lunes, 6 de julio de 2009


Recuerdos de la infancia...La Cleo

La familia Telerín

Vamos a la cama

cleo, Teté, Maripí, Pelusín, Coletas y Cuquín, nos anunciaban que se acababa la programación infantil, nuestros papás nos mandaban a la cama, aunque siempre nos hacíamos los remolones para ver si veíamos algo de la película de dos rombos.

Un recado de parte de la tele

ya va siendo hora

de que los peques

nos vayamos a la cama

¡¡ ale !!

Vamos a la cama

que hay que descansar

para que mañana

podamos madrugar

La familia Telerín fue creada y realizada por los hermanos Santiago y José Luís Moro, allá por 1964, fue un gran éxito, imagino que los que lo vivisteis aun lo recordáis perfectamente.

Mayte Moraleda fue una de las niñas que grabó la canción para el anuncio de televisión y ella muy amablemente nos cuenta como recuerda aquello. Muchas gracias Mayte.

Recuerdo que un día mi padre, que pertenecía a un grupo musical allá por los años 60 y que desgraciadamente perdieron la vida en un accidente automovilístico, me cantó por primera vez la canción de Vamos a la cama, y me preguntó si me gustaba y si quería aprendérmela para cantarla con mis amigos (que eran los hijos de los compañeros de la orquesta). Tarareé muchas veces hasta que aprendí la canción aunque recuerdo que la palabra "madrugar" me resultaba muy difícil de pronunciar. El siguiente recuerdo era en un estudio de grabación y un micrófono enorme con un director de orquesta y mi padre al frente de la música.

Pero la historia vista desde el adulto y contada por mi madre es así:

Un día el representante de la orquesta de mi padre decidió grabar una canción para niños, habían decidido que no querían niños cantores, sino voces de niños pequeños que no se dedicaran al mundo de la música. Así que fuimos 4 niños los que grabamos esa canción. Teníamos entre 4 y 5 años excepto el pequeñín que habla al principio que tenía 2 añitos. Al poco tiempo de la grabación todo el mundo se olvidó de aquello y nosotros por el trabajo de mi padre nos fuimos un año por Europa y nuestra familia desde Madrid, nos avisó que la canción que había grabado Mayte (yo) estaba saliendo por la tele con unos dibujos muy graciosos.

La anécdota de toda esta historia es que en ningún momento se grabó con intención alguna ni mucho menos presuponiendo es éxito que tendría.

De vuelta a España nos regalaron a los cuatro "cantantes por un día" unas muñecas, banderines, tren, de los famosos muñecos.

Otra anécdota es que los niños que salen sentados en el suelo de espaldas viendo la tele no somos los que cantábamos ya que como os he dicho antes, nada estaba previsto en un principio y cuando lo prepararon para presentarlo en Televisión, nosotros estábamos en Europa de gira con nuestros padres.

Posteriormente se hicieron muchas versiones, pero te puedo asegurar que la nuestra es la original y la que se puso en la TV en blanco y negro.

Los nombres de los participantes:

Felipin 5 años

Isabelita 6 años

Mayte 4 años

(Pequeño) 2 años

Y poco más te puedo contar, espero que haya sido de tu agrado. Solo agradecerte personalmente tu atención ya que a los 3 años mi padre falleció y esa canción y su música siempre ha vivido conmigo como recuerdo de un tiempo con él.

Un fuerte abrazo


domingo, 5 de julio de 2009

“El africano” de Le Clezio es un pequeño libro de un gran escritor. Recoge recuerdos de su infancia en Africa, filtrados por una visión llena de frescura, lejana a los convencionalismos de un libro de memorias. Autobiografico.
El autor inserta su mundo interior en el país donde transcurre su primera niñez.
La íntima identificación con la naturaleza es una característica de Le Clezio.



