jueves, 3 de abril de 2014

"Los vecinos mueren en las novelas" de Sergio Aguirre

N° 51 | RESEÑAS DE LIBROS | 16 de mayo de 2001

Los vecinos mueren en las novelas

Sergio AguirreBogotá, Grupo Editorial Norma, 2000.
Colección Zona Libre.
Portada de "Los vecinos mueren en las novelas"
Duelo de ficciones
¿Las novelas de misterio son "un género agotado que ya no interesa a nadie" como dice el personaje John Bland de Los vecinos mueren en las novelas? El escritor cordobés Sergio Aguirre logra demostrar que el género está lejos de agotarse y que las virtudes de estas novelas son ideales para poner en juego un tema tan literario como la verosimilitud: la "verdad" literaria, el pacto ficcional, la esencia misma de la ficción.
La historia transcurre en la campiña inglesa, un lugar amigable para las ficciones de Aguirre, a juzgar por la aparición de esta geografía en algunos relatos incluidos en su novela anterior, La venganza de la vaca (Bogotá, Grupo Editorial Norma, 1998). Sin duda es también un lugar literario propicio para homenajear toda una tradición de historias de misterio.
John Bland, un escritor mediocre de novelas policiales recién mudado junto a su mujer a la campiña, decide hacer una visita de cortesía a su única vecina, una anciana, aprovechando el viaje sorpresivo de su esposa a Londres.
La anciana, al enterarse de su oficio, le ofrece un relato de una experiencia que dice haber vivido en su juventud. Se trata de una misteriosa historia que le tocó escuchar en un viaje en tren: una joven dice haber sido testigo de un posible crimen, cree que el supuesto asesino la ha descubierto y está aterrorizada porque se siente perseguida. La historia está llena de vericuetos e intrigas que atrapan a John Bland, quien sin embargo, no admite que está admirado por la buena trama, quizás para no asumir su falta de ideas literarias. Entonces, decide entrar en un juego peligroso. Aunque había confesado no tener ninguna idea para una novela, comienza a relatar una historia que tiene a él y a su interlocutora como protagonistas: se trata del plan para asesinar a su anciana vecina. Lo que ni él ni el lector imaginan es, que a partir de allí, lejos de amedrentarse, la mujer responderá con armas similares a las utilizadas por el escritor: con historias donde la "verdad" y la ficción comienzan a cruzarse hasta llegar a extremos francamente peligrosos.
La verdad, la duda, los cruces de miradas y los límites entre ficción y realidad son tematizados en esta obra, convirtiéndose en el corazón de la trama. Los efectos de los relatos de ambos protagonistas son tan fuertes para el destino de la historia que se cuenta, que el lector no sabe si desear, junto al protagonista, que todo sea sólo una novela. La "suspensión de la incredulidad" a la que aludía Coleridge explicando así el pacto que entabla un lector literario con la obra que lee, se vuelve torturante en este texto, ya que todo el tiempo se está invitando al lector a poner en duda la "veracidad" de las historias que se cuentan. Dice Umberto Eco en Seis paseos por los bosques narrativos (Madrid, Lumen): "El lector tiene que saber que lo que se le cuenta es una historia imaginaria, sin por ello pensar que el autor está diciendo una mentira. Sencillamente, como ha dicho Searle, el autor finge que hace una afirmación verdadera. Nosotros aceptamos el pacto ficcional y fingimos que lo que nos cuenta ha acaecido de verdad."
Estas cuestiones que parecen subyacer en el planteo de este libro, lejos de tranquilizar al lector (al fin de cuentas sólo se trata de una historia), hacen temblar gozosamente todas las seguridades. La duda surge victoriosa, como sucede con la literatura que abre caminos, que inaugura un territorio lleno de preguntas.

