lunes, 28 de noviembre de 2011

El diccionario que necesitabas

El diccionario que necesitabas. Y otros diez diccionarios en español

Conozcan al útil Goodrae y todas sus funciones. Además, otros diez diccionarios en español para consultar online.

Publicado por Diego Rottman 25/11/2011 01:11
Goodrae es un diccionario en español que permite hacer búsquedas más complicadas y dinámicas que el de la Real Academia Española. Todos los errores de uso que tiene el diccionario de la RAE, Goodrae los resuelve.

Uno es el que nos va llevando de una palabra a la otra. Así lo cuenta su creador:
Soy maestro de Primaria y una situación parecida a la siguiente se daba en clase con demasiada frecuencia. Algo había que hacer.

"- Maestro, ¿qué es "abaleadura"? - Búscalo en el diccionario, Ramón. (...tic, tac, tic, tac...) - "Acción y efecto de abalear." Y ¿qué es "abalear"? - Pues, búscalo en el diccionario, Ramón ( ...tic, tac, tic, tac...) - "Separar del trigo, cebada, etc., después de aventados, y con escoba a propósito para ello, los granzones y la paja gruesa." ¿Y qué es "aventados"? ¿y qué son "granzones"? - Ehhhhh...."
Con Goodrae cada palabra es clickeable y lleva a su significado, con lo que las dudas de este alumno se resolverían en cuestión de segundos.

Pero hay más: ¿están haciendo un crucigrama y tienen una palabra que empieza con "xi" y termina con "o"? Con Goodrae pueden poner "xi*o" y les mostrará todas las palabras en español que pueden ser: xifoideo, xilófago, xilófono, xilográfico, xilógrafo, xilórgano. Lo mismo sirve para el Scrabel.

Y ya que hablamos de juegos, si en el Tutti-Frutti hay que poner colores, basta buscar "color" en Goodrae y hallaremos todos los que figuran en el diccionario (¿sabían que existe un color aberenjenado? ideal para no tener que poner azul).

Los poetas también pueden acudir a Goodrae cuando la inspiración falla. Si no se les ocurre con qué rimar "dicha", acá tienen doce opciones ofrecidas por Goodrae (me quedo con salchicha).

Pero Goodrae no es el único diccionario en español alternativo al de la RAE. Acá van otras propuestas y cuándo usarlas:

- Wikipedia: la enciclopedia más conocida de la Red. Al momento de escribir esto, la versión en español tenía 845.818 artículos. Se complementa con el Wikcionario, el diccionario de Wikipedia.

- Compjugador: un diccionario para ver cómo se conjuga cualquier verbo en español.

- El País y El Mundo:
los dos diarios españoles ofrecen, además del diccionario convencional, diccionarios de sinónimos, antónimos, de inglés, de francés y, en el caso de El Mundo, también de Medicina.

- Clarín: ideal para encontrar palabras que se usan solo en Argentina, como por ejemplo "teca".

- Diccionario de dudas: en este servicio de la Real Academia Española se puede consultar si de debe decir "menús" o "menúes". Otro diccionario de dudas es el de Fundeu.

- María Moliner: junto con el de la RAE, el diccionario más respetado.

- Diccionario de rimas: otro para poetas, pero exclusivamente orientado a escribir en verso.

- Diccionario de Google: con poner define: seguido del término que querramos consultar en la ventana de búsqueda de Google, accederemos a su definición. Por ejemplo define:FMI

domingo, 20 de noviembre de 2011

Extrañas muertes

CLARIN, 20 de setiembre de 1998

RELATO POLICIAL DE PABLO DE SANTIS
Extrañas muertes

La Traducción
Por PABLO DE SANTIS
(Planeta) 183 páginas

Las ratas, de José Bianco -escribió Borges en la década del 40-, es uno de los pocos libros argentinos que recuerdan que hay un lector: un hombre silencioso cuya atención conviene retener, cuyas previsiones hay que frustrar, delicadamente, cuyas reacciones hay que gobernar y que presentir, cuya amistad es necesaria, cuya complicidad es preciosa. ¿Cuántos escritores de nuestro tiempo sospechan esa necesidad? ¿Cuántos, en vez de interesar al lector, no se proponen abrumarlo e intimidarlo?"La traducción, finalista del Premio Planeta 1997, afirma a Pablo De Santis como uno de esos pocos que Borges supo reconocer en Bianco.