“Puedo sentir la emoción que experimentaba al atravesar las altas mesetas y las llanuras herbosas, cabalgando por los estrechos senderos que serpenteaban en el flanco de la montaña, descubriendo a cada instante nuevos panoramas, las líneas azules de las cumbres que surgían de las nubes como espejismos, bañadas por la luz de Africa, tanto violenta al mediodía como atenuada en el crepúsuclo, cuando la tierra roja y las hierbas leonadas parecen iluminadas desde el interior por un fuego secreto”.
Ante todo “El africano” es una evocación de su padre, cirujano, antiburgues y anticolonizador, que retorna, transformado por la guerra.
Narra con sencillez los recuerdos infantiles -buenos y malos- y construye un retrato salvador, en busca de la reconciliación.
“Todo ser humano es el resultado de un padre y de una madre. Se puede no reconocerlos,l no quererlos, se puede dudar de ellos. Pero están allí, con su cara, sus actitudes, sus modales y sus manías, sus ilusiones, sus esperanzas, la forma de sus manos y de los dedos del pie, el color de sus ojos y de su pelo, su manera de hablar, sus pensamientos, probablemente la edad de su muerte”.
Las ilustraciones -fotografías en blanco y negro de personajes y paisajes africanos- constituyen una acertada compañía para el texto.
“El africano”
J.M.G. Le Clezio
Adriana Hidalgo Editora, 2007

Ray Bradbury, las bibliotecas públicas y el futuro del libro

Posted: 04 Jul 2009 11:59 AM PDT

Farenheit 451

Ray Bradbury se ha convertido en un ícono incontrovertible en la defensa de los libros. En los últimos años ha hecho varias apariciones públicas para impedir el cierre de librerías independientes y ahora lo hace para resguardar la existencia de una biblioteca pública en California que se ve amenazada si no paga 280.000 dólares de los cuales, hasta ahora y a duras penas, ha podido recabar 80.000 .

Bradbury es reconocido principalmente por su novela Farenheit 451 que ha sido señalada como una de las obras fundamentales del siglo XX y como un texto fundamental para la defensa de los libros de papel y de la libertad de los seres humanos para tener acceso al conocimiento universal. Pero más allá de ello y de la desmitificación que él mismo se ha encargado de hacer de la importancia de su novela y de su relación con el futuro del libro, se trata de una figura cuyas declaraciones marcan una suerte de bisagra entre dos posturas contrapuestas sobre el tema.

De lo que no queda duda alguna es de la importancia que los libros, las librerías y las bibliotecas han tenido para este escritor nacido en 1920 en Waukegan, llinois y que desde mediados de los años 30 vive en el Estado de California. Bradbury pide que no le hablen de universidades sino de bibliotecas ya que fueron ellas las que le permitieron formarse gracias al acceso gratuito a los libros.

No creo en las universidades. Creo en las bibliotecas porque la mayoría de los estudiantes no tienen nada de dinero. Yo me gradué del secundario durante la gran depresión y no teníamos dinero. No pude ir a la universidad, entonces fui a la biblioteca pública tres días a la semana a lo largo de diez años.

Con esas palabras comenzó Bradbury su defensa de la Biblioteca H.P. Wright que lucha en estos meses para lograr el objetivo pecuniario que es la única manera de salvar su existencia. No es seguramente la única biblioteca que se encuentra en esta situación y es loable que Bradbury invierta su tiempo y energías en hacer ruido para llamar la atención al respecto. Como bien dice, no pierde nada pero otros pueden verse beneficiados.

La discusión en torno al futuro de las bibliotecas tal como las hemos venido conociendo hasta ahora no puede sostenerse sin hacer referencia al futuro del libro digital y a la tendencia cada vez más amplia de crear y alimentar repositorios de contenidos digitales. Internet, por supuesto, tiene aquí un papel preponderante y Ray Brandbury no tiene empacho en mandarlo al demonio. ¿Las razones? Su intengibilidad:

Es una distracción. No es real. Está en algún lugar en el aire.

Más allá del tremendismo y de las aparentes poses de divismo de un escritor que ya “está más allá de Dios y del Diablo” en términos literarios, estas declaraciones nos permiten observar que el debate sigue estando abierto y a fuego vivo entre aquellos que defienden a ultranza la legitimidad y permanencia del libro en papel y los que apuestan a que muy pronto éste dejará de existir para transformarnos a todos en portadores de equipos en los cuales podremos almacenar todo el conocimiento escrito y publicado a lo largo de la historia.

Esta es una postura, habrá muchas otras y cada uno tendrá sus argumentos. ¿Alguien quiere continuar con el debate?

Vía | Revista Ñ
Más información | New York Times
En Papel en blanco | Bradbury y su defensa de las librerías de viejo, Bradbury desmitifica Farenheit 451

Bradbury desmitifica a Farenheit 451

Juliana Boersner 6 de junio de 2007 0 comentarios

farenheit 451 peliculaRay Bradbury es el autor de una de las obras más emblemáticas de la literatura de ciencia ficción norteamericana. Me refiero a Farenheit 451 que es el relato de un hipotético mundo en el que su protagonista Guy Montag, es un bombero que provoca incendios para quemar libros ya que se supone que ellos provocan que los hombres piensen distinto en lugar de pensar igual.