Breves historias de animales sabrosos, engreídos, enamorados, malditos… de Martín Sancia

Breves historias de animales sabrosos, engreídos, enamorados, malditos…


00-BrevesHistoriasDeAnimalesBreves historias de animales sabrosos, engreídos, enamorados, malditos, venenosos, enlatados, tristes, cobardes, crueles, espinosos… (y otras historias)
Martín Sancia
Ilustraciones de Daniel Roldán.
Buenos Aires, Editorial Sudamericana, 2009. Colección La pluma del gato.
El título de este libro es tan desmesurado que cuando hablemos de él, seguramente diremos “el libro de Sancia” o alguna cosa parecida. La elección, desde luego, es deliberada y tiene como propósito principal escurrirse, impedir ser atrapado por el lector, rasgo que habrá de repetirse en casi todos los relatos. La parodia, el absurdo y la reflexión sobre el lenguaje y la literatura son el centro de la propuesta del autor.
Las primeras nueve páginas están firmadas por “El Editor” (1) y contienen una advertencia en la que se aconseja no saltear la introducción, unas palabras sobre la“conflictiva relación con el Autor”, notas sobre el título del libro, sobre la extensión, el ordenamiento y el contenido de los cuentos y una nota sobre un cuento en particular, escrito por Bruselas, la ex novia del Autor y actual esposa del Editor. El desacuerdo entre el Editor y el Autor estará presente a lo largo del libro, con numerosas notas al pie y llegará a incluir dos índices: el primero (decisión del Autor) está organizado según el orden de aparición, y el segundo, según los temas que los relatos tratan, tal como le hubiera gustado al Editor que se ordenaran los textos.
Desde la lógica del absurdo, hay una única razón que justifica la publicación del libro y es el hecho de que contiene un cuento escrito por la mujer que el Editor ama, y al que considera, desde luego, el mejor.
Además de este falso paratexto, el libro contiene más de cincuenta relatos breves o brevísimos, microficciones, según una de las denominaciones actuales (algunos no superan las dos líneas).
01-Ratón
En todos los casos, los protagonistas son animales (2) y en todos los casos serán leídos, probablemente, con una mueca de sonrisa. La fauna es de lo más variada: microbios, piojos, pejerreyes, ratas, cóndores.
En cada caso, el campo de significación del relato tendrá que ver o bien con las características del animal elegido o bien con elementos que se le asocian: si hay osos habrá insomnio, si hay canarios habrá jaulas y la idea de libertad andará por ahí, si hay venados, habrá coyotes.
02-SardinaEnLataEn algunos casos, el juego será de doble vía (tal vez los lectores con poco entrenamiento se queden afuera) y los relatos serán también, un homenaje literario. Hay dos ejemplos que quisiera destacar:
Uno de ellos es el relato titulado “Casa tomada”, cuyo texto dice “En la oscuridad del interior del caparazón, la tortuga vio dos ojos que la observaban…”, pero al que se debe completar, sin duda, con una observación gráfica: la página es completamente negra, la tipografía blanca y dos pequeños ojos, también blancos, en el medio del papel.
03-CasaTomada
En el segundo caso, con el mismo recurso gráfico, la alusión al poema de Quasimodo es algo más velada que la del cuento de Cortázar. El relato se titula “Vida desperdiciada” y dice: “Y al despertar de la larga siesta, la mariposa comprobó, con horror, que empezaba a anochecer.”(3)
El autor manipula también la literatura de tradición. La famosa fábula de la rana y el escorpión es transformada en una pieza que obliga a reflexionar sobre el sadismo, en otra que nos interroga sobre la naturaleza del masoquismo.
04-MantisHojaSi el rasgo más saliente del libro de Sancia es el humor, tampoco está exento de ternura: una ostra que se da cuenta de que está enamorada cuando fabrica un anillo de casamiento en lugar de una perla, dos tortugas enamoradas que no pueden abandonar un único caparazón, un mantis que confunde a su amor con una hoja.
El índice temático mencionado más arriba es una verdadera guía de lectura. Allí se clasifican los relatos según sean chistosos, de amor, de humor oscuro, tristes, raros, crueles o disparatados.
Por último, me interesa destacar, un rasgo poco frecuente en los libros para chicos, y que tiene que ver con la idea de compartir con el lector ciertas inquietudes que plantea el lenguaje en general y la ficción en particular. El aforismo de Lichtenberg (4), “Un cuchillo sin hoja al que le falta el mango”, propone, entre otras cosas, la idea de que es posible enunciar algo que es imposible imaginar. En cierto sentido, toda literatura aspira a ese objetivo. La de Sancia, también. Valga como ejemplo el relato titulado “El miedo de la pequeña gacela” que dice: “Tan miedosa era la pequeña gacela, que salió corriendo antes de que su cuento empezara.”

