domingo, 23 de marzo de 2025
11. Aquiles en la Isla de Skyros
11. Aquiles en la Isla de Skyros
10 agosto, 2015|Etiquetas: Mitología, Museos, Pintura|1 comentario
Tras nuestra parada por el universo de Gerald Durrell, retrocedemos un pequeño paso para
volver a recalar, durante un momento, en el Palacio Achilleion que
la emperatriz Sissi construyó en la isla griega de Corfú. Fue su admiración por
el pasado griego lo que le llevó a levantar este lugar de descanso dedicado al
héroe de la Iliada y profusamente decorado con elementos que demostraban su
fascinación por el mundo antiguo. Quedémonos nosotros también con Aquiles como
guía del viaje de hoy.
Aquiles es el gran protagonista de la Iliada, la obra épica de Homero en
la que se nos narra el último año de la contienda entre la ciudad de Troya y
una alianza de ciudades aqueas encabezadas por Micenas y su rey Agamenón.
Una disputa entre este último y nuestro héroe llevan al retiro de Aquiles de la
batalla. Sabiendo sus compañeros que su participación en la guerra es
indispensable para obtener la victoria, intentan convencerle de diferentes
maneras para que se reincorpore. Pero no será hasta la muerte de Patroclo que
Aquiles, lleno de dolor, retomará las armas para enfrentarse en combate
singular al príncipe troyano Héctor y, tras vencerle, arrastrar su cadáver
alrededor de las murallas de Troya. ¿Os suena esto último? Es el tema de ese fantástico
cuadro histórico que decoraba el palacio de Sissi.
Un baño de
invulnerabilidad
Pero hay muchas otras historias sobre la vida de
Aquiles. La más famosa sea tal vez la que tiene que ver con la profecía según
la cual el héroe iba a perecer en la Guerra de Troya. Para intentar darle la
inmortalidad, su madre Tetis le sumergió en la laguna Estigia,
agarrándole de un talón que, al no quedar bañado por el agua milagrosa,
permaneció como su único punto vulnerable. La propia Tetis, cuando se desató la
guerra de Troya, no confiada del todo en la invulnerabilidad de su hijo,
decidió ocultarle en el harén del rey Licomedes para evitar que su hijo
acudiera al combate. Este divertido episodio de Aquiles disfrazado de mujer
para esconderse de la llamada a la guerra se conoce con el nombre de «Aquiles
en la isla de Skyros«.
Seguro que tu próxima visita al Prado verás este
cuadro con nuevos ojos… ¿Y qué tal si para despedirnos vemos una divertida
versión animada, realizada por Balawat, de este episodio
de la mitología griega?:
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límite de tiempo.
Aquiles escondido en el gineceo
El episodio de Aquiles en Skyros
fue un motivo iconográfico de cierta popularidad en la Antigüedad. Algún día
hablaremos del impresionante mosaico que decora la Villa Romana de La Olmeda
con este motivo. Pero ahora es momento de viajar hasta el s. XVII y visitar una
de las pinacotecas más famosas del mundo que, por suerte, nos queda cerca de
casa: el Museo del Prado. No vamos a entrar ahora a
pormernorizar su colección de pintura, sino que vamos a llegar directamente al
cuadro «Aquiles descubierto por Ulises y Diomedes» que Peter-Paul
Rubens pintó entre 1617 y 1618.
La escena nos narra el momento en
el que Ulises, disfrazado de vendedor ambulante, recala en el harén del rey
Licomedes en busca de su compañero de armas. Entre las baratijas que pretende
vender ha escondido un escudo y un arma. Aquiles, representado con un traje
rojo que le hace ser el gran protagonista de la composición, no puede rehuir su
condición de guerrero y, en un gesto inconsciente, agarra una espada
descubriéndose a sí mismo bajo su disfraz femenino. Y todo ello bajo la atenta
mirada de Deidamía, hija del rey, que había mantenido un romance
con Aquiles y ya parece intuir el final de su historia de amor ante la
inminente partida de Aquiles a la guerra de Troya.
Aquiles
descubierto por Ulises y Diomedes, Rubens (Museo del Prado)
Seguro que tu próxima visita al
Prado verás este cuadro con nuevos ojos… ¿Y qué tal si para despedirnos vemos
una divertida versión animada, realizada por Balawat,
de este episodio de la mitología griega?:
Aquiles escondido en el gineceo
El episodio de Aquiles en Skyros
fue un motivo iconográfico de cierta popularidad en la Antigüedad. Algún día
hablaremos del impresionante mosaico que decora la Villa Romana de La Olmeda
con este motivo. Pero ahora es momento de viajar hasta el s. XVII y visitar una
de las pinacotecas más famosas del mundo que, por suerte, nos queda cerca de
casa: el Museo del Prado. No vamos a entrar ahora a
pormernorizar su colección de pintura, sino que vamos a llegar directamente al
cuadro «Aquiles descubierto por Ulises y Diomedes» que Peter-Paul
Rubens pintó entre 1617 y 1618.
La escena nos narra el momento en
el que Ulises, disfrazado de vendedor ambulante, recala en el harén del rey
Licomedes en busca de su compañero de armas. Entre las baratijas que pretende
vender ha escondido un escudo y un arma. Aquiles, representado con un traje
rojo que le hace ser el gran protagonista de la composición, no puede rehuir su
condición de guerrero y, en un gesto inconsciente, agarra una espada
descubriéndose a sí mismo bajo su disfraz femenino. Y todo ello bajo la atenta
mirada de Deidamía, hija del rey, que había mantenido un romance
con Aquiles y ya parece intuir el final de su historia de amor ante la
inminente partida de Aquiles a la guerra de Troya.