451 alude a la temperatura a la cual empieza a arder el papel. A pesar de ese referente y el de la anécdota, Bradbury nos sorprende ahora, despues de 54 años con unas declaraciones en las cuales dice que todos hemos estado equivocados y que la novela no habla de la represión, y mucho menos de la censura a los libros, sino que se refiere a la televisión.

En respuesta a una entrevista que le hiciera en su casa de California el periódico L.A.Weekly, enfatizó que Farenheit 451 no es una novela sobre censura gubernamental y que no fue, de ninguna manera, una respuesta al senador McCarthy, sino que es una denuncia de cómo la televisión era una amenaza para los libros. Según él, tal temor se ha visto confirmado (no me quiero ni imaginar qué es lo que piensa de los libros digitales, aunque me parece recordar que ya ha hecho algunas declaraciones al respecto).

Ray Bradbury: "¡Al infierno con Internet!"

El autor de Crónicas marcianas, que cumplirá 89 años en agosto, asistió este fin de semana a una colecta pública para impedir el cierre de una biblioteca en Ventura (California). por falta de presupuesto. Allí, el maestro de la ciencia ficción dijo que su educación se debe enteramente a las bibliotecas públicas y que Internet es algo irreal que sólo "existe en el aire".

AUTODIDACTA. "Las bibliotecas me criaron. No creo en las universidades", dijo el autor de Farenheit 451.

A los 88 años, Ray Bradbury sigue tan energéticamente involucrado con sus pasiones como si tuviera un tercio de su edad. El hombre que escribió la novela Fahrenheit 451, donde imagina un futuro totalitario en el que los libros son quemados a rajatabla, está hoy luchando con furia e indignación contra el cierre de una biblioteca pública en el estado de California -la biblioteca H.P. Wright del pueblo de Ventura- por falta de presupuesto.

"Las bibliotecas me criaron -dijo el autor de Crónicas marcianas en una entrevista con The New York Times-. No creo en las universidades. Creo en las bibliotecas porque la mayoría de los estudiantes no tienen nada de dinero. Yo me gradué del secundario durante la gran depresión y no teníamos dinero. No pude ir a la universidad, entonces fui a la biblioteca pública tres días a la semana a lo largo de diez años".

En enero de este año el Estado de California le informó a la Biblioteca H.P. Wright que si no recaudaba 280 mil dólares tendría que cerrar sus puertas definitivamente. Contra reloj, la biblioteca ha llegado a reunir 80 mil dólares. Tiene hasta marzo del 2010 para llegar a la cifra establecida.

El sábado pasado Bradbury fue el invitado de honor en una colecta pública donde se proyectó una película basada en su cuento El maravilloso traje de helado. La entrada salía 25 dólares. Allí Bradbury dijo que ha visitado casi todas las bibliotecas públicas de California: "Yo ya estoy en una silla de ruedas. Entonces me pueden tirar en el auto y después tirarme en la biblioteca y vender libros, recaudar fondos y quedarse con todo el dinero. Lo hago gratis. Recaudo fondos para que puedan seguir".

Sin duda una de las causas del declive de las bibliotecas es el auge de Internet. En esta era de Wikipedia, ¿qué chico va a la biblioteca de su barrio para conseguir información para un trabajo del colegio?

Si uno cree que un autor de ciencia ficción como Bradbury estaría fascinado con el Internet, está equivocado. Lo detesta. "Es una distracción. No es real. Está en algún lugar en el aire", dijo el escritor.

Bradbury contó que hace poco Yahoo lo llamó para pedirle permiso para subir uno de sus textos a la web. "¿Saben qué les contesté? Les dije que se fueran al infierno. Al infierno con ustedes y al infierno con Internet".

Para rematarla, Bradbury enfatizó la centralidad de las bibliotecas para el aprendizaje y la auto-educación: "Yo leí todo en la biblioteca. Todo. Sacaba como 10 libros por semana, unos centenares de libros por año. Literatura, poesía, teatro; todos los grandes cuentos cortos... ¡todos! Me recibí de la biblioteca cuando tenía 28 años. Allí me educé. No en la universidad".

sábado, 4 de julio de 2009

Lo que la Tortuga le dijo a Aquiles
Lewis Carroll

Título original: What the Tortoise Said to Achilles
Traducción de: Humpty Dumpty
Originalmente publicado en Mind, No. 4, 1895, pp. 278-280


Aquiles ha alcanzado a la Tortuga y se ha sentado cómodamente en su espalda.