Notas
(1) Desde luego, se trata de un personaje o de una voz ficcional.
(2) El único cuento cuyos protagonistas son seres humanos, “La cigarra, el grillo, el amor y el tarado”, se resuelve, sin embargo, a instancias de un diálogo entre una cigarra y un grillo.
(3) Las negritas son del original.
(4) Georg Christoph Lichtenberg, científico y escritor alemán (1742–1799)

El pasado quedó atrás de Anke de Vries

 RESEÑAS  
El pasado quedó atrás Anke de Vries
El pasado quedó atrás, Anke de Vries
SM
Libros olvidados Templo#37 (diciembre 2013)
A principios de julio, Mark deja su Holanda natal para poder olvidar todo aquello que le recuerda a su novia Liesje, la cual murió en un accidente apenas unos meses atrás. El joven decide trasladarse a Magan, un pueblecito de Francia, con una misión: reparar la casa de madame Stevenson.
Pero la presencia de madame Stevenson y su hijo William en aquel pequeño pueblo ha dejado una huella que Mark no tardará en descubrir, y lo que en un principio será una huída con el fin de encontrar la paz y tranquilidad que no fue capaz de hallar en su país, se convertirá en un encuentro consigo mismo. Una mañana, de manera un tanto peculiar, conocerá a Juliette, la chica que le ayudará en muchas de sus tareas, entre ellas la de superar la muerte de Liesje.
Anke de Vries, autora de origen holandés, crea unos personajes verosímiles, quizá cayendo un poco en los clichés de los habitantes de un pequeño pueblo: el barbero, el dueño del bar, el cura, etc., pero necesarios para que la historia adquiera la vida y la autenticidad que la hace tan particular. No hace especial hincapié en las características físicas de los personajes, pero eso no los hace menos reales, puesto que lo que prima en este relato es la personalidad y los sentimientos de los mismos.
Otra de las características que hace que este libro merezca nuestra atención es el ritmo de la historia: ligero, ameno y con una sucesión de eventos que te incita a seguir leyendo para averiguar qué pasó. Se trata de una novela corta, por lo que no tardarás mucho en descubrir el secreto que todos los habitantes del pueblo guardan con recelo.
El pasado quedó atrás es una de esas novelas que pasan desapercibidas en la estantería de la biblioteca, ya que no podrás encontrarlo en ninguna tienda a día de hoy. Sobre todo no dejes que su portada poco atractiva o su enigmática y poco explícita sinopsis te eche para atrás. Así que no lo dudes, haz la maleta y acompaña a Mark en su viaje.
Por Lorena Mozo
lorena.mozo(a)eltemplodelasmilpuertas(punto)com

La canción de los niños perdidos (Penelope Green I), Béatrice Bottet SM

 RESEÑAS Zona<20 img="" nbsp="" src="http://www.eltemplodelasmilpuertas.com/img/jerebeque-d.png">
La canción de los niños perdidos (Penelope Green I) Béatrice Bottet
La canción de los niños perdidos (Penelope Green I), Béatrice Bottet
SM
Zona <20 a="" href="http://www.eltemplodelasmilpuertas.com/templo37/" nbsp="" style="color: #519092;">Templo#37
 (diciembre 2013)
Londres, 1880. Una chica sin familia. Un joven marinero francés. Un extraño músico callejero. Aparentemente estas personas no tienen nada en común. ¿Pero qué pasaría si de repente todas se viesen involucradas en una investigación, un problema del pasado, una simple broma macabra?
Foxglove Court será la dirección a la que tendrá que dirigirse Penny para investigar el último caso que llevaba a cabo su padre antes de morir. Allí conocerá a Cox y Cyprien, que se verán envueltos en la investigación. Este suceso unirá a estos tres personajes a lo largo de una historia de suspense y misterio ambientada en el Londres victoriano.
Con esta increíble novela (que es la primera parte de la saga Penelope Green), Béatrice Bottet nos adentra en una sociedad cargada de prejuicios, poder, dinero, pobreza, música y sobre todo, crímenes.
El ritmo de la narración es rápido. La novela es bastante amena y además está muy bien estructurada. En cuanto a los personajes, están muy bien definidos, incluso los secundarios. Si hablamos de ambientación, solo puedo decir que es extraordinaria, ya que la autora nos describe con detalle todos los aspectos de la época victoriana: desde los corsés y los modales, hasta las costumbres o las diferentes clases sociales.
Con esta historia, la editorial SM se ha anotado un puntazo en el campo de la literatura juvenil, ya que la obra está marcada por la rebeldía de sus personajes y, aunque usa algunas expresiones propias de la época en la que se ambienta, el lenguaje resulta sencillo para el lector.
En mi opinión, La canción de los niños perdidos es un libro muy atractivo, no solo por la portada, que me encantó, sino por la cantidad de detalles que incluye sobre la época victoriana, y por supuesto, por la trama, que aboga por el cambio y que tiene como valores fundamentales dejar a un lado los prejuicios y fomentar el respeto.
Si te gustan las buenas historias de detectives, pero con un punto único, esta es tu novela. ¿A qué esperas para leerla?

