viernes, 6 de abril de 2012

L'après-midi d'un Faune



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ESOTERIC WORDSMYTH



The ballet L'après-midi d'un faune (or The Afternoon of a Faun) was choreographed by Vaslav Nijinsky for the Ballets Russes, and first performed in the Théâtre du Châtelet in Paris on May 29, 1912. Nijinsky danced the main part himself.

As its score it used the Prélude à l'après-midi d'un faune by Claude Debussy. Both the music and the ballet were inspired by the poem L'après-midi d'un faune by Stéphane Mallarmé. The costumes and sets were designed by the painter Léon Bakst.

The style of the ballet, in which a young faun meets several nymphs, flirts with them and chases them, was deliberately archaic. In the original scenography designed by Léon Bakst, the dancers were presented as part of a large tableau, a staging reminiscent of an ancient Greek vase painting. They often moved across the stage in profile as if on a bas relief. The ballet was presented in bare feet and rejected classical formalism. The work had an overtly sexual nature for its time and ended with a scene of simulated masturbation.

Lydia Sokolova, the first English dancer in the Ballets Russes, gave the following description of Nijinsky's performance:

‘Nijinsky as the faun was thrilling. Although his movements were absolutely restrained, they were virile and powerful and the manner in which he caressed and carried the nymph's veil was so animal that one expected to see him run up the side of the hill with it in his mouth. There was an unforgettable moment just before his final amorous descent upon the scarf when he knelt on one leg on top of the hill; with his other leg stretched out behind him. Suddenly he threw back his head, opened his mouth and silently laughed. It was superb acting.’



L'Après-midi d'un Faune is considered one of the first modern ballets and proved to be as controversial as Nijinsky's Jeux (1913) and Le sacre du printemps (1913).

It was especially the final masturbatory gesture of the choreography that caused the scandal which followed the first performance. In the newspaper Le Figaro, editor Gaston Calmette wrote, ‘We have had a faun, incontinent, with vile movements of erotic bestiality and gestures of heavy shamelessness.’ To him, Nijinsky's dance was ‘the too-expressive pantomime of the body of an ill-made beast, hideous, from the front, and even more hideous in profile,’ and his paper started a campaign against the ballet.

In reply, the sculptor Auguste Rodin published a defense of the choreography and, in a letter to Le Figaro painter Odilon Redon, expressed the wish that his friend Mallarmé could have seen ‘this wonderful evocation of his thought.’

Due to its hostile reception the ballet was only in the repertoire for a few years before being forgotten and assumed lost. In the late 1980s, dance notation specialists Ann Hutchinson Guest and Claudia Jeschke reconstructed the ballet from Nijinsky's own notebooks, his dance notation and the photographs of the dancers that were made by Baron Adolf de Meyer shortly after the first performance. This reconstructed version is often presented with Nijinsky's other works or repertoire from the Ballets Russes.

EL ENIGMA

El gran mago planteó esta cuestión: —¿Cuál es, de todas las cosas del mundo, la más larga y lamás corta, la más rápida y la más lenta, la más divisible y la másextensa, la más abandonada y la más añorada, sin la cual nada se puede hacer, devora todo lo que es pequeño y vivifica todo lo quees grande?Le tocaba hablar a Itobad. Contestó que un hombre como élno entendía nada de enigmas y que era suficiente con haber vencido a golpe de lanza. Unos dijeron que la solución del enigma
era la fortuna, otros la tierra, otros la luz. Zadig consideró que era el tiempo.
-Nada es más largo, agregó, ya que es la medida de laeternidad; nada es más breve ya que nunca alcanza para dar fin anuestros proyectos; nada es más lento para el que espera; nada esmás rápido para el que goza. Se extiende hasta lo infinito, y hastalo infinito se subdivide; todos los hombres le descuidan y lamentansu pérdida; nada se hace sin él; hace olvidar todo lo que es indignode la posteridad, e inmortaliza las grandes cosas.

Voltaire

"A PRIMERA VISTA"

Mujeres en 3 D


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La guerra de los botones

Película.
Título original: La nouvelle guerre des boutons. Dirección: Christophe Barratier. País: Francia. Año: 2011. Duración: 100 min. Género: Aventuras, comedia. Interpretación: Guillaume Canet (maestro), Laetitia Casta (Simone), Gérard Jugnot (padre de L’Aztec), Kad Merad (padre de Lebrac), Jean Texier (Lebrac), François Morel (padre de Bacaillé), Marie Bunel (madre de Lebrac), Thomas Goldberg (L’Aztec), Théophile Baquet (Gran Gibus), Louis Dussol (Bacaillé), Nathan Parent (Camus). Guion: Christophe Barratier, Stéphane Keller y Thomas Langmann; basado en la novela homónima de Louis Pergaud. Producción: Thomas Langmann. Música: Philippe Rombi. Fotografía: Jean Poisson. Montaje: Anne-Sophie Bion e Yves Deschamps. Diseño de producción: François Emmanuelli. Vestuario: Jean-Daniel Vuillermoz. Distribuidora: Alta Classics. Estreno en Francia: 21 Septiembre 2011. Estreno en España: 11 Noviembre 2011. Calificación por edades: Apta para todos los públicos.

jueves, 5 de abril de 2012

Mujeres en el baño...

