lunes, 15 de marzo de 2010

Minotauros, nazismo inglés y otras bestias

Dos nuevos libros de ciencia ficción


Aparecieron en ediciones argentinas Las islas del verano, de Ian R. MacLeod, y El día del Minotauro, de Thomas Burnett Swann. La oportunidad para repasar qué fue del género aquí, allá y en todas partes.

Elvio E. Gandolfo
03.10.2009
Es curioso, pero en uno de los dos libros publicados en los últimos meses por un pequeño sello de ciencia ficción argentino figura una palabra que durante años fue emblema de calidad y sorpresas en el género: Minotauro. Con la dirección de Francisco “Paco” Porrúa, la mítica colección comenzó con las Crónicas marcianas de Ray Bradbury prologadas por Borges y a lo largo del tiempo fue dando a conocer lo mejor (o todo) de J. G. Ballard, Theodore Sturgeon, Philip K. Dick y tantos otros. Al fin Porrúa sintió el cansancio del guerrero y vendió su editorial al Grupo Planeta. Salvo el renglón Tolkien, que siguió productivo y funcionando, el sello entró pronto en un tirabuzón de tapas insulsas y falta de brújula.

El espacio que dejó no fue llenado por ningún sello de los importantes. Tanto Nova (de ediciones B) como La Factoría de Ideas, por ejemplo, se mostraron desparejas o confiadas en lo seguro, con traducciones muchas veces fallidas. De hecho se produjo una diáspora. Porque los títulos que antes hubiera editado Minotauro se fueron distribuyendo en editoriales chicas, dirigidas por entusiastas. Es lo que pasó en España con Bibliópolis (libros de Ted Chiang, de Keith Roberts), y en la Argentina con la colección Nave Madre de Colihue (libros de Fritz Leiber, Philip Dick), en Interzona con la serie Línea C dirigida por Marcelo Cohen (libros de M. John Harrison, China Miéville).

Desde luego no hay que dejar de lado el marco mayor: en buena medida el relativo desdibujamiento de Minotauro es el del género mismo. Hasta en las librerías de viejo la ciencia ficción ha ido desapareciendo. Y bien está que así sea. Porque todo se ha ido mezclando de una manera nueva, y porque lo que han ido publicando esos sellos chicos es muy bueno.

Uno de esos luchadores permanentes del género ha sido Luis Pestarini. Desde hace décadas publica Cuasar, una revista que hay que buscar con lupa, y aún así cuesta encontrar. La buena noticia es que desde hace un par de años comenzó a publicar libros. Los dos primeros fueron goles, a dos puntas: Océnico presentaba textos de Greg Egan, un nombre nuevo aunque con abundante obra, extraño investigador de la interfase entre el yo, la mística y el ser digital. Aterrizaje de emergencia brindaba en cambio una novela completa de Algis Budrys, el tema de los visitantes extraterrestres como nunca se contó antes, con toda la solidez de un clásico lateral.

Lo viejo y lo nuevo.
Dos títulos nuevos de la colección establecen una combinación semejante. El inglés Ian R. MacLeod sigue y renueva la línea que tuvo el género en su país desde el propio H. G. Wells en adelante. En Las islas del verano, a pesar de tratarse de una novela corta, 90 páginas le bastan para establecer un protagonista –narrador inolvidable–, e ir desplegando sin prisa una Inglaterra ucrónica donde el nazismo tiene raíces anglosajonas. El tema de la homosexualidad en semejante clima represivo es central, y tiene su contrapartida política. En el pasado el narrador tuvo una relación con quien después será primer ministro.

Hay un detallismo específicamente literario para crear ese mundo distinto. Desde luego, las “islas del verano” felices ocultan en realidad el sitio adonde van a parar, otra vez, los judíos. La magia es que todo se despliega como si ocurriera en otro pasado casi presente, develando la verdad horrenda que late como posibilidad en los corazones humanos. Sobre todo en los de la sórdida Inglaterra.

Igualmente memorable es el relato “Nueva luz sobre la Ecuación Drake”, que presenta de modo implacable la progresiva desilusión de comprobar que los seres de otro mundo que buscaba el famoso programa SETI no existen. También aquí lo humano, frágil y a la vez elusivo, traicionero, es un hilo central, en la inestable relación de la pareja central. Y la “salsa” futura, con seres que mutan alas y otros apéndices a pedido, es un telón de fondo esencial, convincente.

Con El día del Minotauro la colección Cuasar rescata al fin un título más de Thomas Burnett Swann, un norteamericano que parecía inglés en sus gustos, y que supo extraer una poesía máxima de su compleja personalidad. El texto tiene que ver con la época remota en que aún existía, previa a la Grecia histórica, una Tierra de las Bestias, entre las que se destacaba el Minotauro. Invadida primero por dos jóvenes humanos con mezcla de Bestia, y luego directamente por los guerreros aqueos, la voz que narra es la del propio Minotauro, y gran parte del relato se lo devora la larga batalla.