Louise Brooks - Pandora's Box - Die Büchse der Pandora

El año pasado en Marienbad: el laberinto de la mente (Entrevista con Alain Robbe-Grillet).

El año pasado en Marienbad: el laberinto de la mente (Entrevista con Alain Robbe-Grillet).

En un barroco hotel, un extraño, X, intenta persuadir a una mujer casada, A, de que abandone a su marido -M- y se fuga con él. Se basa en una promesa que ella le hizo cuando se conocieron el año anterior, en Marienbad, pero la mujer parece no recordar aquel encuentro.




En los seis primeros minutos, la cámara se pasea por pasillos interminables que parecen desérticos, mostrando detalles de columnas y barrocos decorados mientras una voz en offacompañada de un sostenido musical nos dice “… avanzo una vez más a lo largo de estos pasillos, a través de estos salones, estas galerí­as, en este edificio de otro siglo, este hotel inmenso, lujoso, barroco, lúgubre, donde pasillos interminables suceden a otros pasillos silenciosos, desiertos, sobrecargados de un decorado sombrí­o y frí­o de muebles de maderas…”. El espacio pues, no sólo se presenta de forma visual sino también en el diálogo del filme. Durante estos primeros minutos del “Marienbad” sólo alcanzamos a ver, fugazmente, a un hombre avanzando por un pasillo (¿Giorgio Albertazzi?) y la primera vez que vemos a los personajes del filme, aparecen petrificados, como estatuas, formando parte del decorado, mientras asisten a una función teatral. El inicio del filme no está muy lejos de otros filmes de Resnais, como Hiroshima, mon amour o Providence y de la importancia del espacio en Nuit et brouillard y Toute la mémoire du monde, y por supuesto, bebe directamente del inicio de Rebeca de Alfred Hitchcock, uno de los directores preferidos por Resnais. Alain Resnais utiliza el espacio como metáfora del interior de Giorgio Albertazzi y su obsesión por alcanzar el recuerdo e intentar hacer recordar a Delphine Seyrig que quizás el año anterior tuvieron un encuentro sexual en Frederiksbad, Marienbad, Karlstadt o Baden-Salsa.


Una pelí­cula donde no hay certezas y nos adentramos en el laberinto de la mente humana (sólo hay que recordar la repetición del plano del cuadro del hotel que se asemeja a un laberinto), donde un hombre intenta arrancar a una mujer de ese lugar y cuanto más lo consigue más se aleja del balneario que domina la pelí­cula (y menor presencia tiene el espacio en los diálogos), de ahí­ la muy interesante relación entre los espacios interiores y los exteriores.




Una pelí­cula de repeticiones, fragmentaria, obsesiva y laberintica, como la mente del protagonista. Por supuesto, el lugar elegido debí­a expresarlo visualmente.























Entrevista con el guionista Alain Robbe-Grillet.


La historia de Marienbad es muy interesante. Por empezar, cuando la terminamos, el productor decidió que no iba a estrenarse nunca, que uno no debí­a burlarse de la gente hasta ese punto. Durante los seis meses que el filme permaneció inédito realmente pensamos que no se iba a estrenar jamás, así­ que comenzamos a hacer exhibiciones privadas: la primera para Antonioni, la segunda para Sartre (que prometió que nos iba a ayudar y no hizo nada) y la tercera para André Breton. Después se estrenó porque se dio con éxito en Venecia. Lo paradójico es que a Venecia no habí­a ido por razones artí­sticas sino porque los italianos querí­an hacer quedar mal a los franceses a causa de la guerra de Argelia.


Después de Venecia, el filme que se habí­a presentado como un filme maldito se transformó en un objeto de moda, que es exactamente lo contrario: como era moda, habí­a que verlo.


-¿La idea fue suya o de Resnais?

