lunes, 15 de mayo de 2017
domingo, 14 de mayo de 2017
Olimpia de Gouges
(Marie Gouze; Montauban, 1748 - París, 1793) Escritora y heroína francesa que reivindicó la igualdad de derechos entre hombres y mujeres en el marco de la Revolución Francesa, considerada precursora del moderno feminismo.
Olimpia de Gouges
Hija de una vendedora de objetos de tocador (su padre fue, según unos, Luis XV, y según otros historiadores, el poeta Lefranc de Pompignan), contrajo matrimonio a los quince años con un tal Aubry, el cual murió al poco tiempo, dejándole unos 70.000 francos de renta. Pasó entonces a París, en donde tomó el nombre de Olimpia de Gouges y se dedicó a la literatura.
Al estallar la Revolución Francesa adoptó al principio sus ideas, pero después combatió el sistema del Terror y a sus hombres con una energía que la conduciría al cadalso. Se dice que había tratado de encargarse de la defensa de Luis XVI, y que al ser el rey ejecutado envió una carta insultante a Robespierre, el cual entregó a Olimpia al tribunal revolucionario, que la condenó a morir en la guillotina.
Escribió un gran número de obras para el teatro, tales como Zamore y Myrza, Lucinda y Cardenio, El matrimonio de Chérubin, El hombre generoso, El filósofo corregido y Molière en casa de Ninon, de las cuales sólo la primera, de ideología abolicionista, logró ser admitida en la Comedia Francesa, y se representó en 1789 con el título La esclavitud de los negros o el feliz naufragio.
Durante los días de su actividad política dio al teatro tres obras más: Mirabeau en los Campos Elíseos (1791), El convento o los votos forzados (1792) y Les Vivandiers (1793). Escribió, además, El príncipe filósofo, obra en la que, en forma de cuento oriental, expone sus ideas acerca de los derechos de las mujeres, y muchos opúsculos sobre cuestiones sociales, como El espíritu, Las tres urnas y Un testamento político. De entre todos ellos destaca la Declaración de los derechos de la mujer y de la ciudadana (1791), título que calcó de la Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano (1789).
sábado, 13 de mayo de 2017
"Manet" Georges Bataille
EL CULTURAL, todos los jueves en su quiosco
Libros ENSAYO
Manet
Georges Bataille
Trad. Juan Gregorio. Arquitectura, 48. Murcia, 2004. 97 págs, 13 euros.
Manet
Y también la preocupación por el origen. Como recuerda Jarauta en su sugestivo texto de presentación, el trabajo sobre Manet, en quien Bataille ve nacer el arte moderno, establece un registro paralelo con el que el pensador francés dedica a Lascaux, en donde éste sitúa el nacimiento del arte. Bataille traza un perfil de Manet, al que caracteriza como “un hombre elegante” que ocultaba en su interior “una amargura contenida”. Un artista que siente la incomprensión de sus contemporáneos, que establece una ruptura definitiva con la tradición pictórica, representada en su tiempo sobre todo por Delacroix. No es difícil percibir una cierta dependencia de la crítica artística de los 50, y muy en particular de Malraux, en alguno de los tópicos que Bataille aborda. Pero la modulación, el planteamiento teórico, presenta una intención distinta. Bataille sitúa el acto de ruptura, con el que Manet daría curso al nacimiento del arte moderno, en una actitud que germina ya en una afirmación del pintor adolescente, y en la que se desvela todo un programa pictórico: “Hacer de un golpe lo que se ve”.
Ese objetivo de inmediatez expresiva, que recibe impulso y estímulo en el diálogo de Manet con la pintura española, sobre todo Velázquez y Goya, lo diferenciaría a la vez de los impresionistas. Se trataría, en el fondo, en la perspectiva de Bataille, de un proceso de despojamiento: de la eliminación progresiva de todo efecto retórico, o de elocuencia, en búsqueda de un silencio pictórico sustantivo. La risa nerviosa, el escándalo y el rechazo con los que el público respondió a la presentación de Olimpia en el Salón de 1865, que Bataille sitúa como obra central en la revolución estética propiciada por Manet, nos llevan a situaciones no tan lejanas de las dificultades para asimilar el arte actual que con tanta frecuencia tienen lugar en nuestros días.