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Escena 8. El mosquito

E. - Me gustaría ser mosquito... para que alguien me de un manotazo y me haga mierda... No me importa si te quedás o te vas.
No me interesa si estás con otras y les decís que las deseás tanto o más que a mí. No me importa ser la segunda, la tercera o la cuarta, no me interesa no ser la primera ni la única, y me da igual que no sea para siempre.
No me importa que mientas cuando hablás de mí, ni que digas que soy un milagro que no soy en tu vida. Ni siquiera me importa saber si me querés. No me importa la poesía, no me importan las palabras que decís o que callás.
No me interesa saber si me extrañás, y me da risa encontrar por casualidad un email de otra que declara que te extraña y que sin pudores te cuenta que revisa su correo electrónico siete veces al día para ver si le escribís, y que habla de tu barba y tus masajes, y todo con un tono brutalmente grasa que me impacta y me conmueve hasta las tripas.
No me importa ver junto al mensaje un signo rojo que lo clasifica como de alta prioridad. Ni me interesa imaginarte clasificando el email.
No me importan los llamados telefónicos que recibís, ni la impostada naturalidad que simulás cuando sabés que te estoy escuchando.
No me importa que ellas sean más jóvenes que yo.
No me importa que les digas corazón, pajarito o bombón.
No me interesa saber en qué pensás cuando cogés.
No me interesa descubrir si es mentira o es verdad.
No me importa que uses siempre las mismas frases, el mismo modo, las mismas ocurrencias con todas por igual.
No me importa que tu pija sea chica ni me importa saber si lo sabés.
No me interesa que me cuentes de dónde venís ni a dónde vas ni por qué te quedás cuando te quedás.
No me importa que ésto esté acabado antes de empezar.
Simplemente no me importa...

E. llora. Todas ingresan y aplauden a E. luego le entregan un ramo de flores. E. ríe, y luego llora otra vez.

L. – Veamos con qué facilidad, de un momento a otro, el corazón más fuerte y desafectado del mundo, puede derrumbarse:
Una vez amé a un hombre que frente a la mínima posibilidad de tormenta sentencio: “no tenemos que vernos más”, Y ni una milésima de segundo después, mi corazón se enfermó de tristeza. Estuvo noches enteras agonizando, gritando como un loco desbocado. Y yo caminaba sin rumbo por la casa, Iba a la cocina, al baño, al sillón... daba vueltas con la garganta cerrada sin saber qué hacer, y mi corazón medio moribundo me pedía que lo calme con algo...
Yo intentaba asistirlo, quería resolver, le daba una palmada, un sacudón, le hablaba: ¡Vamos corazón, vamos!... ¡arriba el ánimo corazón!... Pero él nada, estaba susceptible... desolado... hecho una mierda... no había forma.
Empezó a recordar cosas del pasado... amores viejos... Y yo le decía, eso ya está, ya lo superaste, no te acordas? Y él no me escuchaba, cualquier dolor le daba lo mismo, sufría por cualquier cosa... mezclaba nombres, confundía lugares y yo me desesperaba, no sabía cómo ayudarlo ni qué decirle, y mi corazón sufría y sufría... Al punto que ya ni sabía quién lo había dejado... Sufrió tanto pero tanto, que llegó un momento que ya no importaban cuáles eran los motivos que lo hacían sufrir... y yo desbordada y superada por tremenda situación sólo gritaba: ¡parala corazón! ¡Parala corazón!

T. – ¡Devolveme mi ventilador!

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(Mujeres en el baño. Mariela Asensio)

Para Pablo Picasso, las mujeres eran unas "máquinas de sufrir"

CULTURA | EL LADO OSCURO DE UN GENIO DEL ARTE


Un libro español que se editará en Argentina indaga en la capacidad que tenía el artista para destruir a sus parejas. La autora de "Picasso y las mujeres" le dijo a Clarín que ese maltrato hoy sería imposible.


