martes, 19 de abril de 2022

"Preferiría no hacerlo": La historia secreta de una de las frases más famosas de la literatura

 

Bartleby, el escribiente, no ha dejado de estar de moda desde 1853, lo cual es un logro para alguien tan poco activo. ¡Oh, la humanidad!


Bartleby el escribiente

Típico armario y típica silla de copista postal durante el siglo XIX: el ecosistema de Bartleby.

 
Scaramanga

'Bartleby, el escribiente' es un misterio sin resolución posible y el relato más transparente jamás escrito. Es todo y es nada. Serializado en la revista Putnam's hacia finales de 1853, republicado tres años después (en una versión editada y corregida) como parte de la antología 'The Piazza Tales', el cuento es indisoluble del estado mental y profesional por el que atravesaba su autor, Herman Melville, tras el fracaso comercial de su colosal opus sobre una ballena blanca y las dificultades que se plantean a la hora de cazarla. Tampoco es que a su posterior novela, un perverso y medularmente gótico poema-en-prosa sobre el incesto como tragedia sublime, le fuera mucho mejor. Puede que todas esas blasfemias tuvieran algo que ver con sus espantosas ventas, sus atroces críticas y titulares como "HERMAN MELVILLE, LOCO". No hace falta haber sido el genio que escribió, pongamos por caso, 'Moby Dick' para pillarlo: el establishment literario de la época no tenía demasiado espacio para un escritor como él.

Ni siquiera en una esquina. Una en la que no molestase demasiado, como un humilde escribiente recién contratado en el bufete de un prestigioso abogado de Wall Street.

Sin dinero, sin demasiados aliados fieles en su cada vez más minúsculo círculo social, Melville se puso a escribir su cuento en dos partes, cuya interpretación más inmediata sería, comprensiblemente, la que lo compara con un escupitajo lanzado contra la sociedad norteamericana de mediados del siglo XIX. O, en palabras de Mordecai Marcus, contra "la esterilidad, la impersonalidad y los ajustes mecánicos del mundo" en los que sus dos protagonistas, un narrador sin nombre y el propio Bartleby, parecen coexistir. Otro distinguido especialista en Melvilliana, Christopher Sten, sugiere que su inspiración podría residir en los ensayos filosóficos de Ralph Waldo Emerson, concretamente en 'The Trascendalist'. La oposición entre el mundo material y el mundo de las ideas, de la que se decantaría una defensa de la soledad como estado superior de conciencia y llave para alcanzar una mayor comunión con la naturaleza, podría estar en la placenta de 'Bartleby, el escribiente'.

Por supuesto, también hay quien lo interpreta como una simple y ligera comedia de oficina, o quizá como el relato de fantasmas más esquinado jamás escrito —la influencia de Dickens, en especial de 'Casa Desolada', en Melville ha sido objeto de multitud de estudios académicos—. Es una ácida parodia de los avances en materia de política laboral que se sucedieron en Nueva York circa 1850, una reflexión sobre las consecuencias del aislamiento deshumanizador al que nos aboca el trabajo moderno, una inmersión directa en la enfermedad mental, un romance homosexual no sublimado, un código sólo descifrable por iniciados en masonería, un precursor del absurdismo kafkiano, el primer texto existencialista (el propio Albert Camus así lo consideraba) y un furioso Ya Basta contra el determinismo inherente a la modernidad. Cada lector puede escoger la lectura que más le interese, aunque entendemos que prefiera no hacerlo para, así, quedarse con todas. Y con ninguna, por supuesto: ¿qué gracia hay en pretender haber resuelto un enigma literario que lleva 165 años fascinando a la humanidad (¡oh, la humanidad!)?

