jueves, 3 de abril de 2014

La abuela de Harry Potter La apasionante historia de E. Nesbit, la escritora que inspiró a J. K. Rowling para la saga del niño mago

N° 192 | LECTURAS | 25 de octubre de 2006

La abuela de Harry Potter
La apasionante historia de E. Nesbit, la escritora que inspiró a J. K. Rowling para la saga del niño mago

Foto de Edith NesbitDesafió todos los prejuicios de su época, fines de siglo XIX. Pero para que la leyeran publicaba ocultando su condición de mujer. Se convirtió en un clásico de la literatura inglesa.
"Cuidado con leer cuentos y novelas porque generalmente muestran escenas que nunca existieron, salvo en la voladoras imaginaciones del cerebro", escribió su abuelo Anthony en su Introducción a la Gramática Inglesa . Como toda niña que se precie de serlo, E. no le hizo caso y escribió cientos de ambos —también poemas—. Hoy la idolatra la escritora de fantasía más popular del siglo XXI: J. K. Rowling.
La mamá de Harry Potter suele citar a E. como su mayor influencia a la hora de inspirarse y crear a Harry Potter: "La autora con la que más me identifico es E. Nesbit. Es fabulosa, hizo geniales y graciosas historias de fantasía. Sus niños son muy reales y fue muy innovadora en su tiempo", dijo. Pero, ¿quién es E.?
Pequeña E.
Edtih Nesbit nació el 15 de agosto de 1858 en una Londres todavía rural. Fue la menor de seis hermanos que, al igual que sus padres, la llamaron Daisy —en inglés, Margarita— toda su feliz infancia. El primer signo de que su mente volaba ocurrió durante su bautismo: la niña de tres años dejó caer sus zapatos en la fuente bautismal para que navegaran "como botes". E. creció en el campo, donde su padre dirigía la primera escuela con orientación para agricultores. El hombre fue pionero y experto en fertilización y publicó libros sobre el tema, pero murió cuando E. tenía cuatro años. La enfermedad de su hermana mayor llevó a E. de acá para allá por Inglaterra, España y Francia, donde tuvo su primer encuentro con el terror: fue a visitar un museo de momias esperando encontrar la estética egipcia, y terminó en una catacumba, rodeada de doscientos cadáveres con la piel colgando, niños incluidos. E. le tuvo miedo a la oscuridad hasta que tuvo sus propios hijos.
Por sus continuos viajes, descubrió que los chicos de otras clases no eran seres de otro planeta, como creían sus coetáneos de la época victoriana. La parte más fea de su infancia la pasó en colegios donde era pupila. Con frecuencia la mandaban a la cama sin comer o la dejaban sola en un aula sin calefacción. E. era intolerante con las pequeñas convenciones y esnobeadas de los seminarios "como lo sería de las de la sociedad", escribió Doris Langley Moore en E. Nesbit, Una biografía (1), de 1996.
E. bohemia
No se sabe bien cómo, pero el dinero familiar empezó a escasear y para cuando se casó, embarazada, a los 21, E. pertenecía a la bohemia más pobre de Londres. Poco después, cuando esperaba a su segundo hijo, su marido, Hubert Bland, enfermó, y su socio lo estafó. E. tuvo que recurrir a todo lo que sabía hacer para mantener la casa: pintaba tarjetas de Navidad, recitaba —un arte valorado en la época— y sabía escribir. Fue entonces cuando su editor la convenció de que, debido a los prejuicios de la época, nadie iba a leer aventuras escritas por una mujer, y decidió quedar en la historia de la literatura como E.
Junto a Hubert, fundó la Sociedad Fabiana, un grupo de socialistas prácticos que creía en la redistribución material como medio para elevar el nivel espiritual de la gente. Aunque se pasaba la mayor parte del tiempo en debates y conferencias, E. era generosa hasta la inconsciencia a la hora de ayudar a la gente que conocía. Nombró a su siguiente hijo Fabian. Y se codeó con los intelectuales más renombrados de la época, como George Bernard Shaw, que boxeaba con su marido y describió a E. así: "Siempre era pura diversión".
Para horror de sus vecinos, E. era una mujer avant-garde. Andaba en un aparato novedoso —la bicicleta—, recibía jóvenes admiradores en su casa, se vestía sin corset, con ropas supuestamente para hombres, se cortó el pelo corto, y fue una de las primeras mujeres que fumó en público —murió en 1924 de cáncer de pulmón—. Encima, dejaba correr a sus chicos descalzos y sin guantes.
E. escritora
Desde que fue pobre, E. escribió —sola y con su marido— para todas las revistas y publicaciones que le pagaran una guinea. Hizo de todo: historias de terror para adultos, románticas y en dialectos; poesía para recitar en público, para leerle a los chicos y de propaganda socialista, además de poemas personales; libros de cumpleaños, un volumen sobre perros, pequeñas obras de teatro y reseñas de libros. Hasta sus últimos días, E. siempre se sintió una escritora de poesía obligada a ganarse la vida con otros géneros. Y no fue hasta los cuarenta años que alcanzó el éxito con sus libros infantiles. El viaje de Colón fue el primero, al que le siguió Los buscadores de tesoros, el primero donde aparece un grupo de hermanos —los Bastables— que protagonizaría mucha de sus historias. A partir de 1899, el libro se reeditó casi todos los años, y E. empezó a hacer plata.
E. clásica
Tanta, que se compró una enorme casa en Eltham, que aparecería en sus libros como la Casa Roja o la Casa Moat. Pero todavía le esperaban más tragedias: Fabian murió a los 16 años, después de una operación de amígdalas. También Hubert, su marido, murió joven, y E. se casó con T.T. "The Skipper" Tucker, un hombre que no escribía pero se ocupó de conservar la obra de su mujer, hoy un clásico de la literatura inglesa.
Rowling tiene razón en afirmar que las historias de Nesbit fueron un quiebre en la literatura para chicos. Aunque sus personajes son puros, honorables y menos codiciosos que los chicos reales; y los adultos piden perdón con más frecuencia que los del mundo real, las moralejas están implícitas, no sermoneadas. Y aunque abundan la ironía y sutilezas demasiado complejas para que las entienda un chico, nunca los subestima. Ella misma explicó su método en una carta a su amiga Berta Ruck: "Es una cuestión de honor para mí nunca subestimar a los chicos. Algunas veces, a propósito, pongo una palabra que sé que no vana a entender para que le pregunten a un adulto el significado y, de paso, aprendan algo". A E. también le gustaba inventar palabras y creó al Psammid, una pequeña criatura prehistórica capaz de cumplir los deseos de los chicos que la descubren bajo la arena. El Psammid es el "Eso" de Cinco niños y eso (2) , uno de los libros —el otro es Historias de Dragones (3)— que la editorial Andres Bello acaba de publicar en nuestro país, como punto de partida de una colección que incluirá Historia de un amuleto (4), El castillo encantado y La ciudad mágica. Antes de Psammid, ninguna historial infantil había reunido a un ser tan sobrenatural con una típica familia inglesa. Después vendría Harry Potter enfrentando a monstruos y fantasmas. Pero esa ya es la historia de J.K., no de E.
Artículo publicado en la revista Veintitrés (N° 405; Buenos Aires, 13 de abril de 2006). Agradecemos a su autor, Martín Mazzini, su gentileza y autorización para reproducir este texto en Imaginaria.

