domingo, 28 de septiembre de 2008

Antología 'Los mejores relatos de terror llevados al cine'

Eva Paris

Los mejores relatos de terror llevados al cineA veces las estanterías de las bibliotecas nos deparan agradables sorpresas, como la del librito que estoy disfrutando en estos días. Se trata de una antología de ‘Los mejores relatos de terror llevados al cine’, editada por Alfaguara Infantil y Juvenil (Serie roja).

Se trata de una recopilación del género, con 6 relatos de terror de los siglos XIX y XX que en algún momento han sido tomados por la magia del cine y llevados a las pantallas para tal vez aumentar los escalofríos.

Terror sobrenatural o de este mundo, terrores cotidianos o futuros, vampiros, monstruos, demonios, locura… distintas versiones del miedo se combinan en este libro para hacernos pasar buenos momentos ante sus páginas, y tal vez regalarnos alguna pesadilla más tarde.

Encontramos clásicos del género, como El gato negro de Edgar A. Poe o La sirena de la niebla de Ray Bradbury. También otras narraciones más conocidas por su versión cinematográfica, obras inmortales que personalmente me han impresionado como La mosca o Los pájaros.

Ambas retornan a sus orígenes narrados, por George Langelaan y Daphne du Maurier respectivamente, para descubrirme cómo inspiraron a sus reinventores en imágenes.

Los ladrones de cadáveres de Robert L. Stevenson y La familia del “vurdalak” de Alexéi Konstantinovich Tolstoi completan esta antología para los amantes de la intriga, del suspense, de lo desconocido o de lo demasiado familiar.

Sitio Oficial | Alfaguara

viernes, 26 de septiembre de 2008

'Como la vida misma', independencia truncada


Alberto Abuín 24 septiembre 2008 5 comentarios

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Peter Hedges fue el guionista y director de una curiosa película, ‘Pieces of April’ (ni recuerdo como la titularon aquí), cinta de corte independiente que hurgaba en las relaciones familiares con cierto encanto, consiguiendo además que una actriz tan sosa como Katie Holmes estuviera casi brillante. ‘Como la vida misma’ supone el salto de Hedges a los grandes estudios, donde las cosas funcionan de otra forma, y a no ser que te apellides Lucas, Cameron, Eastwood o Spielberg, no harás realmente lo que te dé la gana.

Y algo así le ocurre a Hedges, o al menos da esa impresión. ‘Como la vida misma’ es una comedia dramática construida a base de tópicos excelentemente tratados en una historia muy bien planteada y desarrollada. Huyendo de las constantes típicas en el género, el film se alza por encima de la media, llegando a sorprender en alguno de sus puntos, aunque lamentablemente su tercer acto supone caer en concesiones de forma harto incoherente, estropeando en parte la película.

‘Como la vida misma’ narra la historia de Dan Burns, viudo padre de tres hijas, que va a Rhode Island a reunirse con su familia (de apellido idéntico a los de su anterior film) en una celebración anual que realizan todos los inicios de otoño. Nada más llegar, en una librería conoce a una mujer, Marie, con la que saltan las chispas, algo que prácticamente había olvidado. La ilusión que le produce tal acontecimiento enseguida se ve empañada cuando más tarde descubre que Marie es la novia de su hermano, quien va a presentar a su pareja a toda la familia.

Con el mismo planteamiento que la gran obra de Ernst Lubitsch ‘El diablo dijo no’, Hedges propone una serie de situaciones bien hilvanadas con un guión que rehuye de lo de siempre, y aunque no vemos nada nuevo bajo el sol, está todo expuesto con una frescura muy acertada, y sobre todo buenos diálogos y unas muy ajustada interpretaciones de su pareja protagonista. Con esto me refiero evidentemente a Steve Carell y Juliette Binoche, que curiosamente aquí realizan un cambio de roles en relación a lo que nos tiene acostumbrados. Carell está bastante comedido, expresando y transmitiendo muy bien su soledad, y la sorpresa que le supone encontrarse con una mujer que podría sacarle de su habitual rutina y volver a tener ilusión por las cosas. El actor se olvida de sus caretas y al igual que en alguna que otra ocasión nos demuestra que realmente es mejor actor dramático que cómico. El caso de Juliette Binoche es precisamente el contrario; solemos verla enfrascada en papeles de alto contenido dramático, y en ‘Como la vida misma’ explota su vena más cómica con su personaje, una mujer aparentemente feliz que de repente se ve entre dos hombres. La química entre los dos actores es fantástica, y valgan como muestra las escenas de la librería o en la que se dan mutuamente celos bailando.