“¿Así que has llegado al final del curso de nuestra carrera?” Dijo la Tortuga.

“¿Incluso a pesar de que consiste en una infinita serie de distancias? ¿No había probado algún sabiondo que la cosa no podía ser hecha?”

“Puede ser hecha” dijo Aquiles. “¡Ha sido hecha! Solvitur Ambulando. Verás, las distancias estaban disminuyendo constantemente: y así...”

“Pero si ellas se incrementaban constantemente” Interrumpió la Tortuga. “¿Cómo entonces?”

“Entonces yo no debiera estar aquí” Aquiles replicó modestamente; “!Y en éste momento tú ya deberías haber dado muchas vueltas alrededor de la tierra¡”

“Me aplastas...me aplanas, quiero decir” dijo la Tortuga; “!eres un peso pesado, es indiscutible¡ Ahora bien, ¿te gustaría saber de una pista de carreras, que la mayoría de la gente imagina que puede completar en dos o tres pasos, cuando en realidad consiste en un infinito número de distancias, cada una más larga que la anterior?”

“!Muchísimo, de hecho¡” dijo el guerrero griego, al tiempo que sacaba de su casco (Pocos guerreros griegos poseían bolsillos en aquellos días) una enorme libreta y un lápiz. “¡Procede! ¡Y habla lentamente, por favor! ¡La taquigrafía no ha sido inventada aún!”

“¡Aquella hermosa Primera Proposición de Euclides!” la Tortuga murmuró como entre sueños. “¿Admiras a Euclides?”

“¡Apasionadamente! ¡Tanto, al menos, como pueda uno admirar un tratado que no será publicado, sino en algunos siglos más!”

“Pues bien, tomemos un trocito del argumento en esa Primera Proposición, sólo dos pasos, y la conclusión extraída de ellos. Se tan amable de ingresarlos en tu Libreta. Y en orden a referirlos convenientemente, llamémosles A, B, y Z:

(A) Las cosas que son iguales a lo mismo, son iguales entre sí.

(B) Los dos lados del triángulo son iguales a lo mismo.

(Z) Los dos lados del triángulo son iguales entre sí.

“Los lectores de Euclides otorgarán, supongo, que Z se sigue lógicamente de A y B, así que quién acepte A y B como verdaderas ¿Deberá aceptar Z como verdadera?” “¡Indudablemente! El niño más joven en una secundaria –tan pronto como las secundarias sean inventadas, lo cual no ocurrirá hasta unos dos mil años más adelante– lo concederá”

“Y algún lector que no haya aceptado aún A y B como verdaderas ¿Puede aún aceptar la secuencia como válida? Supongo” “Sin duda un lector tal puede existir.

Él puede decir ‘Acepto como verdadera la Proposición Hipotética de que, si A y B son verdaderas, Z debe ser verdadera; pero no acepto A y B como verdaderas. Un lector como ese debiera abandonar juiciosamente a Euclides, y dedicarse al fútbol.”

“¿Y no podría también haber un lector que dijera ‘Acepto A y B como verdaderas, pero no acepto la Hipotética’?”

“Ciertamente puede haber. Él, también, haría mejor en dedicarse al fútbol.” “Y ninguno de esos lectores”, continuó la Tortuga, “¿está como bajo la necesidad lógica de aceptar Z como verdadera?”

“Correcto” Asintió Aquiles.

“Bueno, ahora, quiero que me consideres como un lector del segundo tipo, y que me fuerces, lógicamente, a aceptar Z como verdadera.”

“Una Tortuga jugando fútbol sería...” Empezaba a decir Aquiles.

“Una anormalidad, por cierto” interrumpió la tortuga apresuradamente. “No te desvíes del punto ¡Veamos Z primero y el fútbol más tarde!”

“¿Tengo que forzarte a aceptar Z?” dijo Aquiles meditativamente. “Y tu posición presente es que aceptas A y B, pero tú no aceptas la Hipotética...”

“Digamos que todo es C,” dijo la Tortuga.