-De ninguno de los dos. El productor tení­a un contrato con Resnais, Hiroshima mon amour habí­a sido un gran éxito y él querí­a hacer ahora una pelí­cula sobre la guerra de Argelia. Pero dudaba entre dos guionistas: Simone de Beauvoir y Francoise Sagan; Resnais querí­a trabajar con una mujer. Entonces el productor me preguntó si yo no querí­a escribir una sinopsis para un filme de Resnais. Dije que sí­, escribí­ tres argumentos en una noche y se los llevé a Resnais, a quien no conocí­a. Leyó los tres y dijo: “Puedo filmarlos todos”, pero eligió el que mejor convení­a a Delphine Seyrig, que era la mujer de su vida en ese entonces. Y aceptó que yo escribiera directamente la pelí­cula. No sólo un argumento, sino directamente el guión técnico, plano por plano, con los movimientos de cámara y todo.


-Hay quienes han visto en el filme una influencia no declarada de La invención de Morel, de Bioy Casares.


Es curioso: esa opinión fue formulada por primera vez por Jacques Rivette, que después hizo Céline et Julie vont en bateau (1974), un filme fuertemente influenciado por La invención de Morel. Es cierto que yo la habí­a leí­do, y también que fui uno de los primeros que habló de ella en Francia, en un artí­culo para Critique, antes de Marienbad. La conocí­a, pero la releí­ después y no vi ninguna relación. Sigo sin verla. Lo que me gustó de la novela era un tipo de comportamiento de los personajes que ya estaba en obras anteriores, y sí­ es muy curioso que en el momento en que el personaje de la primera historia reaparece por primera vez, Bioy Casares hable de “gente que baila, que pasea y que se baña en la pileta, como veraneantes instalados de hace tiempo en Los Teques o en Marienbad”.




-El tono particular, monocorde, con que se dicen los textos, ¿cómo surgió?


-Antes del rodaje Resnais grabó todos los textos y los diálogos de todos los personajes con mi propia voz, como ya lo habí­a hecho en Hiroshima mon amour con la voz de Marguerite Duras. Es por eso que todos los amigos de Marguerite Duras que no conocían a la actriz Emmanuelle Riva decí­an que esa era la voz de Marguerite. Porque él dirigí­a haciendo escuchar la voz de Marguerite. Para Marienbad hizo lo mismo pero sólo con los hombres, es decir, Giorgio Albertazzi y Sacha Pitoeff. Ellos reproducen exactamente mi entonación. Seyrig no tuvo derecho a mi voz. Resnais se interesó por su personaje y en realidad fue en gran parte creado por él. En mi versión la mujer era una especie de estatua más carnal y más opaca. Resnais seguí­a pensando en un filme sobre la memoria, lo que es absurdo, porque el narrador jamás encuentra a la mujer. ¿Por qué se dice “Yo te encontré el año pasado en Marienbad”? No hubo año pasado, no hubo Marienbad. Ella dice que nunca estuvo en Marienbad y él replica que eso no es lo importante. El espectador deberí­a sentirlo, porque al comienzo una cámara, que es un poco una subjetiva de los ojos de alguien, vaga por el hotel y se detiene de repente en una joven. El hombre entonces inventa una historia completamente clásica: un hombre conoce a una mujer pero se desencuentran. Eso es todo.

Para el rodaje yo habí­a imaginado diferentes posibilidades, inclusive utilizar la verdadera Marienbad. Pero Resnais buscó y encontró ese hermosí­simo castillo del siglo dieciocho en Baviera. Es uno de cinco castillos que construyó un arquitecto francés. Los exteriores se hicieron en un castillo y los interiores se hicieron combinando otros. Una vez que el guión estuvo escrito, fue modificado en función de las locaciones. Resnais las verificó y me dijo que, por ejemplo, una de las frases iniciales era demasiado larga y uniforme para los pasillos que habí­a disponibles para hacer su travelling. “Eso no es problema, la cambio”, le dije. “Decime cómo es el travelling y yo te escribo una frase con curvas”. “No”, respondió. “Quiero que la frase quede como está”. Así­ que envió al director de arte al castillo e hizo reconstruir en estudios un pasillo similar que tuviera el largo de la frase. Luego vino el fotógrafo, Sacha Vierny, vio el decorado y dijo que faltaba el techo. “Si no tiene techo, no funcionará”. Así­ que hicieron un techo, pero cuando empezó a filmar resultó que el techo le molestaba así­ que lo hizo sacar.