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Palabras de otro talante merecen el trabajo de un actor como Dane Cook, que junto a otros como Keanu Reeves o Ben Affleck está a punto de convertirse en uno de los reyes de la apatía y la vacuidad. Además de que el actor está pésimo, y nada tiene que hacer al lado de los mencionados y mucho menos al lado de veteranos como Dianne Wiest o John Mahoney, su personaje es totalmente plano, un esbozo de rol que podría haber dado muchísimo más juego, sobre todo en la parte en la que todos “descubren el pastel” pudiendo haber presentado más conflictos.

Y es que su tercer acto es una especie de traición a todo lo visto hasta ese momento, y aunque por supuesto no tira por tierra los buenos momentos que hemos presenciado, el film termina siendo increíblemente tópico, incoherente e incongruente por una conclusión facilona, que para nada es creíble por lo precipitada de la misma. De repente todos los bretes presentados desaparecen, y para colmo hay que darle un pequeño empujón a alguien que hasta ese momento si se había cortado de obedecer a su corazón, era por los sentimientos hacia su hermano. Ahora que no hay ningún problema, y que esto se subraya con la estúpida escena en la que vemos a Dane Cook con la maravillosa Emily Blunt (que sale muy, muy poco en la película), necesita que casi toda la familia le anime a hacer lo que todos estamos esperando. Una pena que el film rompa con el perfecto ritmo que tenía en sus dos tercios previos, y el último se atolondre de peligrosa manera y despache de un carpetazo toda la historia.

‘Como la vida misma’ se editó en dvd en nuestro país a finales del mes pasado. El dvd trae pocos extras, y el más interesante el que se centra en la música de la película, ambientada con unas bonitas canciones de Sondre Lerche, quien sale con su grupo en las escenas finales mientras aparecen los títulos de crédito y todos los personajes del film bailan más felices que nunca. Menos mal que ese edulcorado y blandengue final no estropea del todo un film agradable y ameno.

En Blogdecine:

y el Trailer:

Peggy Lee


Peggy Lee Fever fue escrita por J. Davenport y E. Cooley, y a lo largo de los años ha sido versionada por infinidad de artistas convertiendola en un clásico. Pero fue Peggy Lee la que la popularizó en los años 60. Recientemente ha fallecido la que llamaban la dama blanca de la música negra, tras 50 años dedicados a la música, un Grammy en su poder y mas de 600 canciones.
Estos han sido otros artistas que han hecho su propia versión de este tema: Little Willie John, Elvis Presley, Jerry Butler, Rita Coolidge, Joe Cocker, Chaka Khan, The Cramps, Annabella, Tom Verlaine,... y por supuesto Madonna.

Fiebre

Me das
Me das fiebre

Nunca sabes cuánto te amo,
Nunca sabes cuánto me preocupo
Cuando pones tus brazos alrededor me
Da una fiebre que es muy duro soportar.
Escúchame amor,
Escucha cada palabra que diga
Nadie puede amarte de la manera que lo hago yo,
Porque no saben cómo amarte a mi manera

Me das fiebre
C
uando me besas
F
iebre cuando me agarras fuerte
Fiebre
P
or la mañana
Fiebre durante toda la noche

El sol ilumina el día
L
a luna ilumina la noche
M
is ojos se iluminan cuando dices mi nombre
P
orque sé que me vas a tratar bien
Bendice mi alma por amarte
T
oma y llévate este corazón
L
lévate estos brazos que nunca usaré
Y
simplemente cree
Lo que mis labios tienen para decir

Me das fiebre
C
uando me besas
F
iebre cuando me agarras fuerte
Fiebre
P
or la mañana
Fiebre durante toda la noche

Todo el mundo tiene la fiebre
E
so es algo que deberías saber
L
a fiebre no es una cosa tan nueva
L
a fiebre comenzó tiempo atrás

Me das fiebre
Fiebre

Me das fiebre, me das fiebre
Me das fiebre
C
uando me besas
Fiebre cuando me agarras fuerte
Fiebre
Por la mañana
Fiebre durante toda la noche

http://www.enlacemadonna.com/canciones/erotica/fever/fever.htm

Tema cantado por Michael Buble y también Madonna...


Romeo amaba a Julieta
Julieta sentía lo mismo
Cuando él ponía sus brazos alrededor de ella
É
l decía Juli querida eres mi llama
Le daba fiebre

El sol ilumina el día
L
a luna ilumina la noche
M
is ojos se iluminan cuando dices mi nombre
P
orque sé que me vas a tratar bien

Me das fiebre
Fiebre

Me das fiebre, me das fiebre
Me das fiebre
Por la mañana

Fiebre durante toda la noche
Fiebre
C
uando me besas
Fiebre cuando me agarras fuerte

Todo el mundo tiene la fiebre
E
so es algo que deberías saber
L
a fiebre no es una cosa tan nueva
L
a fiebre comenzó tiempo atrás
Fever

El capitán Smith y Pocahontas
Ttenían un asunto muy loco
Cuando su papito trató de matarlo
Ella díjo papito oh ni se te ocurra
Me da fiebre
Con sus besos
Fiebre cuando me agarra fuertemente
Fiebre
Soy su mujer
P
apito no lo tratarás bien?