El argumento, por si necesitas que te refresquemos la memoria, es muy sencillo: prestigioso y anciano abogado neoyorquino contrata a un nuevo empleado para su oficina. El tal Bartleby parece mucho más eficiente que los cuatro tipos (de quienes sólo se nos revelan sus apodos) a los que el narrador está acostumbrado, hasta que un día le pide asistencia en una tarea concreta y el nuevo responde tres palabras en castellano, cinco en inglés. "Preferiría no hacerlo". "I would prefer not to". Durante un tiempo, Bartleby sigue realizando el resto de sus funciones cotidianas con total precisión, pero muy pronto deja de hacer absolutamente nada. Sólo se queda quieto día y noche en su rincón de la oficina, que se niega a abandonar incluso cuando es despedido. El abogado decide trasladar todo su negocio a otro lugar, pero los nuevos inquilinos acuden a él para quejarse de Bartleby. Sólo se limita a estar ahí, prefiriendo no hacer nada. Cuando finalmente es detenido y encarcelado por la policía, el abogado decide ir a visitarlo. Incluso soborna a un guardia para asegurarse de que Bartleby es alimentado como es debido. Pero él prefiere no hacerlo. Así que acaba muriendo de inanición.

En el epílogo de su relato, Melville nos ofrece la única clave biográfica que jamás tendremos sobre este personaje : un tiempo después de su muerte, el narrador escucha el rumor de que, antes de mudarse a la Gran Manzana, Bartleby trabajaba en una oficina postal de Washington D.C., donde se encargaba de las cartas no reclamadas. Si esta anterior ocupación fue lo que motivó un descenso en la inacción durante su temporada en Wall Street es algo que tanto el abogado como nosotros tendremos que decidir por nuestra cuenta.

Una persona radicalmente literal podría enfrentarse a 'Bartleby, el escribiente' y extraer, sin más, un diáfano retrato de la depresión clínica. Desde luego, el personaje del título muestra todos los síntomas, desde la ausencia de motivación hasta, finalmente, la pérdida del deseo de vivir. Existen incluso paralelismos con la propia biografía del escritor, quien se pasó buena parte de la primavera de 1851 evitando trabajar en 'Moby Dick' (es decir, prefiriendo no hacerlo) debido a alguna clase de bloqueo creativo. Sin embargo, la riqueza analítica de Melville es tan inmensa, incluso en las distancias cortas, que no podemos quedarnos con la superficie. Decidir eso sería, también, renunciar a los explícitos paralelismos que se establecen entre empleador y empleado, casi como si ambos fueran reflejos especulares. O, quizá, dobles psicológicos.

En cierto sentido, Bartleby podría ser una manifestación extrema del desencanto que el propio narrador experimenta con respecto al mundo moderno, la materialización de sus deseos más secretos. El hecho de que lo relegue a una esquina del espacio de trabajo lo empareja con el inconsciente reprimido, lo que explicaría por qué prefiere mudar todo su negocio antes de provocar una confrontación con él, cuando es objetivamente el único elemento desestabilizador de la oficina. De hecho, el abogado sólo llega a algo parecido a una historia de orígenes para Bartleby una vez lo ha dejado morir, quizá como manera de explicarse a sí mismo este episodio de irracionalidad pasajera. Sólo al matarlo y ligarlo psicológicamente al correo no reclamado (o a las "cartas muertas", como también se lo conoce), el narrador puede ya dejar marchar esa parte oscura e inconfesable de su psique.

Sea real o imaginado, parece más o menos evidente que un Melville escribiendo desde el filo tendría que considerar, necesariamente, a Bartleby como el último hombre libre. El copista nunca hace explícitas las razones que lo llevan a optar por el inmovilismo, pero tenemos la sensación de que es su manera de esquivar un destino determinista, arbitrario y designado desde el exterior. Primero te piden que examines un documento en el despacho de tu jefe, pero... ¿qué viene después? ¿Qué será lo siguiente que La Estructura te pida que hagas? ¿Cuáles podrán ser las próximas tareas indignas y medularmente inhumanas, las próximas humillaciones que tengan preparadas para aplastar tu espíritu y aniquilar tus sueños? No. Nonononono. Hasta aquí. Esto acaba ahora. Expresa tu preferencia por la otra opción, la de cruzarte de brazos, mirar la pared y, simplemente, pasar de ser a estar, quizá la forma más pura de ejercitar tu derecho (porque es un jodido derecho) al libre albedrío.