El estilo de Burnett Swann ya había brillado con intensidad en su único libro anterior traducido, La mansión de las rosas. Es a la vez poético y filosófico. Dice: “¿Qué es el amor sino un escudo de hierro moldeado?”. O: “Ícaro, tenemos corazones como bosques. Tal vez necesitemos derribar algunos árboles y construir una ciudad”. En lo que escribe, Burnett Swann hace evidente que vivía en esas tierras que recorría con la imaginación, más que en el presente de profesor, que tanto lo ayudó sin embargo a construir sus mundos. Allí, en la literatura, podía darse los gustos: amar como nunca, o tener un final del todo feliz, como ocurre en este libro. Todos terminan juntos, pero etéreos, nada chillones, lejos del Disney que podrían sugerir sus animales parlantes.



Cuentos en verso para niños perversos


Los cuentos clásicos revisitados por Roald Dahl
Por Andrea Jaén, en 21 de Febrero de 2010

<<¡Si ya nos la sabemos de memoria!>>, diréis. Y, sin embargo, de
esta historia tenéis una versión
falsificada, rosada, tonta, cursi,
azucarada, que alguien con la mollera
un poco rancia consideró mejor para la
infancia…>> (La Cenicienta por Roald Dahl)

Portada del libro con ilustraciones de

Portada del libro con ilustraciones de Quentin Blake

Pese a la aparente beatificación de los cuentos populares por parte de la factoria Disney, no hace falta recordar la crueldad con la que se desarrolla cualquier cuento adaptado por Charles Perrault. Desde La Cenicienta hasta La Bella Durmiente, pasando por Barba Azul, Caperucita Roja o El Gato con Botas. En todos ellos, el protagonista es víctima de múltiples humillaciones y solo saldrá airoso si utiliza la astucia o el pillaje. No hay que olvidar que la mayoría de cuentos que hoy se le atribuyen al escritor francés no son más (ni menos) que adaptaciones en papel de los cuentos de tradición oral. Aunque una cosa está clara: los malos son muy malos y los buenos sufren demasiado.

Estos relatos orales que formaban parte del imaginario popular de la época, y que pasaron de generación en generación, eran mucho más violentos que su versión oficial en papel. Perrault se esforzó por dulcificar el carácter sórdido y picaresco de las historias. Sin embargo, en la base siguen siendo lo que son. Es en este punto cuando llegamos a la particular y moderna versión ofrecida por Roald Dahl en su libro Cuentos en verso para niños perversos. Lo que hace el autor no es sino ser consecuente con esta tradición oral, volviendo a la perversidad originaria y a un cierto carácter trovadoresco, que consigue gracias a unos versos llenos de ritmo y musicalidad.

Los cuentos suelen funcionar como una especie de parábola que debe enseñarnos una lección. Roald Dahl realiza un parodia de los postulados morales y anula el estatuto victimista de princesas y niñas desvalidas. El episodio de Caperucita Roja es de lo más ilustrativo: la niña acaba matando al lobo con un tiro en la cabeza y haciéndose un abrigo con su piel, sin que ningún cazador valiente venga en su ayuda. Cenicienta reniega de un príncipe posesivo que corta las cabezas de sus hermanas y pide al hada un compañero honrado… casándose así con un productor de mermerlada. Blancanieves, por su parte, se convierte en el ama de llaves del edificio donde viven unos enanitos adictos a las apuestas de caballos. Con tal de mejorar sus finanzas, roba el espejo mágico de su madrastra para que les prediga el caballo ganador. Sin principe y forrados de dinero, vivieron felices y comieron perdices.

Roald  Dahl en 1954

Roald Dahl en 1954

Los géneros clásicos de los cuentos populares son revisitados por Roald Dahl para dotarlos de un realismo crudo acorde con los tiempos actuales. La violencia de género, el capitalismo y el consumo, el homicidio… son algunos de los temas que recorren el texto. La sátira nos muestra que, ni aquellos que tradicionalmente eran buenos lo son tanto (en reaidad, son peor), ni los malos son tan malos. Así, Caperucita roja es una psicópata francotiradora, Cenicienta pasa de los hombres, Blancanieves se hace rica en las apuestas y la madre de Juan el de la habichuela mágica es de todo menos maternal.

Foto del autor por Lybrary of Congress en Wikipedia

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sábado, 13 de marzo de 2010

¿Es universal la cortesía?