Aquiles
descubierto por Ulises y Diomedes, Rubens (Museo del Prado)
Seguro que tu próxima visita al
Prado verás este cuadro con nuevos ojos… ¿Y qué tal si para despedirnos vemos
una divertida versión animada, realizada por Balawat,
de este episodio de la mitología griega?:
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Mr. Littlemore: un fantasma inglés en El Paraíso de Manucho
Ciudadanos / lugares con historia
Mr. Littlemore: un fantasma inglés en El Paraíso de
Manucho
En 1969
Mujica Lainez se mudó a su casa de Cruz Chica. Tres años después, en su novela
“Cecil” inmortalizó al fantasma que aún ronda La Cumbre.
31 de
enero de 2016,
00:01
La casa
puede visitarse y está intacta. Se conservan las colecciones de libros, las
notas y hasta la máquina de escribir de Mujica Lainez (Sergio Cejas/LaVoz)
"Se vende El Paraíso".
La casa puede visitarse y está intacta. Se
conservan las colecciones de libros, las notas y hasta la máquina de escribir
de Mujica Lainez (Sergio Cejas/LaVoz)
El cartel detallaba las características de la
imponente propiedad principal: 20 ambientes y un parque de siete hectáreas con
piscina, árboles ornamentales, frutales, nativos, una gran variedad de
aromáticas y fuentes con nenúfares.
Lo que no decía –por razones obvias– es que desde hacía cuatro décadas la
habitaba el fantasma de Mr. Littlemore, un caballero inglés afecto al whisky y
la ginebra que pagó con su vida la infidelidad conyugal.
Al leer el letrero que se asomaba entre las ramas de una enredadera, Manuel
Mujica Lainez se quedó inerte mientras un escozor le rebasó la conciencia y lo
dejó sin habla.
José Martín Bartolomé, su amigo y compañero ocasional de caminata, acertó en la
razón del sosiego súbito: se le había figurado la chacra en Campana, provincia
de Buenos Aires, donde funcionaba una colectividad de exiliados de la ciudad y
expulsados de la fortuna que vivían en un estado de evasión y anclados al
pasado.
El escritor había bautizado con el mismo nombre en la ficción a ese refugio en
el cual los Invitados en El Paraíso rehacen sus vidas
idealizadas y proyectan futuros inciertos.
La novela fue escrita entre abril de 1956 y febrero de 1957, una década antes
de aquel encuentro ¿casual?
Sin embargo, la casona del pasmo repentino –de trazos españoles y
reminiscencias italianas ganada por la frondosidad de años de abandono– estaba
en Cruz Chica, en el valle de Punilla, a tres kilómetros de La Cumbre y a 810
de su Misteriosa Buenos Aires .
Cultor de fetiches y supersticioso contumaz, "Manucho" pensó que en
ese chalé serrano, rendido a la avidez de la espesura, estaba cifrado su
destino.
No se equivocó.
Con familiares así...
El Banco Popular había recibido El Paraíso de parte de Ramón Avelino Cabezas
como pago de un préstamo millonario cuya cancelación no cumplió.
El expresidente del Club Español de Buenos Aires habitó la propiedad –desde su
inauguración en 1922– con su esposa Rosario Pizarro viuda de Cordero y un hijo
del primer matrimonio de la mujer.
El proyecto y construcción pertenecen a León Dourge, arquitecto parisiense que
trabajó en Argentina en el estudio Bustillo, donde cultivó relaciones con la
alta sociedad de la época. En el amplio predio en el faldeo serrano de Punilla
(originalmente tenía 22 hectáreas), Dourge construyó el chalé principal, otras
viviendas menores, sala de conciertos, taller, lago artificial y una pileta de
grandes dimensiones, entre otras comodidades.
A mediado de los '50, al regreso de un viaje de seis meses por España, Cabezas
se encontró con una sorpresa devastadora: su mujer y el hijastro habían
empeñado hasta los muebles de El Paraíso. "El Gallego" tuvo que
deshacerse de la mansión.
El Banco Popular tazó el inmueble en ocho millones de pesos y comisionó su
venta al hotelero Jorge Lumsdaine, quien empezó a ofrecerlo en 1957.
Tras una década sin interesados, en 1968 el corredor inmobiliario recibió una
oferta de Mujica Lainez: siete millones de pesos a pagar en tres cuotas.
"Manucho" alcanzaría esa cifra integrando los derechos de autor del
año vencido, el Premio Forti Glori (1968), la venta del autorretrato de Miguel
Carlos Victoria y una parte de la herencia de Anita. Terminó de pagarla el 19
de abril de 1969.
En mayo partió el primer camión de mudanzas desde la residencia de
"Manucho" –en O'Higgins 2150, Buenos Aires– rumbo al caserón de Cruz
Chica. El traslado duró seis meses y el escritor se instaló definitivamente en
El Paraíso a comienzos de diciembre.
Lo hizo con Anita, su madre Lucía Lainez Varela de Mujica Farías y sus tres tías.
Más tarde se les sumaría el fantasma de Mr. Littlemore, a quien presentaría en
sociedad en Cecil, la primera novela que escribiría en su nueva
casa.
https://www.lavoz.com.ar/ciudadanos/mr-littlemore-un-fantasma-ingles-en-el-paraiso-de-manucho/