La pasividad de Bartleby no tiene espacio en el sistema legal y económico de la Norteamérica de su época, mucho menos en Wall Street, del mismo modo que Melville no tenía espacio en la intelectualidad literaria o las listas de los más vendidos. Son una aberración, un glitch en el sistema. Lo que los convierte a ambos, naturalmente, en antisistema. Durante los tiempos de Occupy Wall Street, el filósofo esloveno Slavoj Žižek propuso "Preferiría no hacerlo" como lema oficial del movimiento : estos indignados, como Bartleby antes que ellos, habían optado por convertirse en palos en la rueda del capitalismo, por la protesta, por la inacción como motor revolucionario, sólo que también habían decidido llevarle a Emerson la contraria en lo fundamental: no estaban reclamando su derecho a la soledad, sino que estaban unidos en una misma comunidad. Un único Bartleby muere de inanición en cualquier celda del Lower Manhattan, pero un grupo altamente organizado de Bartlebies pensó, durante un breve instante, que podría asaltar los cielos.

Al final, supimos que Wall Street siempre acaba encontrando una manera de arrastrar hacia los márgenes a sus escribientes más díscolos, luego puede que Emerson y Melville tuvieran razón. La única posibilidad de victoria es personal, solitaria, privada y absolutamente incomprensible desde el exterior, hasta el punto de que se podría interpretar como una derrota. Sin embargo, el auténtico fracaso es el de todos aquellos que, pudiendo seguir las enseñanzas del último hombre libre, preferimos seguir corriendo en la rueda. Preferimos hacerlo.

https://www.revistagq.com/noticias/cultura/articulos/preferiria-no-hacerlo-bartleby-escribiente-significado/31173

lunes, 18 de abril de 2022

LAS TRENZAS DE LAS CARIÁTIDES

 

LAS TRENZAS DE LAS CARIÁTIDES

GR-1953-Henri Cartier-Bresson-PAR31513Atenas, Grecia (1953). Fotografía de Henri Cartier-Bresson

    Cuenta Vitrubio que los habitantes de Caria, una población limítrofe con Lacedemonia, se aliaron con los persas antes de la Batalla de las Termópilas. Los griegos hicieron una expedición de castigo, masacrando a los hombres y llevándose cautivas a las mujeres.

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    Como MEMENTO de esta traición, se habrían erigido estas seis muchachas condenadas a un castigo eterno: SER COLUMNAS.

caryatids    Las CARIÁTIDES del ERECTEION de Atenas no parecen estar soportando este castigo.  No parece lógico, este no era el estilo bélico griego. Las mujeres esclavas no son un hecho relevante en sus guerras.

    SER UNA PILASTRA más bien sería un HONOR, y no una CONDENA.

Cuando castigamos a alguien sosteniendo un peso, presenta esta estampa:

a186    Las CARIÁTIDES de Atenas tienen broches sujetando los vestidos, las manos cuelgan libres, el vestido no parece asiático, sino griego, vaporoso y con pliegues.

    Son más grandes que el tamaño real de una mujer, para impresionar al viajero, para robar la mirada que se dirige al Partenón y distraer al fiel que quiere ver a la diosa que sostiene una victoria alada, tan grande y misteriosa, de oro y marfil.
_yGVF0nqZISVupXDs2Wt7jl72eJkfbmt4t8yenImKBVvK0kTmF0xjctABnaLJIm9Nuevo Museo de la Acrópolis (Atenas)
     Las CARIÁTIDES podrían ser también unas doncellas lacedemonias que rendían culto con su danza a Caria, la joven muerta en la flor de la edad, que DIONISOS convirtió en nogal por amor. No llegó a ser diosa, pero recibió adoración porque enseguida se la asoció a Artemisa. Dicen que los gemelos Cástor y Pólux podrían haber sido los inventores de esta danza ritual.

u    Son CANÉFORAS, portadoras de cestos coronados de flores y mirtos, planta auténticamente femenina. Algunos quieren ver en el nombre de CANÉFORAS el de Cécrope, rey legendario de Atenas, mitad hombre, mitad serpiente, guardián de las cestas de Atenea. Cécrope o Erictonio, héroes y fundadores míticos de Atenas.

Detalle de El descubrimiento del niño Erictonio. RubensEl descubrimiento de Erictonio (P.P. Rubens, detalle)
    ERICTONIO significa “nacido de la tierra”. La diosa Atenea buscaba sus armas en el taller de Hefesto. El dios cojo intentó violarla y una gota de su semen manchó la pierna de la diosa. Ella se sacudió el líquido y éste cayó a tierra, fecundándola. Escondido en una cestita por Atenea, como tantos otros de nacimiento indeseado, solo Pándroso obedeció las órdenes de no abrirla, a diferencia de sus hermanas, invadidas por la curiosidad. Una serpiente se enroscaba en el  cuerpo del bebé.

cariatidi    Las CANÉFORAS atenienses, muchachas distinguidas, en el debut de la juventud, y antes del matrimonio, llevaban cestas en la procesión de las Panateneas, en honor a la diosa de la ciudad.