Notas de Imaginaria
(1) Langley-Levy Moore, Doris. E. Nesbit. A biography. Philadelphia, Chilton Books, 1966.
Portada(2) Nesbit, E. Cinco niños y eso. Ilustraciones de Emiliano Pereyra. Traducción de Márgara Averbach. Buenos Aires, Editorial Andrés Bello, 2006. Colección E. Nesbit. En este número de Imaginaria publicamos el primer capítulo de este libro, aquí .
Portada(3) Nesbit, E. Historias de Dragones. Ilustraciones de María Delia Lozupone. Traducción de Graciela Equiza. Buenos Aires, Editorial Andrés Bello, 2006. Colección E. Nesbit.
Portada(4) Nesbit, E. Historia de un amuleto. Ilustraciones de Emiliano Pereyra. Traducción de Rosa Corgatelli. Buenos Aires, Editorial Andrés Bello, 2006. Colección E. Nesbit.

El tesoro de Barracuda (Premio El Barco de Vapor 2014)

Jürg Schubiger, Premio Hans Christian Andersen 2008: "…las cosas afortunadas nos llegan de modos insospechados"

Jürg Schubiger, Premio Hans Christian Andersen 2008: "…las cosas afortunadas nos llegan de modos insospechados"

 | Lecturas | 9/12/08 | 2 comentarios
Reproducimos el discurso pronunciado por el escritor suizo Jürg Schubiger durante la ceremonia de entrega de los Premios Hans Christian Andersen 2008 (),en septiembre de 2008 en Dinamarca. En esta edición del premio fueron distinguidos Schubiger por su trayectoria como escritor y el italiano Roberto Innocenti por su obra como ilustrador.
Imaginaria agradece a la profesora Alicia Salvi -miembro del Jurado del Premio Hans Christian Andersen 2008 por Argentina- su gentileza y autorización por permitirnos ofrecer a nuestros lectores su traducción del discurso.
Nota introductoria por Alicia Salvi:
El 7 de septiembre de 2008, en el Pabellón de Cristal del Parque Tívoli en Dinamarca, se otorgaron los Premios Hans Christian Andersen 2008. La ceremonia fue cálida y atravesada por el espíritu del autor, como el IBBY de Dinamarca anunciara en su programa. Escuchamos al coro Nacional de Niños daneses quienes ejecutaron canciones de Hans Christian Andersen, Eduard Grieg y otros compositores.
Después de las palabras de Vagen Plenge, Presidente del Congreso y Patsy Aldana Presidente de IBBY, intervino Chieko Suemori, en nombre del compañía Nissan Motor Company, auspiciante de los premios.
Los galardones fueron presentados por la presidente del Jurado, Zohreh Ghaeni, quien resumió el trabajo realizado.
La reina Margarita II ofreció las medallas de bronce a los ganadores. Tanto Jürg Schubiger como Roberto Innocenti hablaron en su lengua natal y contamos con traducción al Inglés.
Dos breves piezas teatrales con danza y pantomima ilustraron el mundo de los cuentos de Andersen: “La princesa y el guisante” y “El encendedor de yesca”.
Se encontraban presentes las jurados Nadia el Kholy de Egipto, Junko Jokota de los Estados Unidos y quien escribe, por argentina.
Alicia Salvi