Narrada en primera persona, la historia transcurre cinco años antes del momento del relato en una ciudad fantasma de la costa argentina. Allí se realizó un congreso de traductores al que Miguel De Blast -40 años, casado, reacio a participar de esos eventos- asistió atraído por la presencia anticipada de una mujer con la que quince años atrás estuvo involucrado. Allí se encontrará también con un antiguo rival al que, como es debido, secretamente admira. El triángulo vuelve a armarse. Paralelamente, una serie de extrañas muertes complica la posición de unos respecto del otro, y, en ese juego de vértices cambiantes, Miguel se debatirá entre el amor a la mujer perdida, el odio a su colega y la búsqueda de la versión real de los hechos, cifrada en el denominador común de una moneda.

Pero bien. ¿Qué prueba que un novelista piensa en el lector? La respuesta: la conciencia extrema del lenguaje como vehículo ideal y exclusivo sobre el cual montar una historia y hacerla andar por los rieles de la tensión narrativa, únicos rieles posibles para llegar al lector con esa otra historia que siempre hay detrás de la aparente historia y que, en general, llamamos "sentido de la novela". A esa historia, Edward M. Forster la llamaba "fantasía y profecía". "Las palabras -escribió- contienen algo ajeno a su simplicidad." Ese "algo", para Forster, tenía por tema el universo, "o algo universal", que no necesariamente debía "hablar" sobre el universo sino "proponerse cantar" sobre él para que el carácter extraño de la melodía que se eleva en las salas de la novela causara entonces una conmoción en el lector. A cada paso, De Santis es consciente de ese canto y de ese "cierto acento en la voz del novelista" que saca a las palabras de la literalidad para convertirlas en literatura. Hay en la mirada de De Santis un conocimiento silencioso de las relaciones humanas, de aquello que, por debajo de la aparente comunicación de las palabras, comunica más verdaderamente a las personas. De Santis consigue pasar esto a un primer plano sin ponerlo explícitamente de relieve: maneja bien los silencios e inyecta a las descripciones y a los diálogos un matiz de cosa inconclusa que produce, misteriosamente, el efecto contrario de lo inacabado. De Santis lo sabe y lo busca. "Ese libro -dice uno de los personajes- me sirvió mucho en mis investigaciones. No tanto por lo que dice, como por lo que no dice. Para entenderlo hay que saber leer las alusiones, los vacíos." Como en esos dibujos prefigurados por puntos o números que uno debe ir uniendo con líneas para poder completarlos, De Santis elige con justeza la distancia entre punto y punto, conoce la dimensión de sus espacios, ve en cada uno de ellos el recipiente necesario para que la imaginación del lector encuentre allí su sitio y repose, y para que el texto, entonces, como un destino que se cumple, finalmente tome cuerpo. Un ejemplo: "Cuando estaba por dejar la mesa, apareció Ana (la mujer con la que estuvo involucrado quince años atrás). Vestía una gigantesca campera verde. Pensé con celos que la había heredado de algún hombre. ¿Te acordás de esta campera? -preguntó-. Espero que no la reclames. Se sentó y pidió un café". Un ejemplo más: "Ana hizo saltar una de las monedas en el aire. ¿Dónde estaban? -preguntó-. En la boca, debajo de la lengua -dije-. Tiró las monedas sobre la cama, como si bruscamente se hubieran convertido en otra cosa. Las palabras moldean la materia en segundos". Bajo este mismo criterio, De Santis enfrenta las escenas de mayor dramatismo -aquellas que, en sí mismas, ya encierran un determinado poder emotivo- con un laconismo conscientemente buscado: sabe que, en términos formales, la literatura es mentir y que la mejor literatura es la que mejor miente. Sabe que, entre las muchas maneras de mentir -como escribió Onetti-, existe una, "la más repugnante de todas", que es "decir la verdad, toda la verdad, ocultando el alma de los hechos". De Santis delega esa responsabilidad (otorgar un alma a los hechos), no como un acto de traición sino de generosidad y respeto hacia ese cómplice sin el cual ningún libro se completa. Más que concebir y pensar en el lector, confía en él. No le explica lo innecesario, no busca impresionarlo con malabares del lenguaje. Como en Bia Sin embargo, también es cierto que, a lo largo de toda la novela y debido a estas virtudes, pareciera existir una promesa que no llega a consumarse: la promesa de un regreso al punto inicial del relato, a la actualidad de De Blast, a este presente en el que, tras cinco años y con la historia ya contada, el narrador exhibe los móviles que lo llevaron a recordar esta historia y a explicar por qué, como dice al final del primer capítulo, "los objetos que llevan inscripciones tales como Recuerdo de... rara vez son recuerdo de algo". "El faro, en cambio -agrega allí De Santis-, me sigue enviando señales de advertencia." Luego del final, la trama se repliega sobre sí misma, cada pieza ocupa su lugar, el instrumento de relojería queda armado. Pero, de pronto, se filtra en el lector una ligera desazón: sin ese regreso al presente de De Blast, lo anecdótico se impone más de lo necesario por sobre el sentido general de la novela, hasta llegar casi a eclipsarlo.