    Quizá no supieran cuál era su contenido, en honor a Pándroso, y no les picaría la curiosidad de abrirlas, como a sus hermanas. Dentro, puede que hubiera quizá algo sagrado, ctónico, como una serpiente, la misma que tiene la estatua de Fidias a sus pies.
Por eso el ERECTEION también se llama PANDROSEO, porque Pándroso no tuvo curiosidad y obedeció a Atenea. No abrió la cesta, no descubrió el misterio. 

AE3AD5C5B62BB8343F215298BE7AAA66   El Erecteión en su entablamento ha omitido el friso. Estas mujeres-columnas soportan todo el PÓRTICO.

    El peso de semejante estructura las habría degollado si su cuello estuviera desprotegido. Pero no es así, sus elegantes trenzas, todas distintas, actúan de punto de descarga y el peso se va hacia las piernas. Sus peinados son la clave del éxito.

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La simetría especular de su genuflexión en las cuatro muchachas del frontal (a la izquierda flexión en la rodilla izquierda, y a la derecha, flexión en la rodilla derecha) consiguen el ÉNTASIS de las columnas, y así, como sucede en el vecino Partenón, la CORRECCIÓN ÓPTICA. Hay curvas, pero vemos rectas

9     La estabilidad inerte de estas columnas se amalgama con el movimiento vibrante de una mujer.

3671447448_f247068742     Sus peinados son dignos de su rango. El cabello largo es signo de aristocracia. En las tumbas los arqueólogos han encontrado ofrendas de cabellos femeninos a los dioses. Exhiben orgullosas sus peinados, sus vestidos.

w ©2012-2013 kolkrisz

     Sus homólogos masculinos, los ATLANTES, están atormentados y retorcidos. Ellas no, ellas están serenas. No creo que se trate de un CASTIGO, una esclavitud perpetua.

                                Ser columna, ser pilar, es ser una DIVINIDAD FEMENINA.

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Virgen del Pilar sin manto (Licencia CC BY-SA. Foto David Abián)

También puede ser un EMBLEMA

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     Lo salvaje, lo obsceno, lo incivilizado, lo primitivo se NEUTRALIZA en la BELLEZA: trenzas elaboradas, tirabuzones, vestidos elegantes, pose altiva, nariz recta…..un ÁRBOL QUE SE ESTÁ HACIENDO MUJER.

Ie1LBOUP61eZ-h_DXz220jl72eJkfbmt4t8yenImKBVvK0kTmF0xjctABnaLJIm9Amalia Sotiropoulou

https://classicgrandtour.com/2013/10/02/las-trenzas-de-las-cariatides/

Los Gloriosos Románticos. Segunda parte: John Keats. . . “Aquí yace Aquel cuyo nombre fue escrito en agua”

 


Los Gloriosos Románticos. Segunda parte: John Keats. . . “Aquí yace Aquel cuyo nombre fue escrito en agua”

A excepción de Shakespeare, ningún poeta inglés es más querido que John Keats, pero podríamos habernos privado de algunos escritos maravillosos si Keats hubiera continuado con su elección original de profesiones.

Nota del editor: esta columna es la segunda de una trilogía que celebra a tres grandes poetas ingleses del período de la Regencia: Lord Byron, John Keats y Percy Bysshe Shelley. Shelley tenía una amistad tanto con Byron como con Keats, pero Keats y Byron nunca se conocieron. Todos ellos murieron lejos de Inglaterra y dentro de los tres años de diferencia. 

Estas tres columnas se publicaron originalmente en agosto de 2020. Debido a que "Anyone for Tennyson" ha ganado tantos seguidores nuevos en el último año, queríamos compartir estos maravillosos poetas con ustedes nuevamente. Haga clic aquí para ver la primera entrega, sobre Lord Byron.