Discurso de aceptación del Premio Hans Christian Andersen
Su majestad, distinguidos señores y señoras del IBBY, distinguido jurado, participantes del Congreso, estimados delegados del Swiss Institute of Children’s and Young Adult’s Media, queridos amigos.
La noticia de que el jurado me había elegido para recibir el premio Hans Christian Andersen 2008 me llegó de una manera indirecta. Había viajado para hacer unas lecturas en Graz. Al mismo tiempo, el jurado se pronunció en Bologna. Mi esposa escuchó el mensaje en nuestra contestadora automática. No sabía cómo conectarse conmigo pues yo había olvidado dejarle los datos de mi hotel, como hago normalmente cada vez que salgo de casa. No tengo teléfono celular. Poco después de enterarse la llamó Franz Hohler, mi amigo y coautor de algunas obras. “¡¿Escuchaste?!”, le dijo.
Franz había visitado la Literaturhaus Graz, y recordaba que se había hospedado en el Castle Hotel. Mi esposa llamó al hotel. Yo no había regresado aún de mi sesión de lectura. El portero nocturno no sabía qué hacer. Le ofreció escribir un mensaje y pasarlo por debajo de mi puerta. Cuando volví a mi habitación, me encontré con una hoja de papel aleteando en el aire que salía de la puerta y escrito con grandes y coloridas letras hechas con marcadores, como una invitación al cumpleaños de un niño: “¡Felicitaciones, ganó el Premio Andersen!”, decía. Enterarme de ese modo le hizo muy bien a mi estado de ánimo. Evidentemente, algo había pasado en la realidad. Sólo que yo no sabía exactamente en cuál realidad.
Les he contado esa historia circunstancial porque estoy convencido de que las cosas afortunadas nos llegan de modos insospechados. El camino directo entre un proyecto de vida y el logro de una vida (en el que Heinrich von Kleist creía tan ardientemente en su juventud) o del deseo a su satisfacción (en lo que todos estamos tentados de creer de tanto en tanto) termina, en el mejor de los casos, en un suave desencanto o en una resignación.
Hans Christian Andersen nos mostró esto muy claramente en su cuento “Los zuecos de la felicidad” (*):
Dos hadas, la Pena y una joven errante y novata llamada Dama de la Fortuna hablan sobre su tarea cotidiana. El hada de la buena fortuna contaba que había estado probando un par de zuecos muy especial. Quienquiera que se los pusiera era directamente trasladado hasta donde quisiera ir. El hada de la Fortuna da por descontado que así finalmente la humanidad conseguirá la felicidad en la Tierra. La Pena está absolutamente segura de lo opuesto. Varios hombres cuyos caminos en la vida son diferentes aparecen calzados con los zuecos. El resultado es una serie de aventuras, a veces pesadillescas, así como un repaso de la vida social que Andersen conoció. El primer episodio corresponde al Consejero de Justicia Kanp. Estaba absorto leyendo acerca de los tiempos del rey Hans. Como estaba tan profundamente imbuido en sus pensamientos, se equivocó y se calzó los zuecos de la Fortuna en lugar de los suyos. Inmediatamente, se ve pisando en un charco de barro y basura del camino, que en esa época no estaba empedrado. “Todo el pavimento se ha ido, observa, y las luces de la calle están apagadas”. Es tarde en esa noche medieval, hay niebla en el aire y la luna aún no ha aparecido. Trata de llamar un coche. Después de muchas aventuras, termina en una casa de mala reputación. Unas mujeres vulgares le sirven carne y cerveza de Bremen. Hasta que se le ocurre una forma de escaparse: se escabulle debajo de la mesa y se arrastra hacia la salida. Pero sus compañeros lo arrastran por las piernas y al hacerlo, le sacan los zuecos: así se rompe el encantamiento. Dos minutos más tarde el Consejero Knap está sentado en un coche, feliz de haber vuelto a su época, la cual, a pesar de sus defectos, es mucho mejor que esa que acaba de visitar. Y eso, nos dice el autor como conclusión, fue sabio de su parte.