Con su ruptura, Manet abre la emancipación del arte respecto a los referentes externos, lo que Bataille llama la destrucción del tema, y eso implica concebir la pintura como un acto en el que el pintor, de modo simultáneo, ve y hace ver. Se trata del inicio de un proceso por el que el arte deja de realizar una tarea de representación, para convertirse en una actividad de generación de registros visuales. Aunque, el propio Bataille corrige, después de todo en los lienzos de Manet el tema estaría menos destruido que rebasado, y así más que anulado, transfigurado en la desnudez de la pintura. éste sería el secreto que nos transmitiría la Olimpia: el valor del arte mismo, desnudo, “que sucede a aquellas sombras patéticas a las que el pasado quiso dar el dominio del mundo”. Nacía así el arte moderno, aquel en el que la representación actúa plenamente libre respecto a cualquier tema o motivo exterior.
viernes, 12 de mayo de 2017
Los picapedreros de Courbet
Picapedreros
Autor: Gustave Courbet
Fecha: 1849
Museo: Gemäldegalerie de Dresde
Características: 165 x 238 cm.
Estilo: Realismo Francés
Material: Oleo sobre lienzo
Copyright: (C) ARTEHISTORIA
Fecha: 1849
Museo: Gemäldegalerie de Dresde
Características: 165 x 238 cm.
Estilo: Realismo Francés
Material: Oleo sobre lienzo
Copyright: (C) ARTEHISTORIA
Comentario
Con los Picapedreros, Courbet inaugura la temática socialista en la pintura, según su amigo Proudhon. El lienzo surgió cuando el pintor contempló la dureza del trabajo de estos dos hombres, transmitiendo con su pintura una fuerte carga social. Las figuras ocultan sus rostros, concentrándose en su labor; visten ropas raídas, apreciándose claramente los parches de los pantalones o los agujeros en las camisas. Con esta obra, Courbet quiere democratizar el arte, analizar la sociedad para corregirla ya que el pintor tiene una misión que cumplir. Los dos picapedreros se recortan sobre la oscura loma que hay tras ellos, apreciándose referencias a la naturaleza. Las piedras, la cacerola del fondo, los útiles de trabajo toman un papel protagonista en la composición, recogiendo el pintor con el mayor realismo posible lo que observan sus ojos. Su exhibición en el Salón de 1850 sirvió para exaltar el trabajo públicamente. Desgraciadamente, fue destruida durante la Segunda Guerra Mundial.
Olimpia
Autor: Edouard Manet
Fecha: 1863
Museo: Museo de Orsay
Características: 130´2 x 189´9 cm.
Estilo: Impresionismo
Material: Oleo sobre lienzo
Copyright: (C) ARTEHISTORIA
Fecha: 1863
Museo: Museo de Orsay
Características: 130´2 x 189´9 cm.
Estilo: Impresionismo
Material: Oleo sobre lienzo
Copyright: (C) ARTEHISTORIA
Comentario
Posiblemente sea ésta la obra más famosa de Manet, junto a Desayuno en la hierba. Fue presentada al Salón de 1865 junto a Cristo escarnecido por tres soldados, contraponiendo así una figura masculina y otra femenina, ambas desnudas. Para los críticos y público fue una provocación, por lo que de nuevo se produjo el escándalo; por el contrario, recibió apoyo y felicitaciones de los jóvenes artistas que después formarán el grupo impresionista. El pintor presenta la figura de una prostituta de alto postín, desnuda, tumbada sobre un diván, acompañada de su dama y de un gato negro. La modelo que posó para el cuadro fue Victorine Meurent, favorita de Manet y amante del fotógrafo Nadar. La principal fuente de inspiración es la Venus de Urbino de Tiziano, copiada durante la estancia en Florencia de 1853 ó 1856. También existen ecos de la Maja Desnuda de Goya y la Odalisca con esclava de Ingres. Sin embargo, la novedad que aporta Manet es que se trata de una mujer de carne y hueso, olvidando la relación con la mitología o lo oriental. Es decir, se trata de una escena contemporánea, inspirada en una poesía de Baudelaire dedicada a una cortesana. Aquí estaría el punto de partida de las escenas de burdel que tan famoso harán, por ejemplo, a Toulouse-Lautrec. El recurso de unir modernidad y tradición clásica era muy utilizado por Manet, como ya había hecho en Música en las Tullerías o Desayuno en la hierba. Por esto es considerado el primero que rompe de manera definitiva con la tradición académica, sirviendo a los impresionistas como punto de referencia y estímulo, a pesar de que Manet nunca se