Fiebre
Cuando los besas
Fiebre sí vives y aprendes
Fiebre
Hasta asarte
Qué hermosa manera de arder
Qué hermosa manera de arder
Qué hermosa manera de arder

jueves, 18 de septiembre de 2008

El gato obsesivo


Ya no tenía puesto más que el traje de Gato con Botas –se había sacado la cabeza-, y extendió la mano.
“Gracias”, le dijo al chico que le explicaba que un señor le había dejado el papel que él le entregaba ahora.
“Es otra vez La Carta”, les aclaró Natalia a los actores que andaban por ahí. “La misma, sólo con una línea más, como todos los sábados”.
El autor de la carta se levantaba siempre un poco antes de que terminara la función infantil, muy concurrida por niños, padres y madres, y casi en la oscuridad le daba la carta a algún niñito, junto a dos caramelos.
“Es para el Gato”, le decía.
Lo que más le extrañaba a mi amiga era que el hombre, supuestamente al menos, no la había conocido más que caracterizada de Gato con Botas.
“Le excitará tu voz”, apuntaban los otros actores.
“¿Mi voz de ñañañá?”, replicaba Natalia, que no podía creerlo.

Todo había empezado en el segundo sábado de función, con una breve línea:
“La beso, si le gusta que la bese llame al 8501391493100097”.
Por supuesto que un número telefónico tan largo no existía, y tampoco existían celulares en esa época (Evolución de los teléfonos celulares y de su precio).
Y el otro sábado:

“La beso, si le gusta que la bese llame al 8501391493100097. La mimo, si le gusta que la mime vaya al café Las Flores”.
Había más de cien cafés Las Flores en Buenos Aires y, en ninguno, un hombre con cartel de mimador.

La carta había crecido mucho en cuatro meses y había llegado hasta lo extraordinario: acariciaba, retorcía, ardía, mordía, arañaba y daba números y direcciones falsos.
Natalia guardaba la última –que contenía a todas las demás- en el cajón del tocador, y solía leerla cuando cosía el traje de gato, que cada vez estaba más gastado.
“Menos mal que no es gato verdadero”, se decía, ya que este animal le producía una alergia física y psicológica de lo más exquisita.
Y respecto de las cartas sentía algo parecido, sumado a la curiosidad y a una cierta excitación.
Y la curiosidad y la excitación se iban acrecentando con cada nueva línea.

Una tarde, desde el escenario –y a pesar de la penumbra que ambientaba todas las escenas y que servía para hacer invisibles la peladura de ciertas zonas del felino y los harapos de su dueño, el marqués de Calatraba-, Natalia distinguió al hombre levantándose, entregando la consabida carta igual a todas pero con otra línea y huyendo raudamente.
No lo pensó dos veces. Ella saltó del escenario mientras un embobado silencio sin reacciones la rodeaba y comenzó a perseguir al hombre.
Las calles ya estaban oscuras y eran arboladas, de suburbio.
Natalia vio de lejos la figura que corría graciosamente, y veloz, y como era también muy ágil y había tirado la pesada cabeza cuando pasó por la boletería, pronto estuvo muy cerca.
Él aprovechaba las sombras y las ramas de los árboles, como en un juego de escondidas.
Ella se valía de su visión nocturna, perfeccionada enormemente en los últimos meses en el teatro.
Él la mareaba con sus idas y venidas por ramas y sombras, hasta que ella lo encontró.

Estaba cobijado en un gomero cuyas espesas hojas le tapaban la cara. Se había quedado quieto, confiando demasiado en su suerte.
Pero Natalia levantó las hojas.
Un poco antes de hacerlo había sentido que le picaban las orejas, que los cabellos se le ponían de punta y que iba a estornudar, y al ver la tenebrosa cara de gato del escritor de cartas misteriosas –y sus ojos rasgados, de pálido color- se desmayó entre sus brazos que eran como de felpa, aunque con pelos más largos y suaves.

Fue así que se curó del asma y conoció a Jorge, su marido, que en realidad no era un enorme gato de felpa ni tampoco tenía tan espeso el vello de los brazos, pero todo lo otro es verdadero. Mirado desde acá, parece un anticipo de la revelación que tuve ante el espejo, hace quince minutos…

Copiado de Monografía.com

http://www.monografias.com/blog/2008/09/17/el-gato-obsesivo/