La Pena gana la partida: todos los que se calzan los zuecos de la Fortuna están contentos de librarse de ellos pues son traicioneros. Así son las cosas. Pero sólo en lo que respecta a deseos y zuecos. Esta no es la última palabra acerca de lo que se puede decir de los poderes y las modos que tiene la Fortuna.
Andersen nos da pistas desde el comienzo y después de que lo seguimos por todos los episodios que van cambiando abundantemente casi nos hemos olvidado de su advertencia inicial. La Pena, se nos dijo al comienzo, sólo cumple sus propias tareas. Ni siquiera fue ella el oponente de la Fortuna en el experimento de los zuecos.
El hada de la Fortuna no es siquiera la Fortuna misma sino sólo la sirvienta de una dama que la estaba esperando. ¿Qué hubiera pasado, entonces, si la auténtica Fortuna se hubiera ocupado del asunto? Esta pregunta crucial, Andersen no la propone directamente pero fuerza al lector a que él mismo se la haga y la deja en un terreno discutible.
En este contexto quiero presentarles una historia que fue publicada treinta años atrás, en mi primer y delgado libro para niños: “La niña y su suerte”.
“Una niña deja su hogar para buscar su suerte. Pero todo lo hace mal. Cuando deja el pueblo detrás suyo tomó el camino hacia la derecha en lugar de tomar hacia la izquierda.
Después bajó al valle en lugar de subir la sierra. Saltó sobre el cerco en lugar de arrastrarse por debajo. Acarició a un cerdo en lugar de alimentar a una gallina y quitarle una de sus plumas. Cruzó el río en lugar de seguir su curso. Durante todo este camino la niña cantó varias canciones que ni siquiera recordaba de memoria en lugar de decirse a sí misma: «Dichosa de mí, dichosa de mí, encontraré mi suerte detrás de un árbol».
De pronto, el sendero se termina en un cantero. Ahí, al final del camino y apoyada contra un sauce, encontró una gran bicicleta roja, flamante. Se subió y pedaleó de vuelta a su casa. ¿Qué hubiera pasado si en lugar de doblar a la izquierda hubiera doblado a la derecha, si hubiera subido al cerro en lugar de quedarse en el valle, si se hubiera arrastrado bajo el cerco en lugar de haber saltado por encima, si hubiera alimentado a la gallina y le hubiera sacado una de sus plumas en lugar de acariciar al cerdo, si hubiera seguido el curso del río en lugar de cruzarlo y si hubiera dicho «Dichosa de mí, dichosa de mí, encontraré mi suerte detrás de un árbol» en lugar de cantar distintas canciones que ni siquiera sabía de memoria?
Me preguntaba qué habría pasado si le hubieran dado a Hans Christian Andersen el Premio Andersen. Cómo lo hubiera agradecido delante de un auditorio internacional como éste. Andersen hablaba danés y alemán. Para un viajero tan fervoroso como él, era bastante malo hablando otros idiomas. Se dice que sus lapsus lingüísticos lo inspiraron para hacer algunas volteretas verbales que dejaban sin aliento. Los suplementaba con profundas reverencias y unas olas suntuosas que hacía con sus largos brazos.
Grazie tanti. Saint-Honoré. Jeg er helt ude af flippen af glade og stolthed. Oh dear me! Ich danke Ihnen untertänigst für eine Auszeichnung, die ich zu verdienen hoffe mit dem, was künftig noch aus meiner Feder fliesst. IBBY urbi et orbi.
Gracias de todo corazón.