Héctor Pavón
hpavon@clarin.com






Mujeres y arte. Las dos pasiones de Pablo Picasso que dominaban su vida y se confundían entre sí. El arte lo dominaba pero las mujeres no. Por el contrario, ejerció todo su poder y todo su desprecio con sus trece esposas, novias y amantes. Todas ellas pasaron por el lienzo, y luego las destruía en carne y pintura. A través de los retratos de sus mujeres se podía percibir cuál era el estado de la relación de ese momento y qué sucedía con su arte y con su amor. Paula Izquierdo, escritora española y doctora en psicología, lo cuenta en su reciente libro Picasso y las mujeres, publicado en España por Belacqua y que Seix Barral editará este año en la Argentina. El libro es un recorrido por la biografía de un hombre a través de sus mujeres, las que lo odiaron, amaron, adoraron, dieron hijos o lo abofetearon.

"Picasso lo fue todo: misógino, minotauro, arlequín, artista irresistible, embriagador, magnético y, sobre todo, experimentador; si hay algo que determina la personalidad de Picasso es su afán ilimitado por experimentar, no sólo con la pintura, sino también con el ser humano. Sobre todo si éste tenía forma de mujer", escribió la autora. El Picasso de Izquierdo es un romántico sin límites que cuando estaba enamorado sucumbía ante su necesidad inagotable de seducir. No se limitaba a una mujer y buscaba consuelo y reconocimiento en los brazos de otra. "Picasso pasaba del amor pasional al desprecio más absoluto con cada mujer y después renacía cuando aparecía una nueva mujer a su lado", le dice Izquierdo a Clarín desde Barcelona a pocos días de la aparición de su libro.

La autora dice que estas mujeres producían en él un inicial entusiasmo creativo pero cuando la relación se iba deshaciendo, la imagen de la mujer retratada comenzaba a deteriorarse, incluso, llegaba a convertirse en algo espantoso. Y la relación se convertía en un martirio para las mujeres, un maltrato que él disfrutaba. El artista solía decir que las mujeres "son máquinas de sufrir".

A lo largo de sus 92 años convivió, hizo sufrir y recibió la influencia de distintas mujeres. El deterioro progresivo de las relaciones encontró una expresión paralela en obras como los retratos de la bailarina rusa Olga Koklova que corresponden al inicio de la relación en 1917. Ellos no se corresponden en absoluto con los que surgieron de la mente del autor del Guernica hacia el fin de la relación. Lo mismo ocurre con los cuadros que retrataban a la pintora Fran©oise Gilot, a quien hacia el final de la vida que compartieron, la pintó con el rostro partido por la mitad. "El era un antropófago, un vampiro que les quitaba la vida a sus mujeres", dice la escritora.

Una anécdota recreada por Izquierdo, refleja cómo las sometía durante y después de sus relaciones. Una vez que había abandonado a la fotógrafa surrealista Dora Maar para iniciar sus relación con Gilot, la seguía considerando como parte de su propiedad. En una ocasión estaban cenando entre amigos, entre los que se encontraba Dora Maar con su nueva pareja, y Picasso hizo una escena de celos porque decía que ese hombre no podía tener trato "con una mujer que llevaba su propia marca".

Marie Thèrése Walter era una adolescente que conoció en París cuando ella tenía 17 años y él estaba casado con Olga Koklova. Se encontraban en secreto para no tener problemas con la ley. La relación con Marie Thèrése fue breve y tuvieron una hija. Pero ella siguió escribiéndole durante 30 años. Durante ese lapso fue la única persona que podía cortarle las uñas y el pelo. Ella los guardaba en bolsas clasificadas porque él temía ser objeto de una brujería. Cuando murió el pintor, Marie Thèrése cayó en una profunda depresión, y se suicidó en el garaje de la casa de Picasso de la Costa Azul.

Ella no fue la única desgraciada. La fotógrafa Dora Maar estuvo encerrada en un manicomio tiempo después de que él la abandonara y se hizo profundamente religiosa. Su última mujer, Jacqueline Roque, se pegó un tiro después de la muerte de Picasso, porque decía que la vida sin él no tenía sentido.

Pero el artista no sólo hizo sufrir a las mujeres. En el libro se recrea una situación que ocurrió en 1911 cuando la pintura "La Gioconda" fue robada del Museo del Louvre. En ese entonces Picasso vivía en París y contaba entre sus amigos íntimos con el poeta Guillaume Apollinaire. Este fue uno de los sospechados por el robo. Picasso fue llamado a declarar ante la policía y sorpresivamente dijo no conocer en absoluto al poeta. Lo negó. Poco después Apollinaire quedó en libertad.

Según Izquierdo, Picasso mantuvo este tipo de relaciones con sus esposas y amantes dentro de un contexto de principios de siglo XX en el que las mujeres dependían mucho de los hombres y en el que "él tuvo un trato brutal con sus parejas, pero ellas también lo permitieron". Lo que es seguro, agrega, es que "hoy, Picasso no hubiera podido tratar así a las mujeres, habría tenido que buscar otras estrategias de seducción más allá del maltrato y la destrucción."