
veinte años –desde Toscanini a Esa-Pekka Salonen, pasando por Karajan,
Bernstein, Celibidache, Boulez, Abbado, Baremboin o Simon Rattle– han grabado
la obra, varios de ellos hasta varias veces. Pero, barriendo para casa, desde
aquí queremos recomendar dos: una de las más recientes, la de nuestro Pablo
Heras-Casado dirigiendo en 2018 a la orquesta londinense Philharmonia, y otra,
de 2007, con Sir Mark Elder al frente de la orquesta Hallé de Mánchester.
Próxima
entrega: Einstein on the Beach, de Philip Glass.
https://nautikmagazine.es/bitacora/debussy-el-compositor-que-no-sabia-nadar-y-compuso-el-mar/