Con la excepción de Shakespeare, ningún poeta inglés es más querido que John Keats (1795-1821). Su poesía es rica en imágenes y atractivo sensual, muy citable y está marcada por un uso extendido de temas clásicos. Al compararse con Lord Byron, Keats dijo: “Byron describe lo que ve; Describo lo que imagino. La mía es la tarea más difícil”.

Y, sin embargo, podríamos habernos visto privados de algunos escritos maravillosos si Keats hubiera seguido adelante con su elección original de profesiones. Fue aprendiz durante cinco años como estudiante de medicina y luego se unió al Guy's Hospital en Londres, donde se graduó como médico y cirujano. En 1818, decidió concentrarse en la poesía, pero retuvo suficientes habilidades médicas para poder diagnosticar su propia enfermedad fatal.

John Keats. Retrato de William Hilton.

El primer gran poema de Keats se llamó “Endymion”, basado en un mito griego. Recibió críticas mordaces de los críticos, aunque sus primeras líneas se encuentran ahora entre los más famosos de sus escritos:

Una cosa hermosa es un gozo para siempre:
su hermosura aumenta; jamás
pasará a la nada; pero aun así nos guardará
Un cenador tranquilo, y un sueño
Lleno de dulces sueños, y salud, y respiración tranquila.

Sin embargo, su poema revolucionario, una obra que exhibe un dominio completo del concepto y las imágenes, fue un soneto llamado "Sobre la primera mirada al Homero de Chapman". George Chapman fue el autor de una traducción memorable de la “Ilíada” y la “Odisea”.

Mucho he viajado en los reinos de oro,
y he visto muchos estados y reinos hermosos;
Alrededor de muchas islas occidentales he estado
Que los bardos en lealtad a Apolo sostienen.
A menudo se me había dicho de una amplia extensión que
Homero, el de cejas profundas, gobernaba como su dominio;
Sin embargo, nunca respiré su pura serena
Hasta que escuché a Chapman hablar en voz alta y audaz:
Entonces me sentí como un observador de los cielos
Cuando un nuevo planeta nada en su ken;
O como el corpulento Cortés cuando con ojos de águila
contemplaba el Pacífico, y todos sus hombres se
miraban unos a otros con una suposición descabellada,
silencioso, sobre un pico en Darién.

A medida que avanzamos a través de la belleza y el deleite de la poesía de Keats, me gustaría dejar las cosas claras. A los victorianos les gustaba retratarlo como delicado, frágil, enfermizo y sensible. Es cierto que era bajo de estatura (5 pies y 1 pulgada; Shelley medía casi 6 pies) y murió de tuberculosis al igual que su hermano. Pero Junkets (su apodo) era duro, un luchador en la escuela, enfrentándose a los matones. En una ocasión, cuando era un joven adolescente, se enredó con un carnicero. . . no es una gran idea . . pero usando tácticas de lucha por el premio, Keats lo envió a casa ensangrentado.

En cuanto a la resistencia física, él y su amigo, Charles Brown, hicieron un recorrido a pie de 600 millas por el norte de Inglaterra y Escocia. Escaló el Ben Nevis, el pico más alto de las Islas Británicas, y caminó con determinación para llegar a un puente del siglo XV que Robert Burns hizo famoso. Se llama Brig o' Doon (e inspiró el nombre del musical de Broadway de Lerner y Loewe).

Escocia. Brig o'Doon. Una parada especial para Keats en su recorrido a pie.

En una corta vida, Keats fue un poeta prolífico. Escribió 64 sonetos y, en forma más larga, varias odas notables. Aquí está la estrofa final de “Oda a una urna griega”:

¡Oh forma del ático! Actitud justa! con brede
de hombres de mármol y doncellas sobreexcitadas,
con ramas del bosque y la hierba pisoteada;
Tú, forma silenciosa, nos sacas del pensamiento
como lo hace la eternidad: ¡Pastoral fría!
Cuando la vejez acabe con esta generación,
Tú seguirás siendo, en medio de otros males
que los nuestros, un amigo del hombre, a quien dices:
"La belleza es la verdad, la verdad, la belleza"; eso es todo lo que
conocéis en la tierra, y todo lo que necesitas saber.