Un libro, antes que nada, es tiempo por vivir. De Santis escribió una hermosa novela o, lo que es lo mismo, una larga sucesión de momentos de felicidad.

DIEGO BAGNERA

martes, 15 de noviembre de 2011

Voyage voyage

Voyage voyage
ENE 27
Posteado por Capitán Tomate en Anécdotas 1 comentario
A las puertas de la inaguración de Fitur (empieza mañana…) hoy voy a poner una canción que viene mucho a cuento con el mundo del turismo y los viajes (al menos el título…) y que, a pesar de que más de uno la ha conocido hace poco, tiene ya unos cuantos años. Como siempre empecemos por la música…





La canción original fue escrita por Claudie Fritsch bajo el nombre artístico de Desireless y grabada dentro del disco François (1985). A pesar de no llegar al número 1 en Francia, la canción sí lo hizo en otros países teóricamente más cerrados a la música francesa como pueden ser Alemania, Noruega, Tailandia, Yugoslavia, Grecia e Israel entre otros, por no decir nada del éxito que tuvo en España…




La canción estaba grabada en francés y en ella destacaba el uso de los sonidos electrónicos, tan de moda en los 80. Curiosamente, a pesar de la imagen andrógina que lucía la cantante (que la convirtió en un icono del lesbianismo), Desireless era heterosexual y tuvo su primer hijo con su pareja, el citado François, en 1988.





A pesar de que muchos carrozas musicales como yo (pero sólo musical…) recuerdan perfectamente la canción original, es en el 2007 cuando Kate Ryan hace una versión del tema en su álbum Free con un ritmo más rápido, más discotequero, lo que unido a un cuidado videoclip hace que esta canción vuelva a sonar en la radio en los puestos más altos…




Como curiosidad sobre la canción voy a destacar la que hizo el grupo mexicano Magneto, versión mexicana de las boys-bands tan típicas de principios de los 90 como eran New Kids on the Block o Take That, y la incluyeron en el álbum con el mismo nombre, Vuela vuela (1991). Y es que todavía recuerdo el video y ese pedazo de vestuario y baile…



Y para terminar con este post, os voy a dejar una última versión que merece la pena y que varía con lo que he puesto antes, y es que está cantada por monjes gregorianos. La versión pertenece al disco Master of chants II (2001), un disco que recopila versiones de canciones de éxito en este particular estilo. A ver qué os parece…




Bueno, ahora os toca decir a vosotros qué versión es la que os gusta más…

Desireless - Voyage Voyage