Nota
(*) También traducido como “Los chanclos de la felicidad”. En Cuentos completos de Hans Chrisitian Andersen. Madrid, Editorial Cátedra, 2005; págs. 152-158.
Traducción al inglés de Eva Glistrup (Copenhage, Dinamarca).
Traducción del inglés al castellano por Alicia Salvi.

Jürg Schubiger nació en Zürich en 1956. A lo largo de su vida realizó distintos oficios (jardinero en el sur de Francia, viticultor en Tessin y leñador en Korsika) y estudió Filología Alemana, Psicología y Filosofía. Entre 1969 y 1979 trabajó en la editorial pedagógica de su padre como editor. Actualmente se dedica a la escritura y ejerce como psicoterapeuta en Zürich y en Tessin. Sus primeros cuentos fueron publicados en 1971 en el libro Die vorgezeigten Dinge.
Publicó varias novelas y libros de cuentos pero sólo dos de ellos fueron traducidos al castellano:
Cuando el mundo era joven todavía (Link a la sección Reseñas de libros de este número) (1997) y Así empezó todo. 34 historias sobre el origen del mundo (2007) -en coautoría con Franz Hohler-, ambos en el catálogo de la editorial Anaya.
Recibió numerosos premios literarios, entre otros el Premio Juvenil de Literatura Alemana, el Premio Suizo al Libro Juvenil y, en 2008 el Premio Hans Christian Andersen.

Artículos relacionados:

"Los vecinos mueren en las novelas" de Sergio Aguirre

N° 51 | RESEÑAS DE LIBROS | 16 de mayo de 2001

Los vecinos mueren en las novelas

Sergio AguirreBogotá, Grupo Editorial Norma, 2000.
Colección Zona Libre.
Portada de "Los vecinos mueren en las novelas"
Duelo de ficciones
¿Las novelas de misterio son "un género agotado que ya no interesa a nadie" como dice el personaje John Bland de Los vecinos mueren en las novelas? El escritor cordobés Sergio Aguirre logra demostrar que el género está lejos de agotarse y que las virtudes de estas novelas son ideales para poner en juego un tema tan literario como la verosimilitud: la "verdad" literaria, el pacto ficcional, la esencia misma de la ficción.
La historia transcurre en la campiña inglesa, un lugar amigable para las ficciones de Aguirre, a juzgar por la aparición de esta geografía en algunos relatos incluidos en su novela anterior, La venganza de la vaca (Bogotá, Grupo Editorial Norma, 1998). Sin duda es también un lugar literario propicio para homenajear toda una tradición de historias de misterio.
John Bland, un escritor mediocre de novelas policiales recién mudado junto a su mujer a la campiña, decide hacer una visita de cortesía a su única vecina, una anciana, aprovechando el viaje sorpresivo de su esposa a Londres.
La anciana, al enterarse de su oficio, le ofrece un relato de una experiencia que dice haber vivido en su juventud. Se trata de una misteriosa historia que le tocó escuchar en un viaje en tren: una joven dice haber sido testigo de un posible crimen, cree que el supuesto asesino la ha descubierto y está aterrorizada porque se siente perseguida. La historia está llena de vericuetos e intrigas que atrapan a John Bland, quien sin embargo, no admite que está admirado por la buena trama, quizás para no asumir su falta de ideas literarias. Entonces, decide entrar en un juego peligroso. Aunque había confesado no tener ninguna idea para una novela, comienza a relatar una historia que tiene a él y a su interlocutora como protagonistas: se trata del plan para asesinar a su anciana vecina. Lo que ni él ni el lector imaginan es, que a partir de allí, lejos de amedrentarse, la mujer responderá con armas similares a las utilizadas por el escritor: con historias donde la "verdad" y la ficción comienzan a cruzarse hasta llegar a extremos francamente peligrosos.
La verdad, la duda, los cruces de miradas y los límites entre ficción y realidad son tematizados en esta obra, convirtiéndose en el corazón de la trama. Los efectos de los relatos de ambos protagonistas son tan fuertes para el destino de la historia que se cuenta, que el lector no sabe si desear, junto al protagonista, que todo sea sólo una novela. La "suspensión de la incredulidad" a la que aludía Coleridge explicando así el pacto que entabla un lector literario con la obra que lee, se vuelve torturante en este texto, ya que todo el tiempo se está invitando al lector a poner en duda la "veracidad" de las historias que se cuentan. Dice Umberto Eco en Seis paseos por los bosques narrativos (Madrid, Lumen): "El lector tiene que saber que lo que se le cuenta es una historia imaginaria, sin por ello pensar que el autor está diciendo una mentira. Sencillamente, como ha dicho Searle, el autor finge que hace una afirmación verdadera. Nosotros aceptamos el pacto ficcional y fingimos que lo que nos cuenta ha acaecido de verdad."
Estas cuestiones que parecen subyacer en el planteo de este libro, lejos de tranquilizar al lector (al fin de cuentas sólo se trata de una historia), hacen temblar gozosamente todas las seguridades. La duda surge victoriosa, como sucede con la literatura que abre caminos, que inaugura un territorio lleno de preguntas.

Breves historias de animales sabrosos, engreídos, enamorados, malditos… de Martín Sancia