“...pero tu no aceptas:

(C) Si A y B son verdaderas, Z debe ser verdadera:” “Esa es mi actual posición” dijo la Tortuga. “Entonces debo pedirte que aceptes C.” “Lo haré”, dijo la Tortuga, “tan pronto como lo hayas puesto en esa libreta tuya ¿Qué más tienes en ella?”

“Sólo unas pocas anotaciones” dijo Aquiles, dejando correr nerviosamente las hojas: “unos pocos apuntes de... ¡de las batallas en la cuales me he distinguido!”

“Lleno de hojas blancas, ¡ya veo!” la Tortuga alegremente recalcó. “¡Las necesitaremos todas!. Ahora escribe lo que dicte”:

(A) Las cosas que son iguales a lo mismo, son iguales entre sí.

(B) Los dos lados del triángulo son iguales a lo mismo.

(C) Si A y B son verdaderas, Z debe ser verdadera.

(Z) Los dos lados del triángulo son iguales entre sí.”

“Deberías llamarlo D, y no Z,” dijo Aquiles. “viene a continuación de las otras tres.

Si aceptas A y B y C, debes aceptar Z.”

“¿Y porqué debo?”

“Porque se sigue lógicamente de ellas. Si A y B y C, son verdaderas, Z debe ser

verdadera. ¿Tú no disputarás eso? Imagino” “Si A y B y C son verdaderas, Z debe ser verdadera,” meditabundamente repetía la Tortuga. “Esa es otra Hipotética, ¿no lo es? Y, si he fallado en ver su verdad, puedo aceptar A y B y C, y aún no aceptar Z, ¿no puedo?”

“Puedes” admitió el cándido héroe; “a pesar de que tal necedad sea fenomenal. Si es que es posible. Así es que debo pedirte que concedas una Hipotética más.” “Muy bien, estoy completamente dispuesta a concederlo, tan pronto como lo hayas escrito. Lo llamaremos:

(D) Si A y B y C son verdaderas, Z debe ser verdadera. ¿Lo has puesto en tu libreta?”

“¡Lo tengo!” Aquiles Gozosamente exclamó, al tiempo en que ponía al lápiz en su estuche. “¡Y al fin hemos llegado al fin de ésta ideal pista de carreras! Ahora que aceptas A y B y C y D, por supuesto aceptas Z?”

“¿Lo hago?” dijo la Tortuga inocentemente. “Hagámoslo completamente claro.

Acepto A y B y C y D. Supón que aún rechazo aceptar Z”

“Entonces la Lógica te tomaría por la garganta ¡y te forzaría a ello!” replicó Aquiles.

“La Lógica te diría ‘No puedes evitarte a ti mismo. Ahora que has aceptado A y B y C y D, debes aceptar Z!’ así que verás que no tenías elección!”

“Como sea La Lógica es suficientemente buena para decirme que vale la pena anotar” dijo la Tortuga. “Así que pon en tu libro por favor. Lo llamaremos (E) Si A y B y C y D son verdaderas, Z debe ser verdadera.

¿Ves que es un paso completamente necesario?”

“Ya veo” dijo Aquiles; y había un toque de tristeza en su tono.

Aquí el narrador, habiendo tenido negocios urgentes en el banco, fue obligado a dejar al feliz par, y no reparó en el punto nuevamente, hasta algunos meses después. Cuando lo hizo, Aquiles estaba aún sentado sobre la espalda de la muy resistente Tortuga, y escribía en su libreta, la cual parecía estar casi completamente llena. La Tortuga decía “¿Has anotado el último paso? A no ser que haya perdido la cuenta, son mil uno. Hay muchos millones más por venir.

¿Considerarías, como un favor personal –teniendo en cuenta que mucho de la instrucción de éste coloquio nuestro, proveerá a los Lógicos del Siglo XIX. ¿te importaría, digo, adoptar un juego de palabras que mi primo, la Falsa Tortuga inventará entonces, permitiéndote a ti mismo ser rebautizado como quien Nos Enseñó?

“¡Como desees!” replicó el cansado guerrero, en los huecos tonos de la desesperanza, al tiempo en que hundía la cara entre sus manos. “Con tal de que tú, por tu parte, adoptaras un juego de palabras que la Falsa Tortuga nunca hizo, y permitirte ser rebautizado ¡Fácil de Matar!”

Fuente: http://www.guiascostarica.com/alicia/aquiles.html