Ningún estudio de John Keats puede siquiera comenzar sin incluir a Fanny Brawne, su amor, su musa y su prometida. Cuando se mudó a Wentworth Place, Hampstead, ella era literalmente la chica de al lado, si recuerdas la canción. En los primeros días, Keats describió su relación como "de vez en cuando una charla y una riña". Pero cuando las cosas florecieron, fue más como esto:

¡Ay! amadísimo amor, dulce hogar de todos mis miedos,
y esperanzas, y alegrías, y angustiantes miserias,
esta noche, si puedo adivinar, tu belleza luce
una sonrisa de tal deleite,
tan brillante y brillante,
como cuando estás embelesado, ojos doloridos, vasallos,
perdidos en un suave asombro,
miro, miro!

Un poema menos exuberante pero de mucha mayor habilidad e imaginación es una de las obras maestras de Keats, el soneto "Bright Star". Además de su gloria poética, es posible que desee notar que las catorce líneas completas constituyen una sola oración.

¡Lucero! si yo fuera firme como tú,
no en solitario esplendor colgado en lo alto de la noche,
y mirando, con los párpados separados eternamente,
como el eremita paciente e insomne ​​de la naturaleza,
las aguas en movimiento en su tarea sacerdotal
de pura ablución alrededor de las costas humanas de la tierra,
o contemplando la nueva y suave máscara caída
De la nieve sobre las montañas y los páramos
—No—pero aún firme, aún inmutable,
Acolchada sobre el pecho maduro de mi hermoso amor,
Para sentir para siempre su suave caída y oleaje,
Despierto para siempre en una dulce inquietud ,
Todavía, todavía para escuchar su tierno aliento,
Y así vivir para siempre, o de lo contrario desmayarse hasta la muerte.

Hay una frase en latín, Annus Mirabilis, que significa Año Milagroso, y ciertamente se puede aplicar a John Keats, quien en un período de doce meses, desde septiembre de 1818 hasta septiembre de 1819, escribió prácticamente todos los poemas que lo han colocado entre los más grandes. poetas No hay razón para enumerarlos aquí, pero el único escritor que superó este logro es un tipo llamado Shakespeare, quien en un año, 1599, escribió "Enrique quinto", "Julio César", "Como gustéis" y . . . Oh si . . ."Aldea."

Aparte de la inspiración de Fanny Brawne, el año milagroso de Keats lo encontró con una salud robusta. A partir de entonces, a medida que la tuberculosis se apoderó de él y su salud empeoró, su producción poética también lo hizo. En última instancia, como se muestra en el video a continuación, se le aconsejó que abandonara Inglaterra y se mudó a un apartamento en Roma, donde murió en 1821, hace doscientos años este año.

Fue enterrado en el cementerio protestante de Roma y, como había solicitado, su lápida no lleva su nombre, pero dice: "Aquí yace uno cuyo nombre fue escrito en agua". Se han propuesto muchas teorías sobre lo que realmente quiso decir Keats. ¿Estaba respondiendo a los sonidos de la Fuente Barcaccia al pie de la Plaza de España fuera de su ventana? ¿Estaba lamentando una impermanencia de su vida y poesía? ¿Estaba recordando un discurso, que habría conocido, de los dramaturgos isabelinos, Beaumont y Fletcher: "Todas tus mejores obras estarán escritas en agua?"

Probablemente nunca lo sabremos. Pero el impacto del lugar del entierro fue muy real. Oscar Wilde visitó el sitio en 1877, se postró sobre la tumba de Keats y luego escribió:

Tu nombre fue escrito en agua, permanecerá:
Y lágrimas como las mías mantendrán verde tu memoria.

Roma. La Fuente Barcaccia y la Plaza de España. La casa de Keats está a la derecha

Tres escenas y una elegía

En nuestro vídeo te mostraremos tres escenas de la vida de Keats en Hampstead con Fanny Brawne, su madre y su compañero de piso, Charles Brown. Cerraremos con una Elegía escrita por Shelley.

Nuestro elenco :

John KeatsNicholas Woodeson

Fanny Brawne Ginni Ness

Sra. Brawne Jill Tanner

Charles Armitage Brown Robin Chadwick

Percy Bysshe Shelley Stephen Lang

Leigh Hunt (Narrador) John Neville-Andrews

HAGA CLIC EN ESTE ENLACE PARA VER EL VIDEO:    JOHN KEATS


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