  • Autores: Catherine Kerbrat-Orecchioni
  • Localización: Pragmática sociocultural : estudios sobre el discurso de cortesía en español / coord. por Diana Bravo, Emilio Antonio Briz Gómez, 2004, ISBN 84-344-8258-4 , pags. 39-54
  • Resumen:
    • "La cortesía es universal": en todas las sociedades humanas se constata la existencia de comportamientos que permiten mantener un mínimo de armonía entre los interactuantes, a pesar de los riesgos de conflictos inherentes a toda interacción. Pero, al mismo tiempo, "la cortesía no es universal" , en la medida en que sus formas y sus consiciones de aplicación varáin sensiblemente de una sociedad a otra. En estas consiciones, ¿se puede esperar construir un modelo de la cortesía que sea supceptible de trascender esas variaciones? Tal modelo ¿existe hoy día? Tal es, por cierto, la pretensión de Brown y Levinson (1978,1987), de proveerenos , llave en mano, de una suerte de teoría universal del uso cortés del lenguaje. Despúes de haber presentado rápidamente el modelo de Brown y Levinson (que identifica la cortesía con el trabajo de imagen) se propondrá un cierto número de arreglos que es necesario introducirle, a fin de mejorar su capacidad descriptiva; esencialmente la introducción de la noción de "Acto Agradador de Imagen (en inglés "Face Flattering Act), en oposición a la de a la de Acto Amenazador de Imagen (en inglés Face Threatening Act). Luego se mostrará que este modelo de Brown y Levinson corregido ofrece un cuadro eficaz para rendir cuenta no solamente del funcionamiento de la cortesía en nuestras sociedades occidentales, sino también de ls diferencias de funcionamiento de una cultura a otra, debiendo ponerse estas variaciones en relación con el "ethos" (o "la lógica cultural") propia de las sociedades consideradas.

domingo, 7 de marzo de 2010

La disputa por señas

"El texto que presentamos a continuación es un fragmento del Libro del Buen Amor, del Arcipreste de Hita, y corresponde a un relato denominado 'La disputa por señas', un texto que, con pequeñas variantes, se encuentra en escritos pertenecientes a diferentes culturas europeas y asiáticas:

"Sucedió una vez que los romanos, que carecían de leyes para su gobierno, fueron a pedirlas a los griegos, que sí las tenían. Éstos les respondieron que no merecían poseerlas, ni las podrían entender, puesto que se saber era tan escaso. Pero que si insistían en conocer y usar estas leyes, antes les convendría disputar con sus sabios, para ver si las entendían y merecían llevarlas. Dieron como excusa una gentil rspuesta.
Respondieron los romanos que aceptaban de buen grado y firmaron un convenio para la controversia. Como no entendían sus respectivos lenguajes, se acordó que disputasen por señas y fijaron públicamente el día para su realización.
Los romanos quedaron muy preocupados, sin saber qué hacer, porque no eran letrados y temían el vasto saber de los doctores griegos. Así cavilaban cuando un ciudadano dijo que eligieran un rústico (alguien tosco, grosero) y que hiciera con la mano las señas que Dios le diese a entender: fue un sano consejo. buscaron un rústico muy astuto y le dijeron: 'Tenemos un convenio con los griegos para disputar por señas: pide lo que quieras y te lo daremos, socórrenos en esta lid'.
Lo vistieron con muy ricos paños de gran valor, como si fuera doctor en filosofía. Subió a una alta cátedra y dijo con fanfarronería: ' De hoy en más vengan los griegos con toda su porfía'. Llegó allí un griego, doctor sobresaliente, alabado, y escogido entre todos los griegos. Subió a otra cátedra, ante todo el pueblo reunido. Comenzaron sus señas como se había acordado.
Levántose el griego, sosegado con calma y mostró sólo un dedo, el que está cerca del pulgar; luego se sentó en su mismo sitio. Levántose el rústico, bravucón y con malas pulgas, mostró tres dedos tendidos hacia el griego, el pulgar y otros dos retenidos en forma de arpón y los otros encogidos. Se sentó el necio mirando sus vestiduras.
Levántose el griego, tendió la palma llana y se sentó luego plácidamente. Levántose el rústico con su yana fantasía y con porfía mostró el puño cerrado.
A todos los de Grecia dijo el sabio:' Los romanos merecen las leyes, no se las niego'. Levantarónse todos en sosiego y paz. Gran honra proporcionó a Roma el rústico villano. Preguntaron al griego que fué lo que dijeras por señas el romano y qué le respondió éste. Dijo:'Yo dije que hay un Dios que estaba bajo su voluntad. Respondió que en su poder estábamos y dijo verdad. Cuando vi que entendían y creían en la Trinidad, comprendí que merecían leyes certeras'.
Preguntaron al rústico cuáles habían sido sus ocurrencias: ' Me dijo que con un dedo me quebraría el ojo: tuve gran pesar e ira. Le respondí con saña, con cólera y con indignación que yo le quebraría, ante toda la gente, los ojos con dos dedos y los dientes con el pulgar. Me dijo después de esto que le prestara atención, que me daría tal palmada que los oídos me vibrarían. Yo le respondí que le daría tal puñetazo que en toda su vida no llegaría a vengarse. Cuando vió que la pelea era tan despareja dejó de amenazar a quien no le temía'."


Fuente:
http://chi770.spaces.live.com/Blog/cns!7D7B24ADE92CC4AD!381.entry?sa=696022684