-Su guión fue escrupulosamente respetado.


-Sí­, claro. Podrí­a decir que lo psicologizó un poco, pero en general respetó todo de un modo notable. Es un filme muy raro, porque verdaderamente tiene dos autores. Resnais querí­a hacer un filme sobre la memoria y yo querí­a hacer un filme sobre la persuasión. La idea de la memoria es una cuestión totalmente imaginaria: todo sucede en el presente, ahora, aquí­. Y en cuanto a la persuasión, a veces me preguntan si Marienbad es acerca de un hombre que quiere persuadir a una mujer para que lo siga. Yo respondo que no, que es acerca de un escritor que quiere persuadir a un director para hacer un filme de vanguardia.


Como nota final: “La invención de Morel” trata de un hombre que se enamora de una mujer en una isla llena de voces (recordar The Isle of Voices de Stevenson), “de gente que baila, que pasea y que se baña en la pileta, como veraneantes instalados desde hace tiempo en los Teques o en Marienbad”. La mujer resulta ser un holograma, y el hombre decide serlo también al final. El año pasado en Marienbad (o Hace un año en Marienbad, como quiere la traducción local) tiene una trama no tan sencilla de referir: un hombre vuelve a buscar a su amante con la que acordó una cita hace un año atrás, creo que eso es todo lo que se puede decir de la historia sin entrar en suposiciones. La evolución del filme está borroneada por la lógica de los sueños, y sigue caminos que no siempre llevan a alguna parte, como las escaleras de Escher. Hay una insistencia en la idea de los simulacros de la realidad, pero nunca está claro cuál es la copia y cuál el original (las estatuas y la pareja de amantes, la pareja y una pareja de actores de teatro, las reproducciones de un jardí­n palaciego y el propio jardí­n, los espejos, los juegos…); este piolí­n es el único del que se puede tirar para asociar Marienbad y Morel, fuera de la mención topográfica. Admitamos que es un piolí­n bastante í­nfimo.


El segundo tema es la relación de la pelí­cula con Peter Greenaway. Para Greenaway, El año pasado en Marienbad es la única pelí­cula que se puede llamar obra de arte cinematográfica: “Hay pocos, muy pocos filmes en los que puedo pensar como creadores de verdadero cine. El año pasado en Marienbad, tal vez, sea lo más cercano que puedo sentir. Se acerca a la noción de verdadera inteligencia cinemática. No está esclavizado al texto. No está esclavizado a la narrativa. Deconstruye todos estos fenómenos y crea un producto que es verdadera y absolutamente cinemático, porque no puede existir en ninguna otra forma”.


La influencia de este filme sobre Greenaway es visible y clara. El cineasta británico admite haber estado toda su carrera intentando rehacer Marienbad Creo que lo más cerca que estuvo fue en El niño de Macon (1993); pienso en la barroca ornamentación, en el teatro, los espectadores, el retroceder caracterí­stico de la cámara. También obviamente influenció su jardí­n de cuidadosos pinos en El contrato del dibujante (1982); la devoción a la pintura que recorre los filmes de Greenaway (ver a Giorgio de Chirico en Marienbad), el uso de la música (Greenaway dijo: “creo que el momento en que comienza la música de órgano, se presenta la pieza de filmación más inteligente de toda la historia”), ciertos travellings, los juegos de Conspiración de mujeres (1988), la simetrí­a de Zoo (1985), el estigma de “cartesiano”… Naturalmente, no es casual la senda presencia del recientemente muerto Sacha Vierny como director de fotografí­a tanto en Resnais como en Greenaway. Para mí­, ahora, el mundo de Greenaway es inimaginable sin este filme de Resnais; tal vez la producción fí­lmica de Greenaway es una exacerbación o una emanación de esta sola pelí­cula, levemente influenciada por la -indudable- vasta erudición del director británico.



La invención de Morel o El año pasado en Marienbad.

La invención de Morel o El año pasado en Marienbad.