Breves historias de animales sabrosos, engreídos, enamorados, malditos…


00-BrevesHistoriasDeAnimalesBreves historias de animales sabrosos, engreídos, enamorados, malditos, venenosos, enlatados, tristes, cobardes, crueles, espinosos… (y otras historias)
Martín Sancia
Ilustraciones de Daniel Roldán.
Buenos Aires, Editorial Sudamericana, 2009. Colección La pluma del gato.
El título de este libro es tan desmesurado que cuando hablemos de él, seguramente diremos “el libro de Sancia” o alguna cosa parecida. La elección, desde luego, es deliberada y tiene como propósito principal escurrirse, impedir ser atrapado por el lector, rasgo que habrá de repetirse en casi todos los relatos. La parodia, el absurdo y la reflexión sobre el lenguaje y la literatura son el centro de la propuesta del autor.
Las primeras nueve páginas están firmadas por “El Editor” (1) y contienen una advertencia en la que se aconseja no saltear la introducción, unas palabras sobre la“conflictiva relación con el Autor”, notas sobre el título del libro, sobre la extensión, el ordenamiento y el contenido de los cuentos y una nota sobre un cuento en particular, escrito por Bruselas, la ex novia del Autor y actual esposa del Editor. El desacuerdo entre el Editor y el Autor estará presente a lo largo del libro, con numerosas notas al pie y llegará a incluir dos índices: el primero (decisión del Autor) está organizado según el orden de aparición, y el segundo, según los temas que los relatos tratan, tal como le hubiera gustado al Editor que se ordenaran los textos.
Desde la lógica del absurdo, hay una única razón que justifica la publicación del libro y es el hecho de que contiene un cuento escrito por la mujer que el Editor ama, y al que considera, desde luego, el mejor.
Además de este falso paratexto, el libro contiene más de cincuenta relatos breves o brevísimos, microficciones, según una de las denominaciones actuales (algunos no superan las dos líneas).
01-Ratón
En todos los casos, los protagonistas son animales (2) y en todos los casos serán leídos, probablemente, con una mueca de sonrisa. La fauna es de lo más variada: microbios, piojos, pejerreyes, ratas, cóndores.
En cada caso, el campo de significación del relato tendrá que ver o bien con las características del animal elegido o bien con elementos que se le asocian: si hay osos habrá insomnio, si hay canarios habrá jaulas y la idea de libertad andará por ahí, si hay venados, habrá coyotes.
02-SardinaEnLataEn algunos casos, el juego será de doble vía (tal vez los lectores con poco entrenamiento se queden afuera) y los relatos serán también, un homenaje literario. Hay dos ejemplos que quisiera destacar:
Uno de ellos es el relato titulado “Casa tomada”, cuyo texto dice “En la oscuridad del interior del caparazón, la tortuga vio dos ojos que la observaban…”, pero al que se debe completar, sin duda, con una observación gráfica: la página es completamente negra, la tipografía blanca y dos pequeños ojos, también blancos, en el medio del papel.
03-CasaTomada
En el segundo caso, con el mismo recurso gráfico, la alusión al poema de Quasimodo es algo más velada que la del cuento de Cortázar. El relato se titula “Vida desperdiciada” y dice: “Y al despertar de la larga siesta, la mariposa comprobó, con horror, que empezaba a anochecer.”(3)
El autor manipula también la literatura de tradición. La famosa fábula de la rana y el escorpión es transformada en una pieza que obliga a reflexionar sobre el sadismo, en otra que nos interroga sobre la naturaleza del masoquismo.
04-MantisHojaSi el rasgo más saliente del libro de Sancia es el humor, tampoco está exento de ternura: una ostra que se da cuenta de que está enamorada cuando fabrica un anillo de casamiento en lugar de una perla, dos tortugas enamoradas que no pueden abandonar un único caparazón, un mantis que confunde a su amor con una hoja.
El índice temático mencionado más arriba es una verdadera guía de lectura. Allí se clasifican los relatos según sean chistosos, de amor, de humor oscuro, tristes, raros, crueles o disparatados.
Por último, me interesa destacar, un rasgo poco frecuente en los libros para chicos, y que tiene que ver con la idea de compartir con el lector ciertas inquietudes que plantea el lenguaje en general y la ficción en particular. El aforismo de Lichtenberg (4), “Un cuchillo sin hoja al que le falta el mango”, propone, entre otras cosas, la idea de que es posible enunciar algo que es imposible imaginar. En cierto sentido, toda literatura aspira a ese objetivo. La de Sancia, también. Valga como ejemplo el relato titulado “El miedo de la pequeña gacela” que dice: “Tan miedosa era la pequeña gacela, que salió corriendo antes de que su cuento empezara.”

Notas
(1) Desde luego, se trata de un personaje o de una voz ficcional.
(2) El único cuento cuyos protagonistas son seres humanos, “La cigarra, el grillo, el amor y el tarado”, se resuelve, sin embargo, a instancias de un diálogo entre una cigarra y un grillo.
(3) Las negritas son del original.
(4) Georg Christoph Lichtenberg, científico y escritor alemán (1742–1799)