integró en el grupo. El lenguaje empleado en esta imagen es mucho más audaz que en obras anteriores; de nuevo la figura se recorta sobre un fondo neutro, utilizando una iluminación frontal que elimina las gradaciones tonales y las sombras. Esta iluminación - tomada de la estampa japonesa - acentúa la sensación de planitud, eliminada por Manet al contraponer partes claras y oscuras, revelando el sentido del volumen. Las líneas de los contornos están perfectamente definidas, destacando el valor otorgado por Manet al dibujo como le había indicado su maestro, Couture. La pincelada de Manet es muy segura, define con brillantez los detalles de las telas y emplea la mancha para las flores o las cortinas verdes del fondo. La bella figura de Olimpia mira con descaro al espectador, como si de un cliente se tratara; su sensual cuerpo se ofrece con los zapatos de tacón puestos, aumentando así el concepto de realismo aprendido de Courbet, que acentúa con la aparición de la sirvienta de color - con un magnífico ramo de flores en las manos - y el gato negro, que contrasta también con el cuerpo nacarado de Olimpia y con las telas blanquecinas sobre las que posa. Destaca el mantón oriental que sujeta la dama con su mano izquierda, síntoma de la afición por lo oriental de aquellos momentos. El título de Olimpia le fue puesto por Astruc quince meses después de ser pintada, inspirándose en los versos de un poema titulado La Fille des îles. Una dama italiana llamada Giulia Ramelli se prendó de la obra y escribió al pintor, preguntando por el precio para adquirirla. Manet la valoró en 10.000 francos, suma excesiva para la compradora. En 1889 fue presentada en la Exposición Universal de París, donde la pretendió comprar un coleccionista americano. El pintor Sargent advirtió a Monet, que inició una suscripción popular para comprar la Olimpia y donarla al Estado; entre julio de 1889 y enero del año siguiente se llevó a cabo dicha suscripción, no exenta de incidentes.
Con motivo del centenario de Manet, Paul Valery glosaría esta obra en los siguientes términos: "Olimpia choca, despierta un horror sagrado, se impone y triunfa. Olimpia es escándalo, ídolo; potencia y presencia pública de un miserable arcano de la sociedad. Su cabeza está vacía: un hilo de terciopelo negro la separa de lo esencial de su ser. La pureza de un trazo perfecto esconde a la Impura por excelencia, aquella cuya función exige la ignorancia sosegada y cándida de todo pudor. Vestal bestial consagrado al desnudo absoluto, lleva a soñar todo lo que esconde y conserva de barbarie primitiva y de animalidad".
Con motivo del centenario de Manet, Paul Valery glosaría esta obra en los siguientes términos: "Olimpia choca, despierta un horror sagrado, se impone y triunfa. Olimpia es escándalo, ídolo; potencia y presencia pública de un miserable arcano de la sociedad. Su cabeza está vacía: un hilo de terciopelo negro la separa de lo esencial de su ser. La pureza de un trazo perfecto esconde a la Impura por excelencia, aquella cuya función exige la ignorancia sosegada y cándida de todo pudor. Vestal bestial consagrado al desnudo absoluto, lleva a soñar todo lo que esconde y conserva de barbarie primitiva y de animalidad".
Berthe Morisot con abanico
Autor: Edouard Manet
Fecha: 1872
Museo: Museo de Orsay
Características: 60 x 45 cm.
Estilo: Impresionismo
Material: Oleo sobre lienzo
Copyright: (C) ARTEHISTORIA
Fecha: 1872
Museo: Museo de Orsay
Características: 60 x 45 cm.
Estilo: Impresionismo
Material: Oleo sobre lienzo
Copyright: (C) ARTEHISTORIA
Comentario
La pintora Berthe Morisot será una de las modelos favoritas de Manet en la década de 1870. Ella disfrutaba posando para el gran maestro, llegando a sentir celos de Eva Gonzalès cuando ésta entró en el estudio. La cuñada de Manet - se casaría con su hermano menor Eugène - aparece sentada en una silla, vestida de negro y ocultando su rostro con un abanico. La figura se recorta sobre un fondo rojizo en sintonía con las tonalidades oscuras de la composición, alterada por las medias, los zapatos y las referencias a la carnación de la modelo en brazos y rostro. La pincelada es muy abocetada, aplicando largos toques que le acercan al Impresionismo.
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