“Creo que perdemos la inmortalidad
porque la resistencia a la muerte no ha evolucionado;
http://elcinesigno.wordpress.com/2011/07/19/la-invencion-de-morel-o-el-ano-pasado-en-marienbad/sus perfeccionamientos insisten en la primera idea, rudimentaria:
retener vivo todo el cuerpo.
Sólo habría que buscar la conservación de lo que interesa a la conciencia”
A. Bioy Casares, La invención de Morel
Platón reconocía un valor superior en la memoria que en la escritura y por lo tanto habría que practicarla más; sin embargo, desde el origen del hombre nos hemos valido de ciertos recursos para suplir a la memoria cuando ésta nos falla, la creemos prescindible o simplemente nos olvidamos de ella (quizás más bien se trate de una holgazanería mnemónica). Primero, la pintura (y de ésta, la fotografía), después la escritura (que, como ya dijimos Platón “repudiaba”), la grabación de sonidos y, finalmente, la conjunción de todos estos recursos: el cinematógrafo.
De esta manera, nos ha sido relativamente sencillo preservar todo lo imaginable e inimaginable: desde aquellos poemas épicos que en principio se iban cantando y debían su existencia solamente a la memoria de quienes los recitaban, hasta el producto de la imaginación de aquellos capaces de predecir el futuro desde una ficción que siempre se cumplirá en su realidad intrínseca (independientemente de la externa).
La invención de Morel (1940) o El año pasado en Marienbad (1960) son dos ejemplos del último caso: una ficción que no es ficción. Quizás una obra halla inspirado a la otra, o la otra inventó a la una – Bioy Casares, después de haber visto La caja de Pandora (Die Büchse der Pandora, 1930) quedó impresionado por la actriz Louise Brooks y escribió La invención de Morel.
.
Alain Resnais dirigió El año pasado en Marienbad (cuyo nombre ya nos remite a la misma obra literaria) y el hecho es que ambas buscan referirse al problema de la retención de la memoria a través de sus propios medios y, sin embargo, cada una es independiente de la otra, lo cual nos hace poder ver la película sin tener que caer en el vicio de criticarla a partir de lo que ya leímos antes.
Morel dirigió la parte de su labor hacia la retención de las imágenes que se forman en los espejos: el espejo frente a un espejo genera la repetición infinita-eterna- de la misma imagen; y así, su invención tiene la misma función que la de la fotografía, la de la grabación auditiva o cinematográfica: mantener eternamente vivos los recuerdos o las historias, en ello radica la inmortalidad. El hombre, en el recuerdo no sabe que es parte de él y que, por lo tanto, es infinito mientras dure; el problema surge cuando, dentro del recuerdo, se da cuenta de su realidad repetitiva en la memoria o de que, siendo todo lo demás una repetición es él el único que no lo es. Esta sensación debe ser muy semejante a la que se tiene cuando soñamos y en el sueño nos damos cuenta de que no estamos despiertos. En ambos casos, si en la memoria o en el sueño nos percatamos de nuestra inmortalidad y, al mismo tiempo, mortalidad, seremos entes extraños, como lo es el “loco” frente al “lúcido”, o el que padece de la pérdida de la memoria a corto plazo.
En la novela hay un momento en que el lector se pregunta: ¿Quién es el recuerdo verdaderamente: las apariciones que no lo ven a nuestro personaje, o más bien éste forma parte de algún recuerdo ya muerto, el espectro de la memoria?; y luego ¿quién es “nuestro personaje”?, ¿es que acaso tiene nombre como casi todos los demás en la misma novela?
El año pasado… tampoco nos hace énfasis en el nombre de los personajes; si acaso nombra incidentalmente el del hombre. La trama juega con la espaciotemporalidad saltando de un lugar y tiempo a otro mezclándolos unos con otros (de manera similar a como lo hace Bioy Casares pero esta vez llevado a la pantalla); este es el recurso del que Resnais se vale para hacernos entender que todas (o la mayoría) de las escenas son los recuerdos que el hombre va induciendo a la mujer y que, a su vez, ella en su mente los reproduce sin saber que sucedieron pues parece como si hubiera perdido la memoria viviendo en un eterno dejá vù desconocido. Los papeles se invierten: mientras él ha pedido a ella todo ese tiempo que recuerde que hace un año se encontraron en Marienbad y ella lo ha negado, sin embargo reproduciendo en su mente lo que él le dicta, hay un momento en que decide cambiar el recuerdo que le es inducido, y él se da cuenta de ello. En este momento se genera una ruptura en la coherencia del texto (caos que en su contexto es orden) que nos hace perder el control sobre la película: ya no sabemos qué se recuerda y qué se vive; al final parece que se cumplen lo que supuestamente se habían prometido hace un año y, sin embargo, como espectadores no podemos estar seguros de ello.
Una posible similitud entre el texto literario y el cinematográfico es que ambos personajes principales buscan convencer a una mujer de algo: en la primera, el náufrago busca convencerla de su propia existencia (en lo que falla pues no existen en la misma dimensión); mientras que en la película, el personaje busca convencer a la mujer de la existencia de un pasado y del recuerdo de él mismo (a través de la memoria). Sin embargo, ambas mujeres se resisten a ello: en el libro ella ignora completamente al náufrago, y en la película, niega haber vivido o prometido nada al hombre, aunque al final parece que termina yéndose con él. En ambos casos el hombre quiere raptar o huir con la mujer pero hay un obstáculo entre los dos, la falta o exceso de la memoria:
Recuerda…
los jardines de Frederiksbad.
Estabas sola, apartada…
inclinada sobre una balaustrada de piedra…
sobre la que posabas tus manos,
con los brazos un poco extendidos.
Estabas mirando hacia el paseo.
Yo me acerqué a ti.
Pero me detuve cerca y te miré.
Entonces te volviste hacia mí.
Aunque parecía como si no me vieras.
Yo te miré, y no hiciste nada.
“Pareces tan viva”, te dije.
Tú sonreíste.
Mientras en La invención de Morel, Faustine también parecía tan viva, que él la confundió con real esperando que ella reaccionase ante su presencia y sin embargo, “Nada anunció que [le] hubiera visto. Ni un parpadeo, ni un leve sobresalto […] la mirada prescindía de [él], como si[…] fuera invisible.”
Es este vaivén, la duda sobre lo real y lo ficticio, lo que nos hace partícipes en ambas obras no sólo en su observación o libre interpretación sino en la construcción de las mismas; entramos en ellas sin poder hacer nada por modificarlas y nos quedamos siempre pensando en qué pieza del rompecabezas no ha terminado de encajar bien. Este vaivén es el que también da cierto carácter barroco a la obra, en el caso de Resnais es incluso evidente en la escenografía que el mismo personaje califica como baroque.
En medio del vaivén, se busca inmortalizar a los hombres a través de sus recuerdos, que a su vez se resguardan en los filmes y eso es algo que tratan de afirmar ambas obras (en la película no se hace referencia a algún aparato en especial pero es evidente que la función de la obra es hablar sobre su propio código y contacto); pero uno de los personajes principales (el de La invención de Morel) es un ser solitario y por ello no puede fijar visiones como lo hace Morel (o Wilhelm Pabst o Alain Resnais) con el aparato que atrapa a sus amigos y compañeros en escenas cotidianas, este hombre (como el propio Bioy Casares) tiene otro medio, igualmente eficaz, para retener almas y hacerlas inmortales –como ha hecho hasta ahora con Morel y su gente, pues nosotros no tenemos ese aparato grabador y reproductor del que nos habla- y este medio es en el que realizó su diario: la escritura. Así, si la máquina de Morel se descompusiese, nuestro personaje las salvaría con el “informe”.
Yo, quizás admirada por ambas obras, me he quedado con la irremediable necesidad de darles otra preservación, esta vez, cibernética; aunque, como nos dice Bioy Casares, el inventor puede ser burlado por su invento, de manera que debemos ser cuidadosos con la fe que tenemos a nuestras máquinas: la de Morel (el filme) puede destruirse y así, las imágenes y sensaciones y, por lo tanto, el recuerdo mismo. El informe escrito, corre el mismo peligro: humedecerse o mojarse por completo y convertirse en una pulpa ilegible. Mi escrito cibernético puede hundirse en este mar cuyos dominios no son ya del todo humanos. Cabe entonces plantearnos la pregunta: ¿Debemos reconiderar a Platón y su afán por educar a la memoria?…
* Alain Resnais ya había hecho evidente su interés por la literatura y por la importancia en la conservación de la memoria a través de los libros y de los filmes, por ejemplo, en su cortometraje sobre la Biblioteca de París, y en Hiroshima, mon amour, escrita por Margueritte Duras y cuyo fin inicial era funcionar como obra literaria independiente de la cinematográfica y como una obra cinematográfica, dependiente en muchos sentidos de la literaria (los diálogos y el discurso son exactamente los mismos, en realidad no hay adaptación sino realización cinematográfica)
Texto Original:  Eu.nike