El pasado quedó atrás de Anke de Vries

 RESEÑAS  
El pasado quedó atrás Anke de Vries
El pasado quedó atrás, Anke de Vries
SM
Libros olvidados Templo#37 (diciembre 2013)
A principios de julio, Mark deja su Holanda natal para poder olvidar todo aquello que le recuerda a su novia Liesje, la cual murió en un accidente apenas unos meses atrás. El joven decide trasladarse a Magan, un pueblecito de Francia, con una misión: reparar la casa de madame Stevenson.
Pero la presencia de madame Stevenson y su hijo William en aquel pequeño pueblo ha dejado una huella que Mark no tardará en descubrir, y lo que en un principio será una huída con el fin de encontrar la paz y tranquilidad que no fue capaz de hallar en su país, se convertirá en un encuentro consigo mismo. Una mañana, de manera un tanto peculiar, conocerá a Juliette, la chica que le ayudará en muchas de sus tareas, entre ellas la de superar la muerte de Liesje.
Anke de Vries, autora de origen holandés, crea unos personajes verosímiles, quizá cayendo un poco en los clichés de los habitantes de un pequeño pueblo: el barbero, el dueño del bar, el cura, etc., pero necesarios para que la historia adquiera la vida y la autenticidad que la hace tan particular. No hace especial hincapié en las características físicas de los personajes, pero eso no los hace menos reales, puesto que lo que prima en este relato es la personalidad y los sentimientos de los mismos.
Otra de las características que hace que este libro merezca nuestra atención es el ritmo de la historia: ligero, ameno y con una sucesión de eventos que te incita a seguir leyendo para averiguar qué pasó. Se trata de una novela corta, por lo que no tardarás mucho en descubrir el secreto que todos los habitantes del pueblo guardan con recelo.
El pasado quedó atrás es una de esas novelas que pasan desapercibidas en la estantería de la biblioteca, ya que no podrás encontrarlo en ninguna tienda a día de hoy. Sobre todo no dejes que su portada poco atractiva o su enigmática y poco explícita sinopsis te eche para atrás. Así que no lo dudes, haz la maleta y acompaña a Mark en su viaje.
Por Lorena Mozo
lorena.mozo(a)eltemplodelasmilpuertas(punto)com

La canción de los niños perdidos (Penelope Green I), Béatrice Bottet SM

 RESEÑAS Zona<20 img="" nbsp="" src="http://www.eltemplodelasmilpuertas.com/img/jerebeque-d.png">
La canción de los niños perdidos (Penelope Green I) Béatrice Bottet
La canción de los niños perdidos (Penelope Green I), Béatrice Bottet
SM
Zona <20 a="" href="http://www.eltemplodelasmilpuertas.com/templo37/" nbsp="" style="color: #519092;">Templo#37
 (diciembre 2013)
Londres, 1880. Una chica sin familia. Un joven marinero francés. Un extraño músico callejero. Aparentemente estas personas no tienen nada en común. ¿Pero qué pasaría si de repente todas se viesen involucradas en una investigación, un problema del pasado, una simple broma macabra?
Foxglove Court será la dirección a la que tendrá que dirigirse Penny para investigar el último caso que llevaba a cabo su padre antes de morir. Allí conocerá a Cox y Cyprien, que se verán envueltos en la investigación. Este suceso unirá a estos tres personajes a lo largo de una historia de suspense y misterio ambientada en el Londres victoriano.
Con esta increíble novela (que es la primera parte de la saga Penelope Green), Béatrice Bottet nos adentra en una sociedad cargada de prejuicios, poder, dinero, pobreza, música y sobre todo, crímenes.
El ritmo de la narración es rápido. La novela es bastante amena y además está muy bien estructurada. En cuanto a los personajes, están muy bien definidos, incluso los secundarios. Si hablamos de ambientación, solo puedo decir que es extraordinaria, ya que la autora nos describe con detalle todos los aspectos de la época victoriana: desde los corsés y los modales, hasta las costumbres o las diferentes clases sociales.
Con esta historia, la editorial SM se ha anotado un puntazo en el campo de la literatura juvenil, ya que la obra está marcada por la rebeldía de sus personajes y, aunque usa algunas expresiones propias de la época en la que se ambienta, el lenguaje resulta sencillo para el lector.
En mi opinión, La canción de los niños perdidos es un libro muy atractivo, no solo por la portada, que me encantó, sino por la cantidad de detalles que incluye sobre la época victoriana, y por supuesto, por la trama, que aboga por el cambio y que tiene como valores fundamentales dejar a un lado los prejuicios y fomentar el respeto.
Si te gustan las buenas historias de detectives, pero con un punto único, esta es tu novela. ¿A qué